Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 54
88%

Capítulo 54

CeCe

— Andrew nos dijo que volvías a la ciudad. Nos alegramos mucho de que regreses, ha estado muy perdido sin ti —susurra Rachel mientras los tres hombres hablan de cosas del trabajo al otro lado de la mesa.

—No he vuelto para quedarme. He venido para recoger mis cosas.

La cabeza me da vueltas, y no dejo de preguntarme por qué sigo aquí sentada.

¿Por qué no me levanto y le tiro algo a Andrew por encima de la mesa?

Ya sé la respuesta. Si lo hago, lo único que conseguiría es provocarlo.

Le daría una razón para decir que estoy loca, y entonces todos se apiadarían de él.

Se convertiría en la víctima, y no pienso darle esa satisfacción.

Me terminaré mi cena, me largaré de su apartamento y volveré a casa después de la reunión de mañana.

—Esperábamos que lo hubierais arreglado cuando nos invitó. Te echamos mucho de menos.

«Ya, claro».

Echan de menos cotillear sobre mí, igual que hacen con todos los de nuestro círculo social. Estas chicas son unas auténticas metomentodas y de lo más superficiales. Sus vidas giran en torno al drama.

—Eso no va a pasar. Ahora tengo una vida en Kentucky . Un trabajo del que estoy orgullosa. —«Espero seguir teniéndolo».

—A ver… Es que creemos que quizá estés siendo un poco melodramática —comenta Lenora , y sus brillantes labios rosados se transforman en una sonrisa compasiva—.

No podemos estar con hombres poderosos sin tolerar alguna que otra indiscreción de vez en cuando.

Es algo que tienes que aceptar. Todos los hombres tienen una aventura en algún momento.

Al menos cuando estos lo hacen, tenemos un apartamento de lujo y una tarjeta platino para amortiguar el golpe.

— Lenora suelta una risa majestuosa, y la miro con incredulidad.

¿ Andrew ha invitado a estas mujeres para intentar convencerme de que vuelva con él?

De repente, se me revuelve el estómago. Todo lo que odiaba de esta vida me invade y necesito salir de aquí. Miro a Andrew desde el otro lado de la mesa.

—Disculpad —murmuro a todos los comensales mientras cojo mi bolso y me dirijo al baño de mujeres.

Siento que Andrew me pisa los talones cuando giro la esquina hacia el baño.

— Cecilia —me llama Andrew .

Me doy la vuelta en el oscuro pasillo, iluminado únicamente por el neón rojo de los letreros del baño.

—¡No me puedo creer que los hayas traído aquí! —medio susurro, medio grito—. ¿También les has obligado a recitar ese ridículo discursito?

—Alguien tiene que hacerte entrar en razón, CeCe .

He vendido el apartamento para darte lo que siempre has querido.

Voy a comprar una casa en Lawrenceville .

—Menciona un pueblo cercano en las afueras—.

Donde siempre has querido. Quiero sentar la cabeza y formar una familia juntos.

Ahora sé lo equivocado que estaba, incluso cuando fui a Laurel Creek , porque no estaba preparado para darte todo lo que querías en aquel entonces.

«¿Estoy sufriendo un derrame cerebral?»

— Andrew , lo nuestro se ha terminado. No pienso volver aquí. Tengo una vida, un trabajo, mis amigas, estoy más unida a mi madre de lo que he estado en años y jamás confiaré en ti. Por no mencionar que no te quiero.

Andrew da un paso adelante y su característico aroma a Burberry me invade las fosas nasales. Antes me encantaba, ahora me da náuseas. Apoya las manos en la pared, a ambos lados de mi cabeza.

—Claro que me quieres. No lo dices en serio. Te echo de menos, muñeca, y estoy harto de ser amable. Volverás conmigo, quieras o no. Siempre me salgo con la mía. Dime lo que quieres y lo haré realidad —susurra.

Me estremezco. Debería haberlo sabido por ese apodo. Eso es todo lo que era para él: su trofeo, su muñeca.

Entro en pánico. Me da vueltas la cabeza mientras asimilo que ha hecho todo esto para traerme aquí y, por un momento, me pregunto si realmente era necesario venir a firmar en persona con Gary .

Andrew se ha vuelto loco si cree que me va a tocar. Repaso mentalmente mi plan de darle un rodillazo en los huevos como me dijo Ginger y escaparme por la puerta principal antes de que le dé tiempo a recuperarse. Tendría que ir a un hotel…

—Ni un puto paso más. —Tengo una experiencia extracorpórea cuando escucho la voz de Nash por detrás de Andrew .

Me giro para mirarle a los ojos y me quedo boquiabierta. Va vestido completamente de negro, el pelo oscuro le cae sobre la frente y las enredaderas tatuadas en el cuello asoman por debajo de la sudadera. Tiene un aspecto siniestro y parece que está a punto de matar a Andrew .

Andrew se gira y se sorprende al verlo ahí, pero luego sonríe. Se pone chulito porque estamos en su terreno.

—Por supuesto que está aquí —me dice, y luego se gira para mirar a Nash —. Esto es entre mi prometida y yo.

Baja la mano para tocarme la cara, pero consigo esquivarlo y escapar de su agarre para esconderme detrás del cuerpo musculoso de Nash . No me importa por qué está aquí o cómo ha sabido dónde encontrarme. Simplemente me alegro de que así sea.

