Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

La verdad me golpeó con suficiente fuerza para callarme.

Mi hermana tomó su abrigo.

—Voy a esperar junto a Alexander.

—Solo permiten una persona.

—Madre ya consiguió cambiarlo.

—Naturalmente.

Pasó junto a mí.

—No vuelvas a decir que la amas si solo puedes hacerlo cuando no tiene una vida fuera de ti.

Me quedé solo con Isabella.

No había notado que continuaba en la habitación.

Ella permanecía junto a la ventana.

—Puedes decirlo —murmuré.

—Beatrice ya lo hizo.

—No la rechacé para castigarla.

—Lo sé.

—No podía soportar que me tocara.

—También lo sé.

—Entonces ¿por qué todos actúan como si hubiera cometido otra atrocidad?

Isabella se acercó.

—Porque no era necesario que aceptaras su abrazo. Pero podías rechazarlo sin convertir su cuerpo en algo contaminado por otro hombre.

La palabra me produjo rechazo.

—No pienso eso.

—Le dijiste que no querías lo que quedaba de ella después de Noah.

Cerré los ojos.

Escuchada desde otra boca, la frase sonaba exactamente como lo que Evie había entendido.

—No quise decirlo así.

—Nunca lo haces.

Isabella tomó un paño húmedo de la mesa.

—¿Puedo?

Miré su mano.

Después asentí.

Ella limpió la sangre de mi mejilla.

No había deseo en el gesto.

Tampoco una promesa.

Solo cuidado.

—No utilizarás esto para besarme —advirtió.

—Tu concepto de mi seducción resulta preocupante.

—Te conozco.

—No pensaba hacerlo.

—Bien.

Terminó de limpiar mi rostro.

—Noah tenía razón —dije.

—¿Sobre qué?

—Evie vino preparada para quedarse si Alexander moría.

—Eso no significa que utilizara a Noah.

—Él cree que sí.

—Él tiene derecho a establecer sus límites.

—Todos parecen tenerlos salvo yo.

Isabella dejó el paño.

—Los tienes. Acabas de establecer uno al no aceptar que Evie te tocara.

—Entonces ¿por qué soy el villano?

—Por la forma en que decidiste expresarlo.

—Una diferencia agotadora.

—La civilización se construyó principalmente sobre ella.

Se sentó frente a mí.

—Tu padre necesita hablar contigo.

—No quiero hablar de sucesión.

—Precisamente por eso debes hacerlo.

* * *

La noticia se filtró a las cuatro de la tarde.

PRÍNCIPE ALEXANDER HERIDO DURANTE ENSAYO EN WESTMINSTER.

La versión inicial hablaba de un accidente.

Duró diecisiete minutos.

Después apareció una fotografía de la estructura sobre el suelo.

Otra mostraba la sangre.

Una cuenta anónima publicó la orden de mantenimiento emitida desde mi oficina.

Los titulares cambiaron.

SABOTAJE EN WESTMINSTER.

LA ORDEN VINCULADA CON EL PRÍNCIPE ADRIEN.

¿UNA GUERRA POR LA CORONA?

Mi padre apagó la pantalla.

Estábamos dentro de una sala de reuniones del hospital. Julian, Ginny, Bash y varios asesores ocupaban los demás asientos.

—Emitiremos un desmentido —dijo el rey.

—No es suficiente —respondió Ginny—. El archivo tiene firmas digitales válidas.

—Fueron falsificadas.

—Necesitaremos demostrarlo.

—¿Cuánto tardará? —pregunté.

—Días, quizá semanas.

Bash colocó otro documento sobre la mesa.

—También filtraron el informe sucesorio encontrado en el ordenador de Adrien.

Mi padre lo leyó.

—Esto analiza los efectos de la muerte de Alexander.

—Gracias por la interpretación —dije.

—El lenguaje parece oficial.

—Eso suele ocurrir cuando alguien roba nuestros formatos.

—La prensa preguntará por qué se encontraba en tu equipo.

—Porque Orfeo lo colocó.

—No puedes mencionar ese nombre sin explicar toda la investigación.

—Entonces explíquenla.

