Donde arden las coronas (Una corona de mentiras 2) Capítulo 5 #4
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Capítulo 5 #4

Llevaba pantalones oscuros y un suéter color crema. El cabello negro caía suelto sobre sus hombros y parecía más delgada que en Boston. Las sombras debajo de sus ojos no habían desaparecido.

Ya no llevaba la chaqueta.

Aquello no debería haber importado.

Importó.

Sus ojos encontraron los míos.

Ninguno se movió.

El resto de la habitación dejó de existir durante un instante.

Había imaginado nuestro reencuentro tantas veces que la realidad parecía demasiado pequeña.

No corrió hacia mí.

No me insultó.

Solo me observó como si intentara decidir qué partes del hombre frente a ella todavía reconocía.

Di un paso.

Evie enderezó los hombros.

Me detuve.

—Hola —dije.

—Hola.

Una palabra.

El océano completo dentro de ella.

Naomi permanecía junto a la ventana. Llevaba un traje negro y el cabello corto apartado detrás de las orejas. Me saludó con un movimiento mínimo.

Noah estaba cerca de la mesa.

En persona era más alto de lo que parecía en fotografías.

Llevaba una camisa negra con las mangas dobladas, pantalones oscuros y el cabello castaño desordenado sobre la frente.

Tenía la piel bronceada, una barba corta y la tranquilidad irritante de quien no necesitaba demostrar que pertenecía a la habitación.

Su mirada recorrió mi rostro.

No hostil.

Cauta.

Le ofrecí la mano.

—Señor Reyes.

—Su Alteza.

Su apretón fue firme.

No intentó competir.

Aquello también me irritó.

Evie lo observó.

Cuando solté su mano, ella buscó brevemente los ojos de Noah.

Él inclinó la cabeza.

Un gesto pequeño.

Privado.

Suficiente para preguntarle si estaba bien.

Evie respondió con una exhalación.

Yo conocía esa respiración.

La había sentido contra mi cuello.

Ahora otro hombre sabía reconocerla desde el otro extremo de una mesa.

Isabella ocupaba una silla junto a Ginny. Había presenciado el intercambio completo.

—¿Podemos comenzar antes de que la testosterona dañe el sistema eléctrico? —preguntó.

Evie ocultó una sonrisa.

Noah se sentó.

Yo también.

Los contratos mostraban que Aristeo había financiado tres etapas de expansión de Asteria. No había seleccionado directamente a VANTA, pero varias transferencias coincidían con decisiones específicas.

La incorporación de Evie como compositora principal.

El cambio de posiciones dentro del grupo.

La invitación a programas europeos.

Su participación en la gala de Kensington.

—Esta cláusula —dijo Ginny— permitió que un consultor externo recomendara artistas para eventos institucionales.

Evie leyó la página.

—¿Mercer?

—Aparece mediante una empresa asociada —respondió Isabella.

Naomi se inclinó sobre el documento.

—Entonces podía modificar nuestros programas sin pertenecer oficialmente a Asteria.

—Sí —dijo Bash—. También revisaba rutas y ubicaciones técnicas.

Evie cerró los dedos alrededor del bolígrafo.

Noah apoyó una mano sobre el respaldo de su silla.

No la tocó.

Pero ella volvió a mirarlo.

—¿Desde cuándo me observaban? —preguntó.

—No lo sabemos —respondí.

Sus ojos regresaron a mí.

—¿Meses?

—Al menos.

—¿Años?

—Es posible.

Evie se puso de pie.

La silla rozó el suelo.

—Necesito aire.

—Te acompaño —dijo Noah.

—No.

La respuesta fue inmediata.

Evie respiró.

—Solo necesito un minuto.

Se dirigió hacia una puerta lateral.

Mi cuerpo intentó seguirla.

Permanecí sentado.

Noah también.

Nuestros ojos se encontraron.

Ambos habíamos querido ir detrás de ella.

La diferencia era que él no parecía considerar su deseo más importante que la petición de Evie.

