Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

—Alexander permanecerá en Kensington con un equipo elegido por él y Bash. Beatrice también, pero no saldrá sin escolta. Las medidas serán discretas y ninguno participará en actos públicos hasta que identifiquemos la ceremonia mencionada por Marcus.

Beatrice cruzó los brazos.

—No acepté dejar mis actividades.

—Puedes estudiar aquí.

—Tengo clases.

—En línea.

—Adrien.

—Estoy cediendo. No abuses del momento.

—No es ceder si continúas redactando todas las condiciones.

—Entonces propón otra.

Mi hermana abrió la boca.

Se detuvo.

Alexander me observó con cautela.

—Elegiré personalmente a los agentes —dijo.

—Con Bash.

—Y conoceré todos sus antecedentes.

—Sí.

—Nadie entrará en mi habitación sin permiso.

La imagen de un episodio nocturno me tensó.

—A menos que exista una emergencia médica confirmada.

—Acepto.

—Los medicamentos permanecerán sellados y serán revisados por dos profesionales diferentes.

Alexander asintió.

Beatrice levantó una mano.

—Quiero participar en las reuniones.

—No.

—Dijiste que propusiera otra condición.

—Y ya la rechacé.

—Adrien.

—Recibirás los informes que no comprometan la investigación.

—¿Quién decide cuáles?

Miré a Ginny, que acababa de entrar.

Ella se detuvo junto a la puerta.

—No me involucres.

—Una abogada independiente —dije.

Beatrice lo consideró.

—Acepto.

Mi padre nos observaba como si hubiese presenciado una rebelión organizada durante su propia reunión.

—Esto no es una democracia —declaró.

—Nadie lo confundiría con una —respondí.

* * *

Marcus fue encontrado a las cuatro y cuarenta y seis de la mañana.

El código de su agenda no conducía únicamente hasta la caja custodiada por Eleanor Carver. Una segunda combinación estaba escondida dentro de los archivos de la memoria.

Coordenadas.

Una clínica abandonada a treinta kilómetros de Londres.

Bash recibió el aviso mientras revisábamos el nuevo equipo de Alexander.

—La policía rodea el edificio —informó—. Detectaron movimiento en el piso inferior.

—Voy contigo.

—No.

—Bash.

—Acabas de recibir una amenaza directa.

—Por eso no permaneceré dentro de una residencia conocida.

—Tu lógica comienza a parecerse a una enfermedad degenerativa.

Tomé mi abrigo.

—¿Tienen imágenes térmicas?

—Dos personas. Una está acostada. La otra se mueve cerca de la salida posterior.

—Entonces aún están allí.

—La unidad táctica entrará en cuatro minutos.

—Llegaremos en veinte.

—Exactamente. No necesitan tu ayuda.

—Marcus puede hablar conmigo.

—También con un inspector.

—Puede confiar en mí.

—¿Por qué?

La pregunta me detuvo.

—Porque soy el hermano de Alexander.

—Eso te vuelve emocionalmente involucrado, no confiable.

Me acerqué.

—Si Marcus despertó en una clínica después de ser secuestrado, no hablará con un desconocido. Necesitará ver a una persona asociada con aquello que intentaba proteger.

Bash apretó la mandíbula.

—Te quedarás dentro del vehículo hasta que aseguren la zona.

—Naturalmente.

—Eso significa dentro.

—Comprendo conceptos espaciales básicos.

Veinticinco minutos después corría detrás de Bash hacia la entrada de la clínica.

—Dijiste dentro del vehículo —gruñó.

—La zona está asegurada.

—No terminaron el segundo piso.

—Marcus está en el sótano.

—Un día dejaré que te disparen.

—No lo harás.

—Ese es el problema.

El edificio olía a humedad, químicos y yeso viejo. Las paredes estaban cubiertas con manchas y el suelo crujía bajo nuestras botas.

