Donde acaba La Sombra CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

—Mientras tanto, cena algo si tienes hambre. Ponte una película, lee, haz lo que quieras. Volveré antes de que te des cuenta —añadió, intentando recuperar un poco de normalidad.

Le dio un beso suave en los labios y después otro en la frente antes de apartarse.

Gabriela intentó sonreír, pero apenas consiguió esbozar una expresión que no terminaba de ocultar su preocupación.

Quería pedirle que se quedara una última vez, decirle que podían marcharse juntas y buscar otra vida en algún lugar donde nadie supiera quiénes eran.

Sin embargo, sabía que Chloé no estaba preparada para escuchar aquello.

Así que terminó soltándola.

La observó enfundarse en un elegante vestido blanco, recoger sus cosas, comprobar que llevaba todo lo necesario y dirigirse hacia la puerta. Antes de salir, Chloé se volvió una última vez para mirarla.

—No me eches mucho de menos —trató de bromear.

Gabriela asintió, sin mucho ánimo.

—Ten cuidado.

El sonido de la cerradura al cerrarse pareció resonar durante demasiado tiempo en el silencio del apartamento.

Gabriela permaneció inmóvil en mitad del salón, con los brazos todavía cruzados sobre el pecho y la sensación de que acababa de dejar escapar algo que no sabía cómo recuperar. No era la primera vez que Chloé mataba a alguien desde que se conocían.

Pero aquella vez se sentía completamente diferente.

Ahora sabía que la quería. No era una posibilidad, ni una duda que pudiera apartar cada vez que la realidad se volvía demasiado complicada.

La quería, conocía sus heridas y había visto las partes de su historia que Chloé apenas se atrevía a mostrar.

Y, precisamente por eso, ya no podía fingir que le resultaba indiferente verla marcharse para acabar con otra vida.

No quería soltarle la mano.

Sin embargo, Chloé había vuelto a elegir su misión.

Gabriela intentó cumplir su promesa. Se sentó en el sofá, encendió la televisión y trató de prestar atención a una película cuyo argumento no consiguió seguir. Miró el reloj varias veces, se levantó para beber agua y volvió a sentarse, convencida de que debía confiar en Chloé.

Aguantó así apenas unos minutos.

Finalmente, apagó la televisión y se quedó mirando la mesa donde Chloé había dejado los documentos. La carpeta seguía allí, cerrada, con una esquina ligeramente doblada. Gabriela sabía que no debía tocarla. Se lo había prometido, y Chloé había sido muy clara al pedirle que se quedara en casa.

Pero la idea de permanecer allí mientras ella se enfrentaba sola a una situación que podía volverse peligrosa le resultaba insoportable.

Se levantó y abrió la carpeta.

Sobre la mesa encontró el plan que Chloé había preparado para aquella noche.

Había anotaciones sobre el evento, fotografías del hotel y un plano en el que aparecían marcadas varias zonas del edificio.

También había información sobre los horarios previstos y los movimientos del hombre al que Chloé pretendía acercarse.

Todo estaba organizado con la precisión de alguien que llevaba años haciendo aquello y que había aprendido a no dejar demasiadas cosas al azar.

Gabriela recorrió los documentos con la mirada, consciente de que cada página la acercaba un poco más a una decisión que quizá lamentaría. Podía cerrar la carpeta, volver al sofá e intentar confiar en la promesa que Chloé acababa de hacerle. Podía quedarse allí y esperar a que regresara.

Pero no podía.

No quería volver a ser la mujer que esperaba noticias de Chloé sin saber dónde estaba ni qué le había ocurrido. Tampoco quería que, si algo salía mal aquella noche, lo último que hubiera hecho fuera dejarla marchar sin intentar ayudarla.

Se dirigió al dormitorio y abrió el armario.

Eligió ropa cómoda, se recogió el pelo y se puso una chaqueta oscura antes de comprobar que llevaba el teléfono y las llaves.

Mientras se preparaba, no dejó de pensar en las consecuencias.

Alguien podía reconocerla. La policía seguía investigando el caso y, si Mario llegaba a verla, tendría que enfrentarse a preguntas para las que no estaba preparada.

Aun así, no cambió de opinión.

Chloé podía enfadarse con ella cuando regresara. Podía gritarle, reprocharle que hubiera incumplido su promesa e incluso negarse a hablarle durante días. Gabriela asumiría las consecuencias, porque sabía que aquello no era lo que Chloé le había pedido.

Pero no iba a quedarse sentada esperando.

La noche de Puerto Serena la recibió con el aire húmedo del mar y el ruido lejano del tráfico. Gabriela se ajustó la chaqueta y comenzó a caminar, con el corazón latiéndole demasiado deprisa y una sola idea ocupándole la cabeza.

No iba a dejar a Chloé sola.

✽✽✽

Gabriela llegó al Hotel Sea and Wind Resort poco después de las nueve.

El edificio estaba iluminado de arriba abajo y, desde el exterior, podía escucharse la música que llegaba del salón de eventos.

Rodeó el hotel siguiendo las indicaciones del plano que había encontrado en la carpeta de Chloé, hasta alcanzar el patio trasero, donde varios invitados se habían reunido para fumar y conversar.

El lugar era precioso, con pequeñas luces cálidas entre los árboles, mesas elegantes y una fuente en el centro.

Todo parecía demasiado tranquilo para lo que estaba a punto de ocurrir.

Localizó la puerta de servicio que había visto en los planos y entró con discreción.

Atravesó la cocina sin llamar demasiado la atención; los camareros estaban tan ocupados preparando bandejas y recogiendo platos que apenas repararon en ella.

Desde allí siguió un pasillo hasta una de las entradas laterales del gran salón.

La estancia estaba repleta de invitados vestidos con sus mejores galas. Las copas de champán brillaban bajo las lámparas, las conversaciones se mezclaban con la música y varias parejas reían junto a las mesas. Gabriela no tardó en encontrarla.

Chloé destacaba entre todos ellos.

Llevaba aquel elegante vestido blanco que resaltaba su figura y el cabello perfectamente arreglado.

Sostenía una copa de champán entre los dedos y sonreía como si no tuviera ninguna preocupación en el mundo.

Nadie habría imaginado que aquella mujer tan hermosa y sofisticada estaba esperando el momento adecuado para asesinar a alguien.