Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 60
97%

Capítulo 60

Nash

Seis semanas después

—Todo tiene que salir a la perfección. ¿Tu parte está controlada? —Me quito el sombrero y me paso la mano por el pelo.

Wade ve mi expresión de pánico.

—Tienes que relajarte. Madre mía, si una mujer me ata así en algún momento, dispárame al instante, joder —gruñe mientras cepilla a su caballo.

Ivy resopla desde el cubículo de al lado.

—No creo que debas temer por eso, jefe. Tendrías que tener emociones humanas para que eso pase.

—La chica tiene razón. —Sonrío.

Aunque solo lleva dos semanas en el puesto, lo está haciendo genial. Tiene a Mamá Jo convencida y casi convence a Wade para que participe en el derbi.

Ivy saca de quicio a Wade siempre que puede y estoy convencido de que, en el fondo, le encanta hacerlo.

En teoría, es una profesional. En la vida real, sigue siendo una profesional, pero también es un espíritu libre y descarado.

Le gusta tocar su desgastada guitarra acústica bajo un árbol mientras come o lee.

Mamá Jo la llama «hippie moderna». Wade la llama « Lianta ».

—¿No tienes nada mejor que hacer que escuchar a escondidas e insultar a tu jefe? —espeta Wade con irritación.

Ivy se echa su larga trenza negra por encima del hombro y le da una palmadita a Wade en el pecho cuando pasa junto a él.

—Sí, pero solo te he sacado de quicio un par de veces hoy, así que pensé que no pasaría nada si soltaba un comentario sarcástico más.

Se gira hacia mí y me sonríe de oreja a oreja.

—Todo saldrá genial, Nash . Todo el mundo sabe lo loco que estás por ella, no te pongas nervioso. No es necesario, cielo. —Me da una palmadita en la mejilla.

—Gracias, mujer —murmuro, y suspiro mientras Ivy sale del granero.

—No olvides que hemos quedado a las tres con Crenshaw para enseñarle a colocar la silla de montar. Y no llegues tarde esta vez, Lianta —le grita Wade .

—¡Me muero de ganas, jefe! —grita ella mientras se despide con la mano.

—Me cago en la puta. ¿Por qué no he contratado a alguien amable, educado y silencioso? —murmura Wade .

Me encojo de hombros.

—Solo es así contigo porque no haces más que darle caña a todas horas. Dale un respiro. Es la mejor en lo que hace.

Wade suelta un gruñido.

—Lo sé. Es de lo más irritante, joder. —Se frota la frente y vuelve a cepillar a su caballo.

Me río entre dientes y siento que los nervios vuelven a apoderarse de mí. No sé por qué estoy tan nervioso, joder.

Llevo casi dos meses planeando esta noche, desde que miré hacia las gradas durante el partido benéfico del Festival del Atardecer en agosto y vi a CeCe celebrando mi gol de la victoria con su jersey de los Stars .

Mi jersey. Le quedaba tan largo que parecía un vestido, pero se las arregló para que su aspecto fuera adorable con sus medias y sus botas.

Cuando se giró para chocar los cinco con Mabel y vi el apellido Carter en su espalda, lo supe.

Bueno, supe dos cosas. Primero, me aseguraría de que se convirtiera oficialmente en una Carter lo antes posible, y segundo, me moría de ganas de follármela sin nada más que ese jersey puesto.

Llevo planeando lo primero desde entonces.

Pero claro, me sentía mucho más confiado cuando todo era solo teoría.

Llamo a Ginger y a Cole y termino mis tareas matutinas antes de dirigirme a casa para ducharme y llevar a CeCe a la oficina. Prácticamente vive conmigo ahora, y así es como quiero que sea. La quiero conmigo cada segundo de cada día, y casi lo he conseguido. Somos inseparables.

Ginger : La fotógrafa llegará antes. Iré a recogerla y la llevaré a mi casa. Todo está controlado. Cálmate, en cuanto te oí al teléfono, supe que estabas sudando.

Cole : Déjale tranquilo, mujer. Tiene derecho a estar nervioso, CeCe podría decir que no.

Ginger : Maldita sea, Cole Emmett Ashby . No le digas eso a un hombre en un momento como este. Sé que tu madre te enseñó modales. Úsalos.

Cole : Relájate, Rocky . Solo le estoy tomando el pelo. Todo el mundo sabe que CeCe dirá que sí.

Ginger : Ahora lo estás gafando.

Yo: Empiezo a pensar que esto es una especie de preliminares raros para vosotros dos.

Cole : Y una mierda. Primero te tiene que gustar alguien para eso.

Ginger : El sentimiento es mutuo. Además, no aguantarías ni un asalto conmigo.

Yo: Vale, me largo de este chat. Nos vemos luego.

Cole : Tienes razón, no te aguanto ni en el mejor de los días.

Nash ha abandonado el chat.

Cole añadió a Nash al chat.

Cole : En dos horas tendremos que hablar, déjate de gilipolleces.

Yo: Está bien, pero si vais a seguir con los preliminares, hacedlo por privado.

