Donde acaba La Sombra CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—No te va a pasar nada —contestó Chloé con seguridad—. Ahora estás a salvo.

—No estoy hablando de estar a salvo —susurró, vulnerable—. Quiero estar contigo.

Chloé tragó saliva y bajó la mirada, sin saber qué contestar. Su parte racional le decía que debía proteger a Gabriela y alejarla lo máximo posible de aquel círculo peligroso, pero su parte egoísta le gritaba que se rindiera. Que la besara hasta dejarla sin aliento.

—Sé que te cuesta creerme, pero no me voy a cansar de repetírtelo —volvió a hablar Gabriela—.

Yo no llamé a la policía ese día. Mario me estaba vigilando y nos pilló.

Fui demasiado descuidada y te puse en peligro…

Lo siento por eso —se disculpó mientras intentaba encontrar alguna respuesta en la expresión de Chloé—.

Pero no voy a traicionarte, Chloé. Quédate conmigo y te prometo que no te pasará nada…

Bueno, solo si quieres, claro. Tal vez ya no quieras estar conmigo y eso también está bien…

—empezó a divagar al ver que Chloé seguía sin mover un músculo.

Chloé cortó su verborrea tirando el abrigo al suelo y agarrándola por las mejillas antes de besarla. El beso fue tan inesperado que Gabriela apenas tuvo tiempo de cerrar los ojos. Cuando se separaron, los ojos verdes de Chloé volvieron a encontrarse con los suyos a un suspiro de distancia.

Por primera vez, no le había pedido permiso para besarla. La había pillado con la guardia baja por completo, y eso le encantó.

—No digas tonterías —murmuró rozando sus labios—. Claro que quiero estar contigo… te he echado de menos.

Gabriela sintió cómo se le aceleraba el corazón ante aquellas palabras. No era la primera vez que Chloé se las decía, pero en vez de mandarla a callar como la última vez, se permitió el placer de poder corresponderla.

—Yo también. Mucho.

Volvieron a buscar sus bocas en un beso necesitado y Chloé condujo a Gabriela hasta tumbarla sobre su cama sin dejar de besarla.

Gabriela tiró de ella para que se colocara encima, pero Chloé no se movió ni un ápice, manteniéndose sentada al filo de la cama mientras seguía besándola.

Entonces, Gabriela se incorporó levemente e intentó deslizar sus manos bajo su suéter, pero Chloé volvió a impedírselo, retirando sus manos con suavidad.

—¿No quieres? —preguntó separándose de ella, con la respiración acelerada.

—Sí, pero solo tú.

—¿De verdad no confías en mí? ¿O hay algo más? —preguntó Gabriela con suavidad.

Quería saber qué era lo que le impedía a Chloé dejarse llevar.

Sabía que no le gustaba perder el control y que confiar plenamente en otra persona probablemente fuera una tarea difícil para ella, pero aun así quería saber si había algo más que la atormentaba.

Quería saber si podía ayudarla de alguna manera.

Chloé apretó la sábana entre sus manos, intentando encontrar las palabras, queriendo abrirse a Gabriela…

pero era demasiado complicado. Ella nunca hablaba de nada, con nadie.

La gente tampoco solía tomarse el tiempo de preguntarle por qué era como era.

La mayoría de veces, ni siquiera ella misma lo sabía.

Quería poner en palabras algo que todavía no sabía explicar.

—No tienes por qué contestar —dijo Gabriela al verla tan consternada—. No es mi intención hacer algo con lo que no te sientes cómoda. Solo quería saber.

—No es que no me sienta cómoda o no me guste —se apresuró a contestar Chloé—.

Pero… bueno, yo… no lo he hecho mucho. De hecho, llevo años sin hacerlo…

Con mi estilo de vida es un poco complicado encontrar a alguien y…

soy desconfiada. Me cuesta que alguien me guste lo suficiente como para dejar que se acerque y…

—No hace falta que sigas —la cortó Gabriela con un gesto de comprensión en el rostro, colocándole un mechón de pelo tras la oreja—. Lo entiendo. No tienes que justificar nada.

Chloé asintió, sintiendo aquella extraña calidez que siempre la recorría cuando estaba con Gabriela de aquella manera.

La miró con agradecimiento por no haberla hecho sentir diferente, por no haberle hecho más preguntas complicadas y por haberla entendido con aquella facilidad.

Apoyó su frente sobre la de Gabriela y suspiró sobre su boca, todavía sintiendo en las yemas de sus dedos las ganas de acariciar su cuerpo, de hacerla sentir bien y de llevarla hasta la cima.

—¿Podemos seguir? —preguntó en voz baja—. He echado de menos cómo te pones cuando estás conmigo…

Chloé se lanzó a besarla antes de recibir una respuesta, pero Gabriela la frenó colocando dos de sus dedos sobre sus labios.

—Solo con una condición —murmuró con la voz ronca por el deseo.

—¿Cuál? —dijo Chloé sin apartar la mirada de su boca.

—Que no te arrepientas después. No quiero que me apartes —pidió—. Quiero que me cuentes todo y que cualquier cosa la solucionemos las dos juntas. No quiero que vuelva a haber malentendidos y mucho menos quiero que nos volvamos a separar tanto tiempo.

Chloé pareció pensárselo unos segundos, pero finalmente asintió con decisión.

Había echado demasiado de menos a Gabriela. Ya pensaría más tarde en las consecuencias.

Volvieron a besarse habiendo dejado por fin algunas cosas claras y ambas sintieron el alivio de volver a sentirse después de tanto tiempo.

Chloé desnudó a Gabriela en un abrir y cerrar de ojos y admiró su desnudez. Le encantaba su cuerpo, disfrutaba de verla responder a sus caricias, de sentir su necesidad a través de su lenguaje no verbal.

Le volvía loca.

Gabriela gimió con fuerza cuando la mano de Chloé se adentró entre sus piernas para acariciarla.

—No sabes lo mucho que me gusta verte así… —murmuró Chloé sin dejar de observar su cara desbordada de placer—. Desesperada por mí. Tenías ganas de que volviera a tocarte, ¿verdad? Dímelo.

—Sí, no pares… —contestó Gabriela sin aliento.

Chloé se inclinó y besó su boca, sus mejillas, su cuello, sus clavículas, sus pechos… la marcó con mordidas, con su lengua, con su saliva. Asegurándose de que cada toque provocara el efecto que buscaba en Gabriela, que cada vez estaba más mojada.

Sus dedos resbalaron prácticamente dentro de ella, haciendo que Gabriela jadeara con fuerza y apretase sus manos en la cintura de Chloé, que la miraba todavía sentada en el borde de la cama, visiblemente encantada con el espectáculo que estaba presenciando.

—Chloé, estoy… ya casi… —dijo Gabriela, sintiendo cómo el orgasmo cada vez estaba más cerca.

Pero entonces, Chloé bajó el ritmo, penetrándola a un ritmo lento y tortuoso, aunque deliciosamente placentero.

—¿Te has acostado con alguien más durante estos meses? —preguntó Chloé de repente—. Si quieres correrte, no me mientas.

Gabriela gruñó frustrada cuando se dio cuenta de lo que Chloé estaba haciéndole.

La había llevado al límite para asegurarse de que no le mintiera.

Debería haber estado furiosa, pero lo único que sintió era como se mojaba todavía más.

—¿Qué pasa si digo que sí? ¿Me dejarás así? —contestó intentando provocarla.

—Contéstame y lo descubrirás—murmuró Chloé sin cambiar su expresión.