Encontraron a un hombre inconsciente junto a la salida posterior. No llevaba documentos y tenía una herida de bala en una pierna. Los agentes buscaban a posibles cómplices.

Bajamos hacia el sótano.

Marcus estaba sujeto a una camilla.

Llevaba una bata hospitalaria y tenía electrodos pegados al pecho. Un tubo intravenoso descendía desde una bolsa transparente. Había sangre seca junto a su oreja y un hematoma oscuro cubría parte de su rostro.

Dos paramédicos trabajaban alrededor de él.

—¿Está consciente? —pregunté.

—Intermitentemente.

Me acerqué.

Los ojos de Marcus se movían detrás de los párpados.

—Marcus.

No reaccionó.

—Soy Adrien.

Sus labios se separaron.

No escuché las palabras.

Me incliné.

—¿Qué dijiste?

—Alexander.

—Está a salvo.

Los ojos se abrieron.

Desenfocados.

—No… no está…

—Está en Kensington.

Marcus intentó levantar una mano. Las correas se lo impidieron.

—Suelten eso —ordené.

El paramédico cortó la cinta.

Marcus sujetó mi muñeca.

Su fuerza era sorprendente para un hombre que apenas parecía consciente.

—Dentro —murmuró.

—¿Qué está dentro?

—Orfeo.

—¿Dentro de Kensington?

Negó débilmente.

—Bajo… el mismo techo.

—¿Qué techo?

—El heredero.

Su respiración se volvió irregular.

—Orfeo duerme… bajo el mismo techo que el heredero.

Bash se inclinó desde el otro lado.

—¿Es parte del personal?

Marcus miró hacia él, pero no pareció reconocerlo.

—Siempre escucha.

—¿Quién?

—La ceremonia.

Su mano apretó mi muñeca.

—¿Qué ceremonia? —pregunté.

—Los dos juntos.

—¿Alexander y yo?

Marcus asintió.

—Uno cae… el otro…

Un monitor emitió una alarma.

El paramédico nos apartó.

—Necesitamos espacio.

—¿El otro qué? —insistí—. Marcus, mírame.

Sus ojos se cerraron.

El equipo comenzó a trabajar.

Bash me sujetó por los hombros y me obligó a retroceder.

—Déjalos.

—Estaba hablando.

—Y dejará de hacerlo para siempre si no lo estabilizan.

Salimos al corredor.

Tenía la marca de los dedos de Marcus alrededor de la muñeca.

—“Duerme bajo el mismo techo que el heredero” —repetí.

—Puede referirse a Kensington, Clarence House o cualquier residencia utilizada por Alexander.

—Alguien permanente.

—Personal, familia o seguridad.

—Lorraine Shaw no vive con él.

—Pero pudo colocar un dispositivo.

—Marcus dijo duerme. No escucha.

Bash se apoyó contra la pared.

—Estaba sedado. No podemos analizar cada palabra como si hubiera redactado un informe.

—También mencionó una ceremonia con los dos.

—Revisaremos el calendario.

—No aparecerá con el nombre “intento de asesinato”.

—Gracias por la contribución.

Dos agentes sacaron al hombre capturado.

Era joven, de cabello oscuro y complexión delgada. Llevaba un uniforme médico debajo de la chaqueta.

Al pasar junto a nosotros, volvió la cabeza.

—Llegaron tarde —dijo.

Avancé.

Bash me bloqueó.

—¿Para qué? —pregunté.

El hombre sonrió.

—Para elegir.

Los agentes se lo llevaron.

—Quiero su nombre —dije.

—Lo averiguarán.

—Ahora.

Bash me sujetó del brazo.

—Vuelve con Marcus.

—No puedo hacer nada por él.

—Exactamente. Empieza a practicar.

Lo odié durante varios segundos.

Después regresé al sótano.

* * *

Marcus sobrevivió.

Los médicos encontraron un sedante, un agente capaz de provocar desorientación y restos de un fármaco utilizado para inducir convulsiones.