Odié que incluso su quietud me enseñara algo.

Ella regresó varios minutos después.

Tenía las manos húmedas. Se las secó discretamente contra el pantalón antes de sentarse.

Noah acercó un vaso de agua.

Evie lo aceptó.

—Gracias.

No bebió inmediatamente. Primero miró el líquido.

El recuerdo del avión continuaba presente.

Noah lo notó.

Abrió una botella nueva frente a ella y llenó otro vaso.

No hizo comentarios.

Evie bebió.

La intimidad del gesto me dolió más que su beso.

La reunión continuó.

Encontramos referencias al Proyecto Orfeo dentro de un anexo de producción. No explicaban el objetivo. Solo hablaban de variables culturales, alcance emocional y respuesta institucional.

Evie era una variable.

Isabella otra.

Yo aparecía identificado como AH-2.

Alexander, AH-1.

Noah cerró la carpeta.

—Esto parece un experimento.

—Lo era —dijo Evie.

Me miró.

—Y nosotros hicimos exactamente lo que esperaban.

No había acusación.

La ausencia de ella resultó peor.

—No planearon lo que sentimos —respondí.

—No necesitaban hacerlo. Solo debían asegurarse de que nos destruyéramos con ello.

Isabella apoyó ambas manos sobre la mesa.

—Eso no elimina nuestras decisiones.

Evie la miró.

Durante un instante recordé que habían hablado sin mí.

Algo pasaba entre ambas.

Una comprensión a la que no tenía acceso.

—No —dijo Evie—. No las elimina.

El video de Marcus se reprodujo al final.

La habitación quedó en silencio mientras su voz explicaba que Orfeo conocía detalles íntimos de los episodios de Alexander.

Mi hermano no había asistido.

Yo me había negado a exponerlo frente a personas ajenas a la familia.

Por primera vez dudé de si aquello era protección o la misma costumbre de decidir qué podía soportar.

Cuando terminó el audio, Evie se frotó los brazos.

—¿Cómo está Alexander?

—Asustado.

—¿Sabe que estamos revisando esto?

—Sí.

—¿Y está de acuerdo?

La pregunta me incomodó.

—Autorizó compartir la grabación.

—Eso no fue lo que pregunté.

—No quiso venir.

Era una mentira pequeña.

Alexander había pedido hacerlo.

El médico se negó.

Yo respaldé al médico.

Evie lo supo.

—Todavía lo proteges con mentiras.

—Su salud no es parte de nuestra discusión.

—Su salud aparece en cada documento.

—No permitiré que se convierta en material para otra persona.

—No soy otra persona.

Noah volvió la cabeza hacia ella.

Evie advirtió lo que había dicho.

Yo también.

Durante un segundo volvió a existir el nosotros que ninguno quería nombrar.

—No quise decirlo así —murmuró.

—Lo sé.

Isabella apartó los ojos.

Ginny cerró la carpeta.

—Hemos terminado por hoy.

Los abogados comenzaron a recoger los documentos.

Noah se acercó a Evie y le entregó su chaqueta.

Ella la tomó sin ponérsela.

Pequeña misericordia.

Me acerqué cuando los demás se dirigieron hacia la salida.

—¿Podemos hablar?

Evie miró a Noah.

Él no respondió por ella.

—Estaré en el salón contiguo —dijo.

Pasó junto a mí.

Su hombro rozó el mío.

No fue un desafío.

No necesitaba serlo.

Cuando la puerta se cerró, Evie y yo quedamos solos.

No completamente.

Había agentes en el corredor, cámaras de seguridad y un hombre esperando en la habitación siguiente.

Pero era lo más cerca que habíamos estado de la privacidad desde Belgravia.

—Te ves cansada —dije.

—Tú también.

—No he dormido bien.

—Vi la fotografía que rompiste.

La miré.

—¿Qué fotografía?

—Beatrice me contó que rompiste un vaso después de nuestra llamada.

