Capítulo 59
Nash
—¿Y en qué pensabas exactamente?
—Me estabas… tocando —admite CeCe mientras deslizo la sedosa cabeza del vibrador por su muslo.
La beso al tiempo que acerco la varita a su sexo, ya húmedo, y empieza a respirar con dificultad mientras espera. Le sonrío.
—Ponte de rodillas. Apoya las manos en el cabecero, cariño. Y quítate el jersey, quiero verlo todo —susurro.
Ella jadea y asiente con la cabeza, desesperada por el zumbido que siente entre las piernas.
Paso el vibrador por la parte interna de su muslo y CeCe se agarra al cabecero con fuerza, pero su cuerpo se muestra dócil y se derrite frente a mí.
Lo deslizo desde su culo hasta su columna, y observo cómo jadea de anticipación. Su espesa melena dorada le roza la base del coxis cuando echa la cabeza hacia atrás. Soy el hijo de puta más afortunado del planeta.
— Nash … —susurra, rogándome en silencio que le dé placer.
—¿Sí, pequeña luciérnaga?
—Necesito…
—Lo sé. Abre las piernas, cariño.
CeCe hace lo que le pido y abre las piernas mientras deslizo la varita por su pecho y la apoyo contra su pezón.
Apoya la cabeza en mi pecho y se arquea hacia adelante para facilitarme el acceso.
Como no quiero que su otro pezón se sienta solo, también lo provoco mientras ella lloriquea y suelta los gemidos más adorables que he oído en la vida.
Estoy tan sumamente duro que apenas puedo soportarlo. Lucho contra todos mis impulsos para no adentrarme en su apretado y húmedo coño desde atrás. Deberían darme una maldita medalla por lograr contenerme.
Suelta un jadeo de necesidad y empieza a mover las caderas en busca de a liv io, y sé que su coño está hinchado y desesperado por mi roce.
Bajo el vibrador por las suaves curvas de su cintura y sus caderas mientras ella se estremece.
Rodeo su cuerpo con la mano libre y la atraigo hacia mí al tiempo que deslizo la varita entre sus piernas y la apoyo en su clítoris.
—Oh… —Suelta un jadeo exasperado mientras la varita zumba contra ella.
Me encantan estos momentos con Rae , cuando su placer la sorprende incluso a ella. Apoya la espalda en mi pecho mientras se restriega la entrepierna contra el juguete para mí. Le beso el cuello y sonrío cuando inhalo el aroma afrutado de su piel.
—Eso es, cariño… Te gusta, ¿verdad?
—Oh, Dios… Muchísimo.
CeCe se mece contra el vibrador, pero su culo se aprieta contra mi polla con cada movimiento y está a punto de hacer que me corra sobre ella. Me aparto para controlarme, ya que quiero que este momento esté dedicado únicamente a su placer.
Deslizo el juguete hacia abajo para que CeCe controle la presión con la que se frota contra él y lo mantengo quieto.
Encuentra su ritmo en segundos y yo permanezco sentado detrás de ella, maravillado, mientras observo todo el proceso.
Mi polla está más que dura. Ha superado los límites humanos con los movimientos de CeCe .
Cada hendidura y línea de su espalda hasta la cintura es pura tortura, nada más y nada menos, mientras se restriega contra el vibrador con el descaro que esperaba ver.
Le digo lo preciosa que está cuando deja caer la cabeza hacia atrás y su pelo roza su culo respingón frente a mí. Le digo cuánto la quiero, lo espectacular que está cuando se corre, y sus gemidos suenan más fuerte con cada elogio que le hago.
Su cuerpo se retuerce en oleadas de placer, desde los dedos de los pies hasta la cabeza, y una fina capa de sudor le recubre la piel.
—Buena chica, Rae . Córrete para mí, nena —le susurro al oído mientras se deshace y no dejo de deslizar el vibrador desde el capullo apretado de su ano hasta su clítoris con un movimiento constante, adelante y atrás.
Tengo las pelotas tan tensas que temo perder el control con ella. El asiento en primera fila que tengo para ver los fuegos artificiales que estallan frente a mí es casi demasiado. Se corre mientras le acaricio la espalda y los hombros con los labios.
CeCe grita mi nombre en el silencio de la habitación y este resuena contra el zumbido del vibrador.
—Dios mío… Nash —gime cuando empieza a calmarse.
No le doy tiempo a recuperar el aliento, ya que la necesito con total desesperación.
Apago el juguete, introduzco dos dedos en su húmedo coño y suelto un gemido.
La deseo tanto como ella a mí. La penetro con los dedos y me follo su paraíso apretado y húmedo para reavivar su deseo.
Entonces, cuando vuelve a suplicar por mí, me introduzco en ella con una embestida suave y profunda.
Murmuro su nombre cuando su cuerpo me da la bienvenida.
—Me quedaría a vivir aquí para siempre, joder —mascullo, y lo haría sin dudarlo ni un segundo. Permanecería en su interior para formar parte de ella y, al igual que ella es mía, yo también sería suyo. Para siempre.