Donde acaba el camino 19.
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19.

Leo salió de casa de Javier a las ocho. El cielo estaba completamente despejado, la ría brillaba con una luz limpia que después del día de lluvia parecía casi exagerada.

Algunos barcos ya habían salido al mar. Pensó que Lucas al mirar por la ventana esa mañana habría tenido la tentación de llamar para suspender la reunión e irse a pescar, si no fuese porque había dos muertos encima de la camilla de Rocío.

Llegó a la comisaría con diez minutos de margen, se preparó un café y estuvo repasando sus notas hasta que llegaron los demás.

A las ocho y media estaban todos en la sala, el caso era para todos una prioridad. Leo, Andrea, Gonzalo y Nerea alrededor de la mesa. Lucas en la silla del fondo, con el café en la mano, escuchando.

Leo resumió todo lo del día anterior. Las Salinas, el taller de Ramón, la sierra, los padres de Tobías, la llamada de hace tres semanas y la investigación de los bisturís que había estado haciendo con Gonzalo.

Luego lo de Pontevedra: el lunar, el pinchazo y la hipótesis de Rocío sobre la sedación previa.

Cuando terminó hubo un silencio.

—¿Cuándo tiene Rocío la autopsia de las Salinas? —preguntó Lucas.

—Me dijo que esta mañana se iba a poner con él y que para última hora de la tarde tendríamos algo.

—Bien. —Lucas dejó el café en la mesa—. ¿Qué necesitáis hoy?

—Dos cosas del juez. —Leo miró sus notas—. El auto para entrar en el domicilio de Tobías en A Seara, me gustaría ir con Andrea por si vemos algo. Y también necesitamos la autorización para solicitar el listado de pedidos a las dos distribuidoras de bisturís, especialmente a la de Vigo.

Lucas asintió.

—Lo hablamos cuando llegue Gutiérrez.

Gutiérrez llegó veinte minutos tarde. Entró sin llamar, dejó el abrigo en la silla que quedaba libre y miró a los presentes con esa expresión de quien ya lleva el día encima desde por la mañana.

—Buenos días —dijo Leo.

—Eso está por ver. —Se sentó—. ¿En qué punto estamos?

—Le resumo desde el principio, señor juez.

—Hágalo rápido.

Leo repitió el resumen. Gutiérrez escuchó con los brazos cruzados, mirando la mesa. Cuando Leo llegó a lo del lunar y el pinchazo, el juez levantó la vista por primera vez.

—¿Un pinchazo en un lunar?

—Sí. Rocío cree que es el método de administración del agente que causó la muerte. Oculto deliberadamente en el lunar para que no dejase marca visible.

Gutiérrez guardó silencio un momento.

—¿Y la forense está segura de esto?

—Está esperando los resultados del laboratorio. Pero sí, está segura de que el pinchazo es intencionado.

El juez miró a Lucas, que no dijo nada.

—Continúe.

Cuando Leo terminó, Gutiérrez se frotó la cara con las dos manos.

—Bien. ¿Qué necesita de mí?

—Dos autos. El primero para la entrada y registro en el domicilio de Tobías Andersen en A Seara, Poyo.

El segundo para solicitar a dos distribuidoras de material médico el listado de pedidos de un modelo específico de bisturí forense en los últimos seis meses, filtrado por Galicia. Una de las empresas tiene sede en Vigo.

Gutiérrez tamborileó los dedos en la mesa.

—Lo del domicilio se lo firmo ahora. —Miró a Leo—. Necesito la dirección exacta y que me diga qué buscan.

—Indicios que permitan identificar el lugar del crimen, documentación personal del fallecido y cualquier objeto que pueda relacionarse con el Camino de Santiago o con la segunda víctima. La dirección se la mandamos ya mismo.

—Bien. —Sacó un bolígrafo—. Lo de las distribuidoras me lo manda por escrito esta mañana y lo reviso antes de comer. Si está bien argumentado lo firmo esta tarde.

—Muchas gracias, señor juez.

