CAPÍTULO 5 #3
Por un momento, Gabriela estuvo tentada de contestar que sí y descubrir qué haría Chloé con aquella respuesta. Saber si iba a hacerla sufrir, si iba a castigarla hasta no poder más…
El simple pensamiento de aquello le arrancó un gemido desde lo más profundo de su ser, pero acabó decantándose por ser honesta.
—No, no he estado con nadie más.
Chloé sonrió tremendamente complacida ante su respuesta.
—Así me gusta —dijo mientras volvía a reactivar el ritmo de sus caricias—. Ahora sí, córrete. Te lo has ganado.
Y así lo hizo. Minutos después, Gabriela se estaba dejando ir por completo sobre aquella cama, retorciendo su cuerpo en puro éxtasis, sintiendo cómo el alma se le salía del cuerpo durante un segundo para luego volver.
Tiró de Chloé y rodeó su torso en un abrazo, necesitando sentirla cerca y oler su olor, que tanto le gustaba. Sintió los labios de Chloé besar su mejilla con delicadeza y sonrió mientras acariciaba su melena rubia con la punta de sus dedos.
—Te queda muy bien el pelo rubio, por cierto —dijo Gabriela de la nada.
Chloé soltó una pequeña risa y se alejó ligeramente para mirarla a los ojos.
—Gracias, es mi color natural.
—Lo sé —dijo recordando sus fotos de más jovencita—. Estás muy guapa.
—Tú eres mucho más guapa —contestó con una sonrisa que Gabriela había visto pocas veces y que tuvo ganas de comerse a besos.
—¿Tú te has visto la cara? —dijo con gracia—. Pareces sacada de una revista.
—Sí, de una revista de true crime —bromeó Chloé.
Gabriela no pudo evitar soltar una carcajada.
Chloé había conseguido hacerle olvidar por completo la realidad durante todo ese rato y aquel comentario solo consiguió recordarle todo lo que las rodeaba.
Gabriela se quedó tumbada viendo cómo Chloé se quitaba parte de su ropa para estar más cómoda y, finalmente, se tumbaba junto a ella. Había otra cama al otro lado de la habitación, perfectamente hecha y completamente vacía, pero ninguna de las dos hizo el menor intento por utilizarla.
Chloé llevaba una camiseta y unas bragas, la luz tenue de la mesilla iluminaba su piel clara y hacía que su melena rubia destacara sobre la almohada. Gabriela recorrió su figura con la mirada sin molestarse demasiado en disimularlo.
Chloé acabó dándose cuenta.
Giró la cabeza hacia ella y sonrió ligeramente, con un pequeño rubor apareciendo en sus mejillas.
Le gustaba aquella mirada. Le gustaba sentirse deseada por Gabriela de una forma tan evidente y, sobre todo, le gustaba saber que, después de todo lo que había ocurrido entre ellas, Gabriela seguía mirándola de aquella manera.
Sin decir nada, Chloé se acercó y la besó profundamente.
Durante unos segundos quiso olvidarse de todo. Quiso poder dejarse llevar sin pensar en nada más, permitir que Gabriela la tocara sin sentir aquella necesidad instintiva de protegerse y confiar en ella de una vez por todas.
Deseaba que aquel bloqueo desapareciera. Deseaba poder entregarse completamente a la persona que tenía delante y dejar de sentir que, en cualquier momento, perder el control podía convertirse en un peligro.
Pero todavía no estaba preparada.
Chloé terminó separándose del beso y, en lugar de alejarse, se acurrucó contra Gabriela. Apoyó la cabeza sobre su pecho desnudo y dejó que los brazos de la ex policía la rodearan con suavidad. Gabriela le besó el pelo y permaneció así, abrazándola, sin exigirle nada más.
Chloé se permitió simplemente estar.
—Tengo hambre —murmuró después de unos minutos, con la voz ya adormecida—. Mañana quiero ir a desayunar contigo.
Gabriela sonrió y estrechó un poco más los brazos alrededor de ella.
—Por supuesto que sí.
Chloé permaneció unos segundos en silencio antes de volver a hablar.
—Si de verdad quieres involucrarte en el caso de Puerto Serena, tienes que entender algo.
Vas a estar en peligro, Gabriela. No puedo protegerte todo el tiempo y no puedes seguir actuando como si esto fuera una investigación cualquiera.
Tenemos que ser extremadamente cautelosas. Esto no es ningún juego.
Gabriela bajó la mirada hacia ella.
—Lo sé —respondió con serenidad—. Y estoy dispuesta.
Chloé asintió lentamente. Aquella respuesta parecía haberle quitado un peso de encima, aunque sabía que todavía tenía muchas cosas que explicarle.
Bostezó y se acomodó un poco mejor entre los brazos de Gabriela.
Estaba cansada. Mucho más de lo que había querido reconocer.
Y, por primera vez en mucho tiempo, también estaba cómoda.
Simplemente estaba allí, sintiendo el calor de otra persona y escuchando los latidos tranquilos de Gabriela bajo su mejilla.
Antes de quedarse dormida, levantó ligeramente la cabeza.
—Quiero confiar en ti —confesó en voz baja—. Voy a hacerlo.
Gabriela no respondió inmediatamente. Se limitó a acariciarle el pelo con suavidad, esperando a que Chloé continuara.
—Mañana te lo contaré todo.
Aquellas palabras hicieron que Gabriela sintiera un nudo en la garganta.
Después de tantos meses de preguntas, secretos, mentiras y silencios, por fin parecía que iba a obtener las respuestas que llevaba tanto tiempo buscando.