Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 57
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Capítulo 57

CeCe

Paso los dedos por el pelo de Nash al tiempo que mis gritos de placer se van calmando.

—Nunca… nunca había sentido algo así —susurro. Mi voz suena ronca.

Apenas me da tres o cuatro segundos para recuperarme.

Luego me levanta, sujetándome con fuerza por los muslos; nuestros labios se funden en un beso profundo y arrollador, y nos movemos hasta que mi espalda toca la pared.

De alguna manera, consigue quitarse los boxers y me introduce su polla de acero hasta el fondo con una embestida violenta.

—Joder, qué coñito tan apretado… mi coñito apretado —murmura mientras me succiona los pezones y me provoca con habilidad hasta que la dulce espiral de placer comienza a formarse de nuevo en mi bajo vientre.

Nash me aprieta contra la pared, inmovilizándome y empalándome con su enorme miembro. Mis piernas cuelgan a sus costados y él gruñe con aspereza cuando muevo las caderas para deslizarme sobre él por completo.

Suelto un chillido. Nunca me acostumbraré a la forma en que me llena. Al modo en que se apodera de todo mi ser en cuanto me penetra hasta el fondo.

—Es el paraíso, joder… —susurra Nash mientras empieza a moverse. No es delicado; sus embestidas y besos son bruscos. Desliza una mano desde mis pechos hasta mi cara y me acaricia el labio inferior con el pulgar. Luego lo muerde con fuerza y lo lame para a liv iar el dolor, y yo me estremezco.

—Sueño con estos labios perfectos todas las noches. Mis labios.

Gimo y le devuelvo el beso. Exploro su boca con la lengua lentamente y lo saboreo mientras se introduce en mí una y otra vez. El papel pintado texturizado del hotel me rasca la espalda.

—Este precioso cuerpo es todo mío. — Nash se retira casi por completo y luego me penetra tan profundo como puede mientras gruñe—: Ah… joder.

Su embestida profunda y brutal amenaza con romperme. Me sostiene con una mano bajo el culo y utiliza la otra para apretarme el pecho y recorrerme la garganta hasta que la envuelve entre sus dedos.

—Estos hombros son míos. —Embestida—. Estas tetas perfectas son mías. —Embestida—. Este dulce coñito que está hecho solo para mí. —Embestida—. Es mío.

Estoy peligrosamente cerca de correrme únicamente por las guarradas que me dice.

—Incluso tu alma es mía. —Embestida—. Eres mía por completo, joder.

Aprieto las piernas alrededor de su cintura y mi coño se tensa alrededor de su polla hasta el punto en que resulta doloroso al tiempo que mi orgasmo comienza a formarse.

—Sí, cariño, soy toda tuya —afirmo sin aliento, porque sé que esto es lo que necesita: reclamarme, convencerse de que soy suya y que nunca me iré.

Nash me aprieta la garganta con más fuerza y mi respiración se vuelve superficial, pero no estoy nada asustada. Sé que estoy a salvo. Respiro con dificultad mientras me sostiene y me penetra con violenta desesperación.

—¡Hostia puta, Rae ! Te quiero —susurra cuando empiezo a correrme. Se me nubla la vista y respiro aún más entrecortadamente. Me dejo llevar y me entrego por completo mientras su agarre alrededor de mi garganta intensifica el placer hasta unos niveles que jamás había sentido.

—Te quiero muchísimo, Nash , y tú también eres mío, cariño —murmuro cuando todo se vuelve blanco a mi alrededor y un gemido primario surge de su pecho.

Le exprimo hasta la última gota mientras nos desmoronamos juntos, y juro que puedo sentir su liberación. Por todas partes.

Nash Carter no está únicamente en mi corazón. Se ha apoderado de todo mi ser y nunca jamás lo dejaré ir.