Capítulo 52
CeCe
Ginger : Pídemelo y le parto la cara, nena.
Liv : Lo mismo digo.
Yo: No, tiene que tomar su propia decisión. No voy a presionarlo de ninguna manera. Me juré a mí misma y a mi padre que la próxima vez que me comprometiera con un hombre, me quisiera de todo corazón.
Ginger : Te quiere, CeCe . Estoy segura. A ver qué pasa cuando vuelvas. Y si Andrew te atosiga esta semana… dale una patada en los huevos. Fuerte.
Me río en el asiento del avión, y la anciana sentada a mi lado me mira con una sonrisa amable.
Yo: Cuidad del fuerte esta noche, chicas. Romped corazones sin quebrantar la ley. Deseadme suerte.
Liv : No necesitas suerte, nena. Puedes hacerlo.
Ginger : 😘
Señor Carter : Sé que estás molesta conmigo. Lo siento, CeCe . Espero que todo vaya bien. Cuídate.
Señor Carter : Me estoy volviendo loco pensando en que estás ahí sola. Por favor, no dudes en llamarme si me necesitas.
Pongo el teléfono en modo avión y me pongo los auriculares mientras nos preparamos para el despegue.
Andrew : He venido a recogerte.
Yo: Andrew , te dije que no hacía falta. Podría haber cogido un Uber.
Andrew : Estoy fuera de la terminal.
Guardo el teléfono en el bolso y suspiro. Hace más de un mes que no veo a Andrew , desde que Nash lo golpeó en plena calle, así que me preparo mentalmente. La ansiedad, que empieza a resultarme familiar, me recorre la espalda.
El aire es más fresco en Seattle : no estaremos a más de dieciocho grados. Veo a Andrew antes de que él me vea. Lleva el pelo rubio perfectamente peinado, unos pantalones de diseñador y una chaqueta Burberry .
Me estremezco y, de repente, siento que voy mal vestida cuando Andrew se gira y repasa mi atuendo con la mirada: mis shorts vaqueros y rasgados, mi camiseta negra de los Ramones y mis sandalias de piel.
—Bueno, Cecilia , veo que te has vestido de forma casual —bromea mientras se inclina y me besa la mejilla.
Me pongo rígida ante su cercanía.
—¿Nos vamos?
Asiento con la cabeza.
—Ya he vaciado el apartamento. Hay comida para ti, si quieres. Nos reuniremos con Gary el miércoles, pero tienes los próximos dos días para organizar tus pertenencias. Por si sirve de algo, me gustaría disculparme por haberte hablado tan fuera de lugar la última vez que nos vimos.
—Gracias —replico, y le ofrezco una sonrisa forzada.
El ambiente entre nosotros es extraño y forzado. Andrew no es un buen hombre; es pomposo y no piensa en nadie más que en sí mismo, así que toda esta dulzura me desconcierta. Lo único que quiero es alejarme de él.
Llegamos al complejo de apartamentos Crystal Terrace mientras jugueteo con la correa de mi bolso. No esperaba que me impactara tanto volver aquí.
Se me encoge el pecho y todos los recuerdos con Andrew me golpean de golpe.
La preocupación constante, la presión incesante por no hacer preguntas y aceptar las cosas como eran.
Al contemplar esta estructura impecable y pulida, me doy cuenta de que, tras dos meses viviendo en Kentucky de nuevo, esto me resulta completamente ajeno y falso.
Y ahora mismo lo único en lo que puedo pensar es en Nash y en lo mucho que odiaría todo lo relacionado con este edificio sofocante y lujoso.
De repente, mientras miro por la ventana, me arrepiento de haberle dado un ultimátum.
Ni siquiera le di la oportunidad de responderme, me limité a confesarle todos mis sentimientos y esperar a que él hiciera lo mismo.
Sin embargo, Nash no es como yo, y no tengo ni idea de cuánto le debe costar ceder el control.
Andrew se aclara la garganta. Me vuelvo hacia él mientras sale del coche y saca mi maleta del asiento trasero.
—Yo puedo, Andrew . Gracias.
—Te la subiré arriba.
—No, Andrew . Ya lo hago yo.
—No es ninguna molestia, de verdad. No deberías subirla hasta arriba…
— Andrew , por favor. Será más fácil si no pasamos tiempo juntos. He venido para recoger mis cosas y firmar los papeles, punto. —Le quito la maleta de las manos y me la acerco al cuerpo—. Te veo el miércoles —me despido con firmeza.
Por fin capta la indirecta y retrocede hacia su coche. Asiente mientras se aleja.
—Está bien, CeCe . Si necesitas algo, solo tienes que llamarme.
—Gracias.
Por suerte, se retira y regresa a su coche, y yo me aventuro a entrar en el edificio. Ya me arrepiento de estar allí y rezo para que el tiempo pase rápido.
Me paso las siguientes cuarenta y ocho horas organizando mis cosas de los ocho años en los que viví aquí, comiendo, bebiéndome las botellas de vino más caras de Andrew y llorando.
El refugio para mujeres en el que solía trabajar estuvo encantado de ayudarme cuando llamé esta mañana y vino a recoger todo lo que no quería: montones de ropa, zapatos y accesorios que nunca me pondré en Kentucky .
Tras empaquetar todo lo que de verdad quiero conservar, me recuesto en el sofá y respiro hondo.
Solo estamos a martes.
