Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 53
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Capítulo 53

Nash

Me pongo la capucha. Seattle es fría, está llena de gente y llueve. Vale, es sofisticada y vibrante, pero no hay comparación con las ondulantes colinas y los extensos valles de Kentucky .

La niebla impregna el aire cuando entro sigilosamente en el restaurante en el que entró CeCe hace unos minutos. He estado rastreando su paradero gracias a la mismísima Ginger , quien me ayudó sin dudarlo ni un segundo. También está preocupada porque CeCe pase unos días sola con el imbécil de su ex.

Le estoy dando espacio, pero si se planteó siquiera que la dejaría hacer esto sola con Andrew , es que está más loca que yo, joder.

Si no la toca ni intenta nada, me mantendré apartado y me encontraré con ella en el aeropuerto mañana.

He reservado un asiento en el mismo vuelo que ella para volver a casa.

No obstante, si le hace el más mínimo gesto malintencionado, le partiré la cara y disfrutaré cada segundo. Mi instinto me dice que solo está esperando su oportunidad, y nunca me equivoco en lo que respecta a la gente. Lo tengo calado desde el momento en que lo vi en la calle principal.

Me siento en una mesa situada en un rincón oscuro, desde donde puedo vigilar a CeCe entre la multitud, y la camarera me trae el menú. Sonrío y le pido un refresco de cola. Estoy sumamente agotado y un poco de cafeína es justo lo que necesito.

Tras tomarme la noche libre en el bar el domingo por la noche, me bebí media botella de bourbon y observé las fotos del precioso rostro de CeCe que tenía en el teléfono mientras escuchaba a todo volumen toda la discografía de Shania Twain .

Me desperté el lunes a las 03.13, bañado en sudor frío y con el estómago revuelto por las pesadillas que no había tenido en semanas desde que CeCe empezó a dormir a mi lado.

De hecho, hubo muchas noches en las que me desperté mucho después de las 03.

13 con su cálido cuerpecito pegado al mío y me sentí reconfortado.

En paz, por primera vez en mi vida. Y el puto cabrón que no le dijo cómo se sentía antes de que se marchara, soy yo.

Pero esta vez, la única diferencia que había en mi sueño fue que en el asiento delantero del coche estaban CeCe y Wyatt , no mis padres. La mirada que me lanzó Wyatt en el sueño me atormentó. Se giró en el asiento delantero y me dijo: «Ayúdales a superar mi marcha, sobre todo a las chicas».

El peso de lo imbécil que he sido cae sobre mí como una losa.

Tuve la puta oportunidad de demostrar que era digno de CeCe y la decepcioné; el miedo y el pánico me paralizaron.

No luchar por ella cuando tuve la oportunidad ni decirle que se había convertido en mi mundo entero fue el mayor error de mi vida.

No dejaba de escuchar sus palabras en mi cabeza.

«El amor puede llegar de un día para otro, y luego desaparecer por completo».

Gracias a esas palabras, y tras darme una ducha caliente y beberme un Gatorade , me despejé por completo.

Me puse las pilas, llamé a mi familia y me fui al rancho, dispuesto a arriesgarlo todo y a poner las cartas sobre la mesa.

Era un lunes como otro cualquiera cuando entré por la puerta principal, aunque esta vez le pedí a Jo que invitara a Ginger y Olivia . Les debía una explicación, a todos y cada uno de ellos, y tenía la intención de sincerarme por completo.

Wade me gruñó cuando me vio entrar, pero Cole parecía indiferente. Me sirvió un vaso de bourbon y lo deslizó hacia mí por la isla. Aunque lo último que me apetecía era beber con la resaca que tenía, lo cogí y brindé con él después de apoyarlo sobre la mesa. Por Wyatt .

— Mabel está con Gemma esta noche, así que si quieres hablar, tienes la palabra.

No me hizo ni pizca de gracia cuando Wade me lo contó, pero si puedes demostrarme que vas en serio con CeCe , creo que podrías ser bueno para ella —me dijo Cole en voz baja.

Asentí con la cabeza, agradecido por su pequeño voto de confianza.

Miré a mi alrededor, a la gente a la que quería como si fueran mi familia, incluso a la tocapelotas de Ginger Danforth , y me abrí en canal. Se lo conté todo.

—Dame una buena razón para no darte un mamporro en la cabeza, Nash —empezó a decir Ginger .

—Cálmate, matona —le murmuró Cole , y ella le dio un golpe en el hombro.

Me aclaré la garganta para tomar el control de la habitación, y todas las miradas se clavaron en mí. Sabía que tenía que empezar a lo grande.

—Me lo merezco. Debería haberos contado todo esto antes, pero la quiero muchísimo.

Nunca imaginé que querría a alguien así.

Esto no es una aventura. CeCe es la indicada.

Ella es mi futuro. —Miré directamente a Wade —.

Lo es todo para mí, y temo haberla perdido por no decírtelo cuando entraste la otra noche.

—No la has perdido —afirmó Ginger desde el otro lado de la mesa—. Se siente fatal en Seattle . Lo noté en su voz cuando hablé con ella esta mañana. Espera que hayas recuperado la cordura cuando vuelva a casa el miércoles.

—Yo pensé lo mismo —añadió Olivia —. Como si estuviera contando los minutos para volver a casa. Dijo que no pensaba que se sentiría tan incómoda en ese apartamento.

Se me encogió el pecho de inmediato al pensar que CeCe se sentía de esa manera.