Tenía razón desde el principio. Andrew me mintió para que viniera aquí y así intentar presionarme para que volviera con él. Estoy convencida de que ni siquiera le importo. Solo le importa ganar.

Nash no pierde el tiempo. Se acerca a Andrew y le rodea el cuello con su enorme mano para estamparlo contra la pared y levantarlo hasta que los dedos de sus pies rozan el suelo.

Andrew le clava las uñas con debilidad y gruñe.

—Creo que no terminas de entender la cantidad de formas en las que me encantaría hacerte daño. He soñado con todas ellas, joder.

—Demanda… —espeta Andrew .

Nash se ríe con maldad.

—Eres un puto cobarde. Te dije que nunca volverías a ver a CeCe sin mí.

Y ahora te digo que esta es la última vez que la verás.

—Utiliza la mano libre para darle dos palmaditas a Andrew en la cara.

Fuerte—. Mañana te reunirás con el transportista para enviarle sus cosas a Kentucky .

A las 9.30. ¿Lo entiendes, Drew ? Y si vuelves a llamarla «tu prometida», te arrancaré la lengua con mi propia mano.

Andrew respira con dificultad, y su enrojecido rostro empieza a oscurecerse rápidamente.

Pasa el tiempo y temo que Nash no lo suelte, pero justo cuando abro la boca para decir algo, deja caer al suelo a Andrew , que no deja de jadear con la cara morada.

Luego se da la vuelta, me agarra de la mano y me arrastra hacia la puerta.

Cuando pasamos por el lado opuesto de donde estábamos sentados Andrew y yo, tira un billete de cien dólares sobre una mesa.

Lo miro por encima del hombro y me doy cuenta de que ha estado aquí todo el tiempo.

Nash está hecho una furia y camina a toda prisa, de manera que tengo que correr tras él. Me habla en voz baja y tranquila bajo la lluvia.

—Lo primero que vas a hacer por la mañana es llamar a ese puto abogado y decirle que quieres una cita separada de Andrew para firmar. Y yo te acompañaré.

— Nash …

—Y no te quedarás ni una noche más en ese puto apartamento.

— Nash …

—Te quedarás conmigo en el Four Seasons .

—¡ Nash ! —grito.

Me detengo en seco y le suelto la mano.

Él también se detiene y se da la vuelta para mirarme cuando por fin consigo que reaccione.

—¿Qué haces aquí? —susurro—. ¿Cómo supiste dónde estaba? ¿Me has estado siguiendo?

—Sí —responde con seguridad. Se acerca a mí bajo la lluvia y me agarra de los hombros—. Haría cualquier cosa para protegerte y sabía que tramaba algo.

— Nash , no quiero que me des nada que no puedas ofrecerme. No quiero pedirte que te conviertas en alguien que no eres, porque así eres maravilloso. Está bien que solo fuera una fase. No tenías que seguirme hasta la otra punta del país. Con el tiempo, creo que podemos ser…

—Deja de hablar, Rae . —Me sujeta la cara con sus grandes manos y me inclina la cabeza lo suficiente para que nuestros labios se encuentren en un beso suave y abrasador—.

No es ninguna fase. Es todo lo contrario.

Lo nuestro es eterno. Te quiero más que a nada en esta vida y he venido hasta aquí para asegurarme de que lo supieras.

Seguirte hasta la otra punta del país no es nada.

Te seguiré allá donde vayas durante el resto de mi vida. Y luego te seguiré hasta la próxima.

Nash vuelve a posar los labios sobre los míos en plena Sexta Avenida, y el corazón me late con fuerza mientras le devuelvo el beso con toda la pasión que siento por él. Sé lo que está haciendo y lo difícil que es para él. Se está dejando llevar. Está confiando en mí. En nosotros.

—Te quiero muchísimo —susurro cuando rompe nuestro beso. Qué gusto da decirlo en voz alta.

—Lo siento muchísimo, CeCe . Debería haber dicho algo cuando Wade nos pilló. Debería haber sido lo que necesitabas, pero no lo fui. Dedicaré cada segundo de cada día a compensarte, si me dejas.

—Yo también lo siento. Sabía lo que podías ofrecerme, Nash , y te quiero con todo mi corazón. Iremos pasito a pasito.

Nash niega con la cabeza. Deposita un suave beso en mis labios, y su sabor combinado con el de la lluvia envía una descarga a mi sexo mientras sonríe contra mi boca.

—No necesito tiempo, pequeña luciérnaga.

Lo quiero todo. Quiero los cumpleaños, los bebés, las vacaciones, las mañanas tranquilas de domingo preparando tortitas para nuestros hijos.

Quiero ser su entrenador de hockey , pescar con ellos en el arroyo y quejarme cuando me pidas que limpie el garaje o arregle el grifo que gotea.

Quiero sentarme en el porche contigo y tomarnos un café cada puta mañana.

CeCe , quiero una vida contigo. Una que me aterra perder.

Se me llenan los ojos de lágrimas mientras le acaricio la mandíbula cubierta de barba.

—Me estoy calando. Sáqueme de aquí, señor Carter —susurro contra sus labios, y me sonríe.

—Te quiero, mi pequeña luciérnaga, mi pequeño rayo de sol. —Me acaricia la mejilla con el pulgar mientras lo beso, y me imagino todas las cosas maravillosas que me acaba de decir al tiempo que las lágrimas caen por mis mejillas.