24.
Llegaron a la comisaría pasadas las cinco.
La conversación con María había durado más de lo esperado: no por las preguntas, sino por los silencios entre respuesta y respuesta, por el tiempo que necesitaba para entender un idioma que no era el suyo y para hablar de cosas para las que tampoco existían palabras buenas en ninguno.
Cuando acabaron, el mismo policía que la había acompañado antes la trasladó hasta el hotel donde se alojaba.
Gonzalo seguía en la misma silla donde lo habían dejado, rodeado de papeles y con dos tazas de café vacías en el borde de la mesa.
—¿Cuánto llevas con eso? —dijo Leo dejando el cortavientos.
—Desde que os fuisteis. Hay muchísimo. Hospitales, veterinarias, residencias… —Gonzalo bajó la voz—. Necesito esta noche para cruzar fechas.
—Asegúrate de descansar —le dijo posando la mano en su hombro.
Gutiérrez llegó a la comisaría a las seis de la tarde sin avisar. La recepcionista llamó al despacho de Lucas, que a su vez llamó a Leo, que estaba en la sala repasando los pedidos con Gonzalo.
—El juez quiere vernos —dijo Lucas desde la puerta—. A los dos.
Leo dejó los papeles en la mesa.
—¿Ha encontrado algo? —le preguntó Lucas a Leo en voz baja cuando se acercó, mirando a Gonzalo.
—Todavía está en ello. Hay muchos pedidos.
El despacho de Lucas era algo pequeño para tres personas. Gutiérrez estaba de pie junto a la ventana cuando entraron, justo donde Lucas había recibido a Leo el día anterior, con el abrigo puesto como siempre, mirando la calle. No se giró hasta que Lucas cerró la puerta.
—Siéntense —dijo, aunque él no se sentó.
Leo y Lucas se sentaron. Gutiérrez se quedó de pie.
—He visto menciones en prensa. Están husmeando. —Miró a Leo—. ¿En qué punto estamos?
Leo repasó todo. Las víctimas confirmadas.
Tobías Andersen y Nuno Beirão, ambos peregrinos habituales del Camino Portugués.
Mutilaciones post mortem. Sedación previa, pinchazo en lunar.
Resultados del laboratorio pendientes para mañana.
Pedidos de bisturís en revisión. La Científica trabajando en la casa de Tobías y en el taller de Ramón.
Gutiérrez escuchó todo sin interrumpir. Cuando Leo terminó, se quedó un momento mirando al suelo.
—¿Qué pasa con ese tal Ramón? —preguntó.
—Es una línea abierta —dijo Leo, haciéndole un resumen al juez de la relación del jefe con Tobías.
—Diría que es la línea más sólida que tienen. —Gutiérrez se giró hacia la ventana—. Conocía a la víctima, tenía acceso a su domicilio y tiene un móvil claro.
—No tiene formación médica. El método requiere conocimiento anatómico preciso. Un mecánico de sesenta años no entra en el perfil.
—Un mecánico de sesenta años que lleva toda la vida manejando herramientas de precisión —cortó Gutiérrez—. Que además conocía las rutinas de la víctima mejor que nadie, y que va a cobrar tres mil euros que no le correspondían. —Se giró—. ¿Necesita que ese mecánico le dé los pies de su empleado?
—Con lo que tenemos no llegamos a una detención —dijo Leo, sin levantar la voz.
—No le estoy pidiendo una detención. Le estoy pidiendo que se focalicen ahí.
—Gutiérrez cogió su carpeta de la mesa de Lucas—.
Tengo a la Xunta encima. Se acerca la Semana Santa, el Camino va a llenarse de peregrinos, necesita llenarse, y si esto sale en los periódicos con titulares de asesino en serie antes de tener un detenido, el daño va a ser considerable.
—El daño ya está hecho —dijo Leo—. Hay dos peregrinos muertos.
Gutiérrez lo miró un momento. Lucas no dijo nada.
—Lo que le está diciendo el señor juez, inspector —dijo Lucas, apaciguando—, es que necesitamos ver movimiento. Resultados. Algo que podamos sostener si le preguntan. —Una pausa—. Ramón es ese algo por ahora.
Leo no respondió. Miró la mesa. El juez asentía.
—¿Algo más, señor juez? —dijo Lucas.
Gutiérrez recogió el abrigo.
—Mañana quiero un informe actualizado antes de mediodía. —Miró a Leo—. Y no se olvide de lo de los periódicos. Cualquier filtración pasa por mí primero.
Salió sin cerrar la puerta.
Lucas esperó a que se oyesen los pasos alejarse por el pasillo.
—¿Estás bien? —le dijo a Leo.
—Estoy bien. —Leo se levantó—. Pero no voy a perder el tiempo con Ramón cuando el asesino está en otro sitio.
—Lo sé. —Lucas recogió unos papeles de la mesa sin necesidad—. Pero tampoco lo pierdas de vista del todo. Si Gutiérrez tiene razón aunque sea en parte…
—No la tiene.
Lucas asintió despacio, sin convicción ni en un sentido ni en el otro. Leo se levantó de la silla y cuando ya había salido por la puerta se asomó de nuevo.
—Oye, ¿qué es eso de tratarme de usted delante del juez? —le preguntó con tono divertido, aunque con la cara seria.
—Circule Leonardo, circule.
Leo volvió a la sala. Andrea tenía la foto del taquillero en el monitor, ampliada, con varias pestañas abiertas de imágenes de iglesias del Camino Portugués.
—¿Algo? —dijo Leo acercándose.
—Nada todavía. —Andrea no apartó la vista de la pantalla—.
He estado cruzando la foto con los sellos de las credenciales que encontramos en casa de Tobías, intentando acotar el tramo.
Pero hay demasiadas iglesias pequeñas a lo largo del recorrido, muchas sin presencia en internet, sin foto actualizada, sin nada.
—Hizo una pausa—. La arquitectura de la foto parece rural, piedra vieja, no es una iglesia de ciudad, pero eso no nos acota mucho.
Si Tobías la guardó todos estos años, el párroco que se la dio le importaba.
Andrea asintió sin decir nada.
Leo se sentó en su mesa y estuvo una hora más revisando el informe que tenía que mandar a Gutiérrez al día siguiente.
Gonzalo seguía cruzando pedidos, con una concentración que Leo reconocía como la de alguien que sabe que está cerca de algo pero todavía no sabe de qué.
Nerea había llenado dos páginas de notas sobre simbología del agua.
A las ocho Leo se levantó de su silla.
—Venga, para casa todo el mundo —dijo mientras se estiraba arqueando la espalda.
Los tres lo miraron.
—En serio. —Recogió el cortavientos—. Mañana va a ser un día largo y necesitáis descansar. Lo que no hayáis encontrado esta tarde no va a aparecer si estáis muertos de sueño.
Gonzalo cerró el ordenador sin protestar demasiado. Nerea guardó la libreta. Andrea apagó el monitor con la foto de la iglesia todavía en pantalla.