—Lamento no habéroslo contado cuando empezó, pero ninguno de los dos lo vio venir.

Os quiero a todos, sois mi familia. Y joder, quiero a esa preciosa y brillante mujer que ilumina mis noches como una luciérnaga, más que a nadie ni a nada.

Es importante que entendáis mis intenciones.

Me voy a Seattle . Estoy harto de dejar a CeCe sola.

Nunca volverá a enfrentarse a nada sola.

No confío para nada en ese cabrón de Andrew .

No sé cómo explicarlo, pero mi instinto me dice que este viaje huele a chamusquina.

Mamá Jo alargó el brazo por encima de la mesa y me cubrió la mano lo mejor que pudo con su curtida palma.

—Te quiero como a mi propio hijo, Nash . Estoy tranquila porque no hay nadie mejor que tú para querer a mi pequeña, y sé que Wyatt diría lo mismo si estuviera aquí. Tienes nuestra bendición.

Cubrí su mano con la mía y miré a Wade .

—Lo siento, hermano. Lamento que te hayas enterado así y, sobre todo, lamento no haber dicho nada la otra noche.

Wade se inclinó hacia mí por encima de la mesa.

—Más te vale ser el hombre de bien que necesita, joder. Que te conozca de toda la vida no significa que no te vaya a dar una paliza si hace falta. —Me hizo una mueca desde el otro lado de la mesa.

—Si la cago, lo aceptaré encantado. —Le devolví la sonrisa.

—Y nada de demostraciones públicas de afecto. No quiero vomitar cuando os vea juntos —añadió Cole mientras se estremecía, lo que le valió otro tortazo de Ginger .

—Que seas incapaz de sentir nada, como buen mujeriego, no significa que los demás deban ocultar su amor. A mí me parece bonito. —Me sonrió y, por un segundo, casi empieza a agradarme.

—Sí, cierra la boca, chico. Es adorable —le ordenó Mamá Jo a Cole , y luego me susurró—: Tienes el corazón de CeCe , cariño. Cuídalo mucho.

Asentí e ignoré el escozor que sentí en la nariz por la mujer que, a todos los efectos, había sido mi madre durante la mitad de mi vida.

—Me cago en la puta. — Wade nos sorprendió a todos cuando su mueca de mal humor se transformó en una amplia sonrisa.

Wade solo sonríe así una vez al año, quizá dos.

—No esperes que siente la cabeza de verdad —me advirtió.

Le devolví la sonrisa al recordar la conversación que tuvimos en el granero a principios de verano. «Sentaré la cabeza cuando lo hagas tú».

—Será mejor que empieces a tomártelo en serio, amigo. —Me reí, y Wade me dio un puñetazo en el hombro.

—Por Wy . Y por Nash y CeCe .

Mamá Jo levantó su vaso de bourbon y los demás la imitamos: apoyamos nuestros vasos en la mesa y nos los bebimos de un trago.

—Vamos a comer —añadió Jo, y me senté en la mesa con mi familia para disfrutar del resto de nuestra habitual cena de los lunes por la noche.

Después de volar ayer desde Cincinnati y de registrarme en el Four Seasons , en la otra punta de la ciudad (lo suficientemente lejos de su apartamento como para evitar acercarme a ella innecesariamente), tengo frío y estoy mojado.

Y estoy a diez segundos —o a que Andrew vuelva a ponerle las manos encima a CeCe , lo que ocurra primero— de estamparlo contra el suelo una última vez, llevarme a mi chica a casa y decirle lo perdidamente enamorado que estoy de ella mientras le suplico perdón por haberme portado como un puto imbécil el sábado pasado.

Entonces, me sumergiré en ella cada segundo que pueda hasta que un desastre natural o la muerte nos obligue a salir de casa.

Pido un plato de pasta Alfredo , ya que me doy cuenta de que hoy no he comido nada más que una barrita de proteínas, y observo la cara de CeCe desde el otro lado del restaurante. Parece tensa e incómoda mientras ojea el menú, y me encanta, joder. Me deleito con la vista.

Sin duda, me habría destrozado si la hubiera visto feliz y relajada con ese imbécil.

Veo que da golpecitos contra el suelo con sus tacones altos, y me impregno de su belleza mientras observo cómo pide la comida.

Va vestida de manera informal, pero está perfecta con sus medias negras y sus tacones de punta abierta, combinados con su blusa larga y holgada de seda con botones.

Los dos parecen estar charlando tranquilamente mientras yo devoro mi comida.

Estoy a punto de terminarme el plato cuando un cuarteto ruidoso y desagradable entra en el restaurante.

Parecen demasiado pijos para comer allí y se dirigen directamente a la mesa de CeCe .

La del pelo cobrizo, que parece haberse hecho más cirugías estéticas de las que su cara de veinteañera justifica, se lanza a los tensos brazos de CeCe .

Puedo ver la cara de Rae por encima del hombro de Doña Estirada, y es evidente que no le gusta nada esto.

Parece una pequeña cita grupal, y me da la sensación de que CeCe no tenía ni idea de que esta gente iba a venir.

Por lo que me contó Ginger , se suponía que CeCe y Andrew iban a reunirse para hablar del acuerdo mientras los compradores visitaban el apartamento, pero no parece que vayan a hablar de ningún acuerdo. Más bien parece una emboscada, y CeCe está en el centro.

Me agarro a la mesa con fuerza y se me ponen los nudillos blancos. Le doy cinco minutos para salir de esto sola.