3.
—Hola, Leo, ¿qué te parece el sitio? —Andrea le saludó desde lejos.
—Ya he hablado con la mujer que dio el aviso a emergencias, me ha contado bastantes cosas pese al estado en el que se encuentra, cuando venga la asistencia sanitaria pedimos que le echen un ojo.
Leo le hizo un resumen muy rápido de la conversación que había tenido hacía un momento con la mujer excursionista.
—Vale, les voy a decir a Nerea y a Gonzalo que se pongan a tomar declaraciones al resto y que estén pendientes de la mujer. —Andrea miró al grupo de excursionistas. Habían empezado a hablar los unos con los otros—. No la veo capaz de matar ni a una mosca, pero estemos pendientes.
—Sí, de momento yo descartaría cualquier causa que no fuese muerte natural, pero esperaremos a la autopsia por si acaso.
Andrea se dio la vuelta para hablar con Nerea y Gonzalo y comentarles el plan. Mientras, Leo se volvió hacia la escena y siguió observando. El cuerpo seguía en el mismo lugar. La escena seguía pareciéndole tan sarcástica que algo no le acababa de encajar.
Si no fuese por el detalle del hombre muerto, la zona tendría un encanto espectacular.
La mañana, como ya le había dicho su hermano, estaba terminando de abrir del todo; la luz se filtraba entre los árboles y el sonido del agua cayendo transmitía una paz que invitaba a descalzarse y meter los pies en aquel remanso de agua, si no fuese porque cada vez se estaba tiñendo más de rojo.
—Me han llamado de la central para avisarme de que el juez Gutiérrez viene de camino con Rocío para levantar el cuerpo — dijo Andrea acercándose por la espalda—. ¿Qué? ¿Te gusta el sitio?
—Es espectacular, una pena que lo haya conocido en estas circunstancias.
—Deberíamos empezar a movernos, Nerea y Gonzalo ya están tomando declaración al grupo uno a uno.
—¿Te parece si echamos un primer vistazo?
—Claro, vamos.
Leo se remangó el pantalón todo lo que pudo, dejó las zapatillas encima del muro de piedra y cuando se iba a meter al agua Andrea tiró de él.
—Vamos a esperar al juez para meternos en el agua, Leo. Ya sabes cómo es Gutiérrez.
Volviéndose a poner los zapatos, lo primero en lo que se fijó Leo fue en los peces, había bastantes y de varios tamaños.
Se estaban alejando hacia la izquierda pero no parecían muy asustados.
Si la gente solía meterse ahí, según le había dicho Andrea, no le extrañaba que estuviesen buscando algo de comer.
El agua estaba muy sucia, como si alguien hubiese removido el fondo de un charco de cieno.
Los peces que había visto iban nadando muy cerca de la superficie, pero imaginaba que habría más entre toda esa especie de fango.
Lo siguiente en lo que se fijó Leo fue el agua cayendo por las rocas.
Él había estado en varias cascadas y siempre le había sorprendido lo blanca que caía el agua resbalando por las rocas cuando bajaba deprisa.
Cuando lo hacía despacio, como era el caso, siempre la había visto transparente, pero esta vez tenía un aspecto más turbio.
—¿Qué te parece, Andrea?
—No sé, me resulta muy macabro cómo ha quedado posicionado el cuerpo, parece hecho a propósito.
—Sí, tengo la misma sensación desde el principio… —dijo Leo mirando y apuntando con la mano hacia arriba—. ¿Sabes si se puede subir de alguna forma a esa zona más alta?
—Como no sea trepando por estas rocas, no tengo ni idea Leo. ¿Por qué lo preguntas?
—Quería comprobar si lo que nos ha contado la mujer tiene sentido. Si cuando han llegado no han visto el cuerpo, luego han oído una zambullida en el agua y más tarde han lo han visto, asumiría que ha caído desde esas rocas de ahí —dijo señalando hacia arriba.
—Vale, luego nos encargaremos de eso que ya viene el juez Gutiérrez con Rocío por allí —comentó apuntando con la cabeza hacia el comienzo del camino.
Leo terminó de ponerse los zapatos y levantó la cabeza al mismo tiempo que el juez se paraba a su lado.
—Yo tenía que estar jugando al golf ahora—protestó Gutiérrez a modo de saludo.
—Buenos días, señor juez —dijo Leo omitiendo el comentario—, ¿no iba Rocío con usted?
Rocío volvía a bajar por el camino de piedra. Cruzó el puente y se unió a los tres.