Mi padre dejó el documento.

—Revelaríamos la enfermedad de Alexander mientras no puede decidir.

—No lo haremos.

—Entonces debemos limitar el comunicado.

—Diremos que la estructura fue manipulada y que mi oficina fue comprometida.

—Eso confirmará la existencia de una brecha de seguridad.

—Existe una.

—Adrien…

—La mentira ya no nos protege.

Mi padre me observó.

Por primera vez, no aparté la mirada ni utilicé el sarcasmo.

—La investigación será independiente —continué—. Entregaremos mis dispositivos, registros financieros y comunicaciones. Todos.

Julian se tensó.

Existían mensajes con Evie.

Detalles de Belgravia.

Conversaciones que podían destruir cualquier resto de privacidad.

—Su información personal podría filtrarse —advirtió Ginny.

—Ya lo hicieron con ella.

—No necesitas sacrificarla otra vez para defenderte.

—Obtén una orden que limite el material ajeno a la investigación.

—No será perfecta.

—Nada lo es.

Mi padre unió las manos.

—Hay otro asunto.

—No.

—Alexander no podrá ejercer sus funciones durante un tiempo.

—Continúa vivo.

—Eso no modifica la necesidad institucional.

—No ocuparé su lugar.

—Ya lo hiciste durante años.

—Cuando él me lo pidió.

—La ley permite nombrarte consejero de Estado para cubrir sus obligaciones.

Me levanté.

—¿Quieres colocarme delante de las cámaras mientras la prensa afirma que intenté matarlo?

—Precisamente. Rechazarlo parecerá una admisión de inestabilidad.

—Aceptar parecerá que me beneficio.

—Cualquier decisión será interpretada.

—Entonces no tomaré ninguna.

Isabella habló desde el otro extremo de la mesa.

—Eso también es una decisión.

La miré.

—No te involucres.

—El vacío de poder es exactamente lo que busca Orfeo.

—No existe un vacío. Mi padre es el rey.

—Y la agenda de Alexander incluye compromisos internacionales, reuniones con el Gobierno y la preparación del aniversario. Si todos se cancelan, la amenaza habrá paralizado a la Corona.

—No me importa la ceremonia.

—A Orfeo sí.

—Mi hermano está conectado a un respirador.

—Y cuando despierte verá que abandonaste todo porque te sentías culpable de estar vivo.

Me acerqué a ella.

—No sabes lo que verá.

Isabella no retrocedió.

—Conozco a Alexander suficiente para saber que no quiere que su sacrificio se utilice para destruirte.

—No fue un sacrificio.

—Te empujó.

—Y sobrevivirá.

—Eso esperamos.

La palabra me enfureció.

—No aceptaré su puesto.

—Entonces acepta el deber, no el puesto.

—Es lo mismo.

—Solo para alguien que continúa confundiendo función con identidad.

El silencio cayó.

Había utilizado mi propio lenguaje.

Negocios.

Estructuras.

La diferencia entre asumir una responsabilidad y apropiarse de aquello que pertenecía a otro.

Me volví hacia mi padre.

—Consejero de Estado. Temporal.

—Sí.

—No habrá declaraciones sobre cambios en la sucesión.

—Eso no depende únicamente…

—Es una condición.

—No estás negociando.

—Siempre estamos negociando.

Mi padre apretó la boca.

—Continúa.

—Se reconocerá públicamente que la estructura fue saboteada y que mis sistemas fueron comprometidos. Beatrice recibirá los informes de seguridad. Alexander decidirá qué información médica revelar cuando despierte.

—La presión pública…

—Esas son mis condiciones.

El rey miró a mi madre.

Ella había permanecido en silencio durante toda la reunión.

—Acepta —dijo.

Mi padre asintió.

—De acuerdo.

Me senté.

No sentí que hubiera ganado.

Solo que acababa de ocupar temporalmente la silla que mi hermano había cubierto con su cuerpo para mantenerme vivo.

* * *

Alexander despertó a las siete y treinta y dos de la noche.

Beatrice estaba con él.

La escuchamos gritar desde el corredor.

No de miedo.

—¡Está despierto!