Andrew : Los nuevos compradores quieren ver el apartamento una vez más antes de firmar mañana. ¿Cómo lo llevas? ¿Lo ves factible?
Yo: Sí, no hay problema. ¿A qué hora?
Andrew : Hoy a las seis y media.
Yo: De acuerdo, me mantendré al margen para no molestar.
Andrew : En realidad, les gustaría visitarlo ellos solos. Había pensado que podríamos cenar algo rápido mientras repasamos todo para estar preparados mañana.
Me muerdo el labio inferior. Lo último que me apetece es cenar con Andrew .
Andrew : Sé que le estás dando demasiadas vueltas. Solo es una cena, CeCe . Estuvimos ocho años juntos. Espero que cuando todo esto termine, podamos ser amigos. Podemos ir a El Fonzo. Y además, ¿qué otra opción tienes? Está lloviendo y tendrás que estar fuera al menos una hora.
Yo: Vale. Nos vemos allí. Diles que tienen una hora.
Le envío un mensaje a Ginger informándole de mis planes para que alguien sepa dónde voy a estar.
Dejo el teléfono y miro a mi alrededor. Tenemos la cita programada para mañana al mediodía y mi vuelo sale a las tres y cuarto. De repente, me doy cuenta de que esta será la última vez que vea este lugar. Me seco una lágrima.
No estoy triste por Andrew y por mí, ni por desprenderme de este lugar. Simplemente estoy triste.
Una etapa entera desperdiciada, años de mi vida que jamás recuperaré. Pienso en la mirada de Nash de la otra noche, en lo aterrorizado que estaba, y me pregunto si tiene razón. A veces, las relaciones son una mierda.
Aunque me haya tomado un descanso y no haya contestado los mensajes de Nash , me ha escrito todos los días desde que me fui de Kentucky .
Me ha dicho que tenemos que hablar, que se quedó paralizado, que lo siente mucho.
Pero tengo que separar estas dos facetas de mi vida hasta que regrese, como la Iglesia y el Estado.
Primero me ocuparé de Andrew y luego volveré a casa para enfrentarme a Nash .
Puede que quiera seguir adelante e intentar tener una relación seria, o puede que no.
Estoy preparada para cualquiera de las dos.
También he recibido mensajes de mi madre y de Cole , lo que significa que Wade ya los ha puesto al día.
Los de mamá fueron dulces y alentadores, y me repitió que tuviera paciencia.
Los de Cole no reflejaban enfado, pero eran bruscos.
Me preguntó cómo había permitido que pasara esto con alguien que prácticamente es de la familia, pero luego añadió que me escucharía si quería hablar.
Normalmente es el más tranquilo de mis dos hermanos.
He repasado cada momento con Nash de los últimos dos meses. Sabía quién era, pero no lo vi venir. Y para ser sincera, jamás habría podido detener esto, ni aunque lo hubiera visto.
Abro la puerta de El Fonzo y me invade la nostalgia.
Pasé muchas noches divertidas aquí con mis amigos de la universidad, con quienes he perdido el contacto desde entonces.
El espacio, amplio pero íntimo, tiene paredes de ladrillo a ambos lados y cuenta con grandes ventanales que dan a la calle Stewart .
Unas bombillas de estilo retro centellean en el techo y suena una melancólica música instrumental italiana por los altavoces.
Andrew ya está sentado en el concurrido restaurante, pero lo localizo fácilmente entre la multitud que abarrota el oscuro espacio.
Levanta una mano y, mientras me dirijo hacia él, me pregunto qué vi en mi exprometido.
Parece agotado y cansado, como si estos últimos meses no hubieran sido fáciles para él.
Me da un poco de pena. Nunca entenderá lo que siento por Nash .
Andrew no sabe amar a nadie, ni siquiera a sí mismo, y por eso, probablemente siempre vivirá una vida vacía.
— Andrew —lo saludo cuando se levanta y me estrecha la mano.
Nos sentamos y un silencio incómodo se instala entre nosotros.
—¿Ya lo tienes todo organizado? —pregunta mientras ojea el menú.
—Sí, el transportista vendrá mañana por la mañana para llevarse a Kentucky las pertenencias que quiero conservar.
El camarero se acerca a nuestra mesa y Andrew pide vino tinto, mientras que yo pido un té helado. Ya he bebido suficiente vino en los últimos dos días para lo que queda de semana.
Hablamos con cierta incomodidad sobre los aspectos técnicos de la venta del apartamento, el clima y los nuevos platos del menú. Empiezo a preguntarme si sobreviviré a esta cena. ¿Tan forzadas eran las cosas antes?
Desvío mi atención de Andrew cuando oigo un parloteo a mi alrededor y, de repente, veo que unos rostros conocidos entran por la puerta principal. David y Rachel Thompson , y Bradley y Lenora Stanton , los mejores amigos y compañeros de Andrew , se acercan a nuestra mesa.
Los miro a ellos y a Andrew alternativamente.
—Perdón por llegar tarde, había mucho tráfico —dice Rachel mientras se inclina hacia mí para abrazarme.
Me quedo atónita, sentada allí frente a ella, y me giro para mirar a Andrew de nuevo.
El perfume Chanel N°5 de Rachel me invade las fosas nasales y su sedoso pelo rojo me hace cosquillas en la mejilla mientras me abraza, pero no aparto los ojos de Andrew .
—Querían verte, así que pensé que podíamos cenar todos juntos, como en los viejos tiempos —explica, y me lanza una mirada engreída.