Ginger : Vale.

Cole : Vale.

Cuando llego a casa, CeCe está sentada en la mesa del comedor, con el pelo rubio recogido en un moño despeinado, un vestido negro de cuello alto de lana y sus gafas puestas.

Está en mitad de una llamada mientras lee en su querido Kindle .

Casi lloró cuando el maldito cacharro llegó desde Seattle con el resto de sus pertenencias.

Tiene un aspecto tan delicioso que me palpita la polla solo de imaginarme que me regaña con esas pintas de contable sexy . Mi contable sexy .

CeCe niega con la cabeza y echa un vistazo a mi atuendo mientras la recorro con la mirada y le doy un golpecito en la muñeca.

La idea de tumbarla sobre la mesa de la cocina se me pasa por la cabeza, pero recuerdo que tenemos una reunión a las diez de la mañana con Harry para distribuir el resto de los fondos que recaudamos y que por fin hemos recibido seis semanas después del Festival del Atardecer.

Las primeras sumas ya cubrieron el inicio de temporada de los Lightning , y ver a esos chicos jugar cada noche me llena de orgullo, más del que sentí cuando gané la Copa Stanley .

—Enseguida vuelvo —articulo con los labios mientras señalo la ducha con el pulgar. Desaparezco por el pasillo y ella continúa con su llamada.

—Al menos dos años más. — CeCe le sonríe a Harry mientras le muestra todos los detalles que se pueden pagar con las ganancias de nuestro festival.

Fue todo un éxito. Laurel Creek recibió más de diez mil visitantes ese fin de semana, y las tiendas y hostales locales nos han colmado de elogios.

Ya hemos planeado otro para el próximo agosto e incluso hemos conseguido patrocinadores importantes que quieren participar ese día.

CeCe está pensando en convertir el evento en una experiencia de dos días, y yo me limito a dejar que fluya su creatividad mientras hace una lluvia de ideas.

—Esto es mucho más de lo que jamás hubiéramos imaginado —comenta Harry al tiempo que se frota la cara con la mano.

—Incluso tenemos provisiones para ayudar a los niños que no pueden pagar ni la equipación ni la matrícula. Y todo recaudado por la comunidad, sin limosnas —dice CeCe mientras le enseña los ingresos totales en su portátil.

—El día fue increíble. Justo lo que esperaba: familia, comunidad, comercios locales, trabajo en equipo… y vosotros dos formáis un gran equipo. ¿Cuándo empezaremos a planificar el del año que viene? Quizá podamos ayudar también a otros centros deportivos de las comunidades cercanas.

CeCe asiente con la cabeza, emocionada. Sus labios carnosos se curvan en esa sonrisa que me encanta.

—Ya hemos empezado. Estoy esperando a que el ayuntamiento me ofrezca dos fechas consecutivas para poder concretar los días. Os informaré en nuestra próxima reunión.

—Excelente. No tengo palabras para agradecéroslo. Sois un gran equipo —nos felicita Harry y se pone en pie.

Mientras miro a CeCe , no puedo evitar imaginar la cara que pondrá esta noche cuando le pida que sea mía para siempre.

Camino de un lado a otro mientras espero a que CeCe termine de arreglarse. Necesito calmarme.

Ya vamos con retraso. CeCe estaba a la espera de que le confirmaran la venta de su apartamento y de que le depositaran su parte de los beneficios para poner fin a ese capítulo de su vida…

apenas una semana después de la fecha límite propuesta.

En cuanto me dijo que ya le habían depositado el dinero, respiré profundamente a liv iado. ¡Hasta nunca, Drew !

Ahora puedo concentrarme en esta noche: cada detalle está planeado, hasta los atuendos que llevaremos. Ella no lo sabe, pero cuando le compré el vestido el otro día, lo hice con la intención de ir a juego conmigo para el fotógrafo que viene de Lexington .

Cuando CeCe dobla la esquina de nuestra habitación y entra en el salón, su belleza me abruma.

El largo vestido negro casi roza el suelo y la abertura que le llega a la mitad del muslo deja entrever su sedosa piel.

El vestido se ciñe a cada curva de su pequeña figura, y las mangas largas y el cuello alto parecen modestos y elegantes, pero yo sé lo que esconde el vestido.

—Enséñame la espalda, pequeña luciérnaga —le ordeno.

Ella obedece y se da la vuelta. Me quedo sin aliento al ver la espalda abierta, que muestra toda su piel hasta el coxis.

—Preciosa —susurro mientras me acerco a ella y beso la piel con aroma a fresa de la parte superior de su espalda y su cuello.

—No vamos a llegar a nuestra cita si sigues besándome así. —Suelta una risita.

Me enderezo. Ya habrá tiempo de sobra para eso… toda una vida, si dice que sí.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunta con impaciencia.

—Ya lo verás, pero tengo que pasar por el bar y dejar unos papeles antes de ir a cenar —le cuento.

Ya no hay vuelta atrás… La caja de terciopelo me quema dentro del bolsillo mientras la guío a través de la puerta.