Capítulo 56
CeCe
—Estás arrepentido, ¿verdad, cariño? —pregunto mientras Nash me gruñe desde su silla, al otro lado de la pequeña habitación.
Sé que tengo el poder ahora mismo, y sé que esta es mi única oportunidad para hacerle entender que, aunque lo perdone, jamás volveré a tolerar que no me apoye cuando lo necesite. Si quiere ser mi compañero de vida, va a demostrármelo con creces.
— Rae … —me advierte. Su voz es tan grave que llega directamente a mi entrepierna, pero no pienso rendirme.
Decido provocarlo un poco. Primero, me bajo las medias por los muslos hasta que me llegan a los tobillos. Me las quito de una patada, pero me dejo los tacones puestos.
— CeCe … joder —protesta Nash , que intenta levantarse una vez más.
Niego con la cabeza y digo:
—Paciencia.
Para mi sorpresa, me hace caso y vuelve a sentarse.
El poder corre por mis venas, y su sumisión total y absoluta me incita aún más.
Despacio, me desabrocho los botones de la camisa, de uno en uno, esperando varios segundos entre uno y otro. Cuando llego al último, me quito la blusa de seda por los hombros y, con la mirada clavada en él, le pregunto:
—¿Y bien? ¿Cuánto lo sientes?
Nash no duda ni un segundo.
—Lo siento con toda mi alma, joder —admite con la mandíbula tensa mientras se acaricia con la mano por encima de los vaqueros de forma instintiva.
Dejo caer la blusa al suelo y me paro frente a él, vestida solo con los tacones, el sujetador y las bragas.
Me desabrocho rápidamente el sujetador y me lo quito, un brazo detrás de otro, de manera que mis pezones se endurecen al instante con el roce del aire.
Solo para atormentarlo un poco más, me aseguro de apretujarme los pechos con los brazos de forma provocativa cuando el sujetador cae al suelo.
Es el único ruido que se oye en la habitación.
Nash suelta un profundo rugido desde el fondo de su pecho mientras me observa.
—Se nota que lo dices en serio, cariño —comento—. Eres mío y yo soy tuya. Somos un equipo, ¿verdad?
Nash asiente.
—Joder, sí.
Engancho los pulgares en mis finas bragas y me las bajo por las caderas.
Saco una pierna a la vez hasta que mi ropa interior cuelga alrededor de mi tobillo izquierdo.
Doy un paso hacia adelante y coloco una mano en la cadera, desnuda ante él.
Me quito la horquilla del pelo para que caiga suelto a mi alrededor y lanzo las bragas lejos de una patada.
Nunca había estado tan mojada y desesperada por él, ahora que se ha rendido a mis exigencias.
—Me cago en la puta, CeCe .
—Solo una cosa más y soy toda tuya.
Nash se desabrocha la hebilla del cinturón y se quita los vaqueros. Sus boxers apenas contienen el bulto que seguro que ansía mi caricia. Esboza una sonrisa casi malvada. Tiene un aspecto salvaje e irresistible.
— Cecilia Rae , te doy mi palabra. Nunca jamás volveré a decepcionarte. Ahora, déjame tocar lo que es mío antes de que reviente en los putos calzoncillos.
Niego con la cabeza y le sonrío mientras deslizo una mano por mi cintura hasta mi clítoris dolorido, que acaricio con el dedo corazón.
—Arrástrate hasta mí, cariño —susurro con voz ronca y dulce.
Nash no dedica ni un segundo a analizar lo que le pido. Sus rodillas golpean el suelo con un golpe sordo, se quita la camiseta y empieza a aproximarse a mí. Se me acelera la respiración al ver cómo su poderoso cuerpo tatuado se acerca despacio.
Este hombre es pura perfección. El referente con el que el resto de hombres deberían compararse.
Es el alfa y, sin embargo, se arrastra hacia mí como si no le costara nada ofrecerme esta forma de adoración.
Cuando llega a mis pies, me agarra los talones con las manos y deposita un suave beso en mis empeines, uno después de otro.
Luego desliza sus enormes manos por detrás de mis pantorrillas hasta mis muslos y, mientras va subiendo, va dejando un reguero de besos por la parte interior de mis piernas.
—Eres la reina por la que me arrastro. Me arrodillaré a tus pies durante el resto de mi vida. Ahora, siéntate en tu trono.
Antes de que me dé tiempo a reaccionar, Nash tira de mí hacia abajo y me sienta sobre su cara. Sostiene mi cuerpo únicamente con sus brazos y se aferra a la parte baja de mi espalda mientras presiona la lengua con firmeza en la hendidura de mi empapado sexo. Me estremezco.
Gimo y lloriqueo incontrolablemente cuando empieza a devorarme. Me lame el clítoris con movimientos lentos y precisos mientras introduce dos dedos en mí. Una pequeña parte de mi cerebro comprende que me mantengo en pie solo porque me rodea con su fuerte brazo y estoy apoyada en su cara.
Me tiemblan las piernas cuando habla con voz profunda, áspera y autoritaria. El alfa ha resurgido de sus cenizas.
—Córrete, pequeña reina, y empápame la cara. Bautízame… y luego te follaré como el rey que posee este coño.
Nash se da un festín conmigo, como si esta fuera su última oportunidad de hacerlo. Sí que es el rey… el rey de los devoradores de coños.
Me pierdo en él y en la forma en que me adora con su lengua.
Cada movimiento me arrastra más profundamente hacia el abismo de placer que me ofrece.
Sus dedos me seducen al ritmo de sus labios y sus dientes, y vuelvo a perder el control como si no tuviera más remedio que correrme.
Me penetra con fuerza con los dedos mientras su lengua permanece sobre mi clítoris, y mi orgasmo me consume.
No me contengo ni lucho de ninguna manera. No puedo. Simplemente dejo que mi cuerpo haga lo que él me ordena y me rompo en mil pedazos, empapándolo en el proceso. Nash goza del momento y acerca la cara todavía más para recibir todo lo que le doy mientras gime contra mi coño.
—Eso es, pequeña luciérnaga. Eres muy buena chica. Mía.