La misma combinación pudo administrarse a Alexander durante meses.

Mi hermano recibió la noticia sentado en su dormitorio.

No había permitido que mi madre estuviera presente. Solo Beatrice y yo.

—Entonces quizá no estoy enfermo —dijo.

Su voz no contenía alivio.

—Los síntomas comenzaron antes de que Shaw te atendiera —respondí—. Los médicos creen que existe una condición real, pero pudieron intensificarla.

—¿Cuántos episodios eran míos?

Ninguno respondió.

Alexander miró sus manos.

—¿Cuántos me provocaron?

Beatrice se arrodilló frente a él.

—Lo averiguaremos.

—Durante un año desperté sin recordar dónde estaba. Pensé que mi cerebro estaba destruyéndose.

—No estabas equivocado con lo que sabías —dije.

—Me preparé para morir.

La frase salió sin emoción.

Eso la volvió más terrible.

Beatrice tomó sus dedos.

—No vas a morir.

Alexander observó a nuestra hermana.

Sonrió.

Una sonrisa pequeña, construida para tranquilizarla.

—Naturalmente.

Algo en su manera de pronunciarlo me incomodó.

No sospecha.

Miedo.

La amenaza continuaba existiendo.

Uno de los dos hermanos debía morir.

Yo ya sabía cuál de nosotros podía aceptar más fácilmente esa posibilidad.

—Marcus dijo que Orfeo duerme bajo tu mismo techo —expliqué.

Alexander retiró las manos de Beatrice.

—¿Marcus está consciente?

—Solo durante algunos minutos.

—Quiero verlo.

—Cuando los médicos lo autoricen.

—¿Quién estaba conmigo durante los episodios?

—Estamos preparando una lista.

—No. Quiero saber quién dormía bajo el mismo techo.

—Personal, seguridad, familia…

Alexander levantó la mirada.

—Tú.

La palabra quedó entre nosotros.

Beatrice se volvió hacia mí.

—También yo —añadió—. Madre. Padre. Marcus. Todos hemos pasado noches en Clarence House.

—No te está acusando —dijo Beatrice.

—No —respondió Alexander—. Estoy intentando demostrar que la frase no reduce nada.

Tenía razón.

—Lorraine Shaw trabajó en turnos nocturnos —continuó—. A veces dormía en la residencia clínica.

—Entonces puede referirse a ella.

—O quiere que la persigamos mientras la persona real permanece cerca.

Mi hermano caminó hacia la ventana.

—Orfeo conoce lo que digo cuando estoy desorientado.

—Sí.

—Entonces también sabe que a veces menciono cosas que no existen.

—Marcus aseguró que las grabaciones eran precisas.

—No me refiero a eso.

Alexander apoyó una mano sobre el cristal.

—Durante uno de los episodios repetí durante horas que alguien debía quemar la Corona.

Un escalofrío recorrió mi espalda.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Quién estaba contigo?

Mi hermano tardó en responder.

—Marcus.

—¿Alguien más?

—Padre entró durante algunos minutos.

Beatrice se levantó.

—¿Crees que padre…?

—No —dijimos Alexander y yo al mismo tiempo.

Podía acusar a mi padre de manipulación, crueldad y una relación patológica con el deber.

No de intentar asesinar a sus hijos.

Alexander se volvió.

—La ceremonia —dijo—. Marcus habló de nosotros juntos.

—Bash revisa el calendario.

—El aniversario de la coronación.

Lo miré.

—Faltan tres semanas.

—Los dos debemos estar junto al rey durante la ceremonia en Westminster.

—Puede cancelarse.

—No sin explicar la amenaza.

—Entonces la explicaremos.

Alexander negó.

—Eso demostraría que Orfeo puede paralizar a la Corona con una frase.

—Prefiero una Corona humillada que un hermano muerto.

—Y yo prefiero no permitir que nuestras vidas se reduzcan otra vez a tu miedo.

—No estamos hablando de una gala.