—Me había olvidado las botas de agua en el coche —saludó.
—¿Traes botas de agua a todas las escenas, Rocío? —Andrea, que era un poco más de ciudad, aprovechaba cualquier excusa para meterse con ella.
—Una nunca sabe dónde va a tener que meterse, amiga.
Rocío era la forense del equipo. Era una chica muy joven, de aspecto cuidado y muy menuda, y sólo por ello se había tenido que enfrentar varias veces a comentarios que la hacían de menos dentro del Cuerpo de Policía.
A todos esos comentarios ella respondía con indiferencia y una sonrisa.
Tenía veinticuatro años, había terminado la carrera de criminología y aprobado las oposiciones a la Policía Científica a la primera.
Decía que ella desde pequeña había querido dedicarse a esto y, aunque a veces era un poco olvidadiza, a Leo le constaba que trabajaba bastantes más horas de las que ponía en su contrato siempre en pos de la investigación, y la verdad es que no podían estar más contentos con su trabajo
—Bueno, vamos a ello, que a lo mejor llego a comer todavía con los colegas. —El juez continuaba con sus lamentos.
Eloi Gutiérrez, el juez asignado a este caso, era todo lo contrario a Rocío.
Las pocas veces que Andrea y Leo habían tenido que tratar con él habían sido todo dificultades.
Siempre quería resultados muy rápido, a la primera hipótesis pedía cerrar el caso y cuando una investigación se atascaba las reprimendas eran constantes.
Muy pendiente de la opinión mediática, últimamente siempre les decía que estaba a punto de jubilarse y no quería que nada empañase su carrera como juez después de toda una vida dedicada a la profesión.
Rocío dejó su maletín y cámara de fotos en el suelo y se puso las botas de agua encima de las manoletinas blancas que llevaba. Recogió sus herramientas de trabajo del suelo, se ajustó la cámara al hombro y se metió directamente en el agua.
—¿Voy a ir sola o quiere venir alguien conmigo?
—Va, Leo, ve tú con ella, me quedo yo ayudando a Nerea y Gonzalo.
—Con tal de no mojarte, Andrea… —dijo Leo descalzándose.
—¿Y usted señor juez? —preguntó Rocío volviéndose a Gutiérrez.
—Vayan, vayan, desde aquí tengo buena visual —dijo el juez a la vez que hacía un movimiento con las manos para que avanzasen.
Rocío ya había abierto su maletín, que estaba apoyado en una de las rocas por las que no caía agua y estaba apuntando con una pequeña linterna a los ojos del fallecido. Mientras Leo observaba su labor seguía pensando en la caída del agua.
La forense estaba abriéndole la boca al cuerpo con ayuda de un abatelenguas y hablaba a su grabadora mientras tanto.
Leo no quería molestarla mientras hacía su trabajo, pero estaba impaciente por conocer las primeras impresiones.
Cuando por fin parecía que iba a dejar el equipo en el maletín, Leo se animó a preguntar.
—¿Qué te parece de primeras?
—Raro.
—Define raro.
—No veo herida ni contusión en la cabeza por la que sangre el cuerpo, Leo.
Veo alguna herida causada por el roce de la piedra, pero nada por donde pueda salir tal cantidad de sangre para teñir así el agua.
Los ojos presentan petequias pequeñas que podrían explicar una muerte por estrangulamiento, pero tampoco veo marcas en el cuello para ello.
Voy a hacer unas fotos antes del levantamiento del cuerpo, pero me gustaría estudiarlo en el instituto forense con calma.
—Claro, sin problema.
Cuando ya se alejaba, Leo se dio la vuelta, pero Rocío se le adelantó.
—Sobre la hora de la muerte, si es lo que me ibas a preguntar, me es difícil precisarla. La temperatura del agua es muy baja y eso ha hecho que el cuerpo se enfríe más rápidamente. Sin un análisis más a fondo, diría que hace entre veinticuatro y doce horas que ha fallecido.
—Muchas gracias, Rocío, un gusto, como siempre. Aunque no sé si al juez le va a hacer gracia, ya sabes que para él va a ser un excursionista que se ha caído de las rocas.
—Por muy juez que sea, que se espere, que es domingo para todos.
Leo se alejó de Rocío, que ya estaba haciendo zoom con su cámara sobre los ojos del cuerpo. Volvió a saltar el pequeño muro de piedra y se sentó en él para ponerse los calcetines y zapatillas mientras veía cómo el juez cruzaba el puente de madera hablando con Andrea.