Gutiérrez recogió su abrigo.

—Una cosa más. —Se paró en la puerta—. Cuando tengan los resultados del laboratorio de la forense, me llaman antes de filtrarlo a nadie.

Lo último que necesito es que esto salga en los periódicos con titulares de asesino en serie antes de tener nada confirmado —dijo justo antes de salir y cerrar la puerta sin esperar respuesta.

Lucas cerró los ojos por el golpe de la puerta.

—Gonzalo, Nerea, poneos con el escrito para las distribuidoras y mandádmelo antes de las doce para que lo revise yo antes de pasárselo al juez.

—Cogió su café—. Leo, Andrea, en cuanto tengáis el auto del domicilio os vais a A Seara.

Yo me encargo de que venga el letrado de la Administración de Justicia para acompañaros.

—¿Cuánto puede tardar en estar listo el auto? —preguntó Andrea.

—Si Gutiérrez lo firma ahora, en una hora lo tenéis. —Lucas se levantó—. Aprovechad para desayunar algo mientras tanto.

Salieron de la sala en grupo. Gonzalo fue directo a la máquina de café. Nerea abrió el ordenador. Andrea se apoyó en el borde de su mesa con los brazos cruzados.

—Lo de los pies —dijo Leo de repente.

Todos lo miraron.

—Llevamos días con ese detalle encima de la mesa y no hemos tirado de él. Sabemos cómo se hizo, sabemos que requería conocimiento y herramientas, pero no hemos preguntado por qué.

—¿Por qué cortar los pies a alguien que ya está muerto? —dijo Gonzalo desde la máquina.

Leo se sentó en el borde de su mesa.

—Eso es lo que no entiendo. Primero se toma la molestia de que nadie vea cómo lo mató y luego hace algo tan visible como esto. Son dos mensajes completamente distintos.

—O para dos personas distintas —dijo Andrea.

Nadie respondió durante un momento. Gonzalo volvió con dos cafés, dejó uno en la mesa de Nerea y se quedó con el otro.

—Podría ser un trofeo —dijo.

—Podría ser una advertencia —dijo Andrea.

—¿Para quién? —preguntó Nerea—. Si Tobías vivía solo y no tenía amigos conocidos, ¿quién recibe la advertencia?

—Igual no importa quién la recibe. Igual importa mandarla. —Andrea se separó de la mesa y fue a sentarse—. Hay gente que hace cosas porque necesita hacerlas, no porque espere una respuesta.

—O podría ser simbólico —dijo Leo—. Algo que significa algo concreto para quien lo hace. Una lógica interna que nosotros todavía no vemos.

—Los peregrinos caminan —dijo Gonzalo despacio, como pensando en voz alta—. Los pies son lo que los lleva hasta Santiago.

—O los que les impiden llegar —dijo Nerea.

La frase se quedó flotando un momento.

—Al menos el de las Salinas no tenía los pies cortados. ¿Puede que sea un caso distinto? No todo tiene que ser un asesino en serie, chicos… En cualquier caso, un cuerpo sin pies es suficientemente extraño, recordemos que hay alguien por ahí con un par de pies de un muerto.

Andrea lo miró.

—Eso es lo más perturbador que has dicho en todo el caso.

—Lo sé. —Leo se levantó—. Por eso quiero que lo investiguéis.

Casos similares en España y fuera, simbología, referencias religiosas o culturales, cualquier cosa que pueda apuntar a un patrón conocido.

—Miró a Gonzalo—. Uno de los dos se encarga del auto para las distribuidoras y el otro tira de esto. Coordinaos.

—Yo hago el auto —dijo Nerea—. Gonzalo busca lo de los pies.

—Perfecto. —Leo cogió su café—. Cualquier cosa que encuentres, aunque parezca una locura, me lo dices antes de descartarlo.

Después de leer echar un vistazo al móvil miró a Andrea, que estaba apurando su café.

—Nosotros nos vamos a A Seara, Lucas me acaba de confirmar que tenemos el auto firmado, el letrado nos espera allí.