—Eso no era una fotografía.

—Sabes a qué me refiero.

—Beatrice comparte demasiada información.

—Solo dijo que Alexander te encontró.

—Entonces ¿por qué mencionaste una fotografía?

Evie se quedó inmóvil.

Había confundido cosas.

—No importa.

—¿Noah te mostró una imagen?

—Adrien.

—¿Cuál?

—Una de nosotros saliendo del estudio.

—Hay demasiadas.

—No conviertas esto en otro interrogatorio.

Me obligué a detenerme.

—Tienes razón.

Evie cruzó los brazos.

—Noah y yo nos besamos otra vez.

La confesión llegó sin advertencia.

El dolor fue inmediato.

—¿Cuándo?

—Anoche.

—Después de hablar con Isabella.

—Sí.

—¿Por qué me lo dices?

—Porque me preguntaste qué quiero.

—Y quieres estar con él.

Evie apretó los labios.

—Quiero descubrir qué puedo sentir sin que todo esté mezclado con miedo, secretos y una Corona.

—Con él.

—Sí.

Asentí.

Mi cuerpo quería destruir algo.

No lo hice.

—¿Y yo?

Su expresión se quebró.

Solo un poco.

—También te amo.

—No puedes decir ambas cosas como si no fueran a matarme.

—Tú me enseñaste que se puede desear a dos personas.

—No me acosté con Isabella.

—Pero la deseaste.

—No como a ti.

—Eso no impidió que la besaras.

Di un paso hacia ella.

Evie no retrocedió.

—Si me pidieras que esperara —dije—, lo haría.

—No quiero pedirlo.

—¿Por qué?

—Porque una parte de mí quiere comprobar si ser querida puede sentirse diferente.

La frase me detuvo.

—Te amé.

—Sí.

Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—Me amaste tanto que convertiste mi vida en una habitación sin ventanas.

No podía defenderme.

Evie levantó una mano y rozó la cicatriz de mi ceja.

El contacto duró apenas un segundo.

Mi cuerpo respondió como si hubiese esperado semanas para recordar su temperatura.

Sujetó mi rostro.

No para besarme.

Para mirarme.

—Noah no me pide que lo elija —susurró—. Solo permanece.

—Yo también puedo permanecer.

—Tú siempre estás esperando una recompensa.

—No esta vez.

—Todavía no sé si creerte.

Dejó caer la mano.

Quise atraparla.

No lo hice.

—No quiero perderte —admití.

—Ya me perdiste.

—Puedo recuperarte.

—No soy un territorio.

—No quise decirlo así.

—Pero sigues pensando de esa forma.

La puerta del salón contiguo se abrió.

Noah no entró.

Solo apareció su silueta al otro lado del cristal.

Evie volvió la cabeza.

La calma regresó a su expresión.

Aquello fue suficiente para destrozarme.

—Debo irme —dijo.

—¿Con él?

—Sí.

—Evie.

Me miró por última vez.

—No utilices que sigo enamorada de ti para impedirme descubrir si puedo querer a alguien sin hacerme daño.

Pasó junto a mí.

Su brazo rozó el mío.

No la detuve.

Noah abrió la puerta para ella. Evie salió primero.

Él la siguió sin mirarme.

Aquello era lo que otro hombre podía darle.

Una puerta abierta.

* * *

La energía se cortó cuando todos llegamos al vestíbulo.

Las luces desaparecieron.

Los sistemas de emergencia tardaron tres segundos en activarse.

Fueron los tres segundos más largos de mi vida.

—¡Evie!

Escuché un golpe.

Alguien gritó.

Corrí hacia el lugar donde la había visto por última vez.

Choqué contra una mesa.

—¡Nadie se mueva! —ordenó Bash.

Una luz roja se encendió al fondo.

Después otra.

Las lámparas de emergencia tiñeron el vestíbulo de un color oscuro.

Encontré a Evie junto a la pared.

Noah ya estaba con ella.