Capítulo 51
CeCe
—No me has respondido esta noche. Me he vuelto loco. — Nash sigue dentro de mí cuando habla contra mi hombro. Mi vestido está hecho un gurruño alrededor de mi cintura y ambos estamos cubiertos de una fina capa de sudor.
—¿A qué no te he respondido?
—Te he escrito varios mensajes de lo más ridículos que no debería haberte enviado, pero, en mi defensa, me estaba volviendo loco sin ti.
Sonrío contra su cuello.
—Si eso forma parte de tu disculpa, la acepto. No he mirado el teléfono en todo el día. No quería discutir y estaba… haciendo la maleta.
Su cuerpo se tensa debajo de mí.
—Todavía detesto que vayas sola.
Me preparo para otra discusión, pero las siguientes palabras de Nash me sorprenden.
—Guarda mi número en favoritos. Me subiré en el próximo avión para matarlo si ese cabrón intenta algo, aunque sea remotamente sospechoso.
Mi corazón rebosa de amor al saber cuánto se preocupa, cuántos sentimientos ha admitido tener por mí esta noche solo al venir aquí.
Quizá mamá tenga razón: el tiempo lo soluciona todo, y marcharme a Seattle le dará unos días para pensar.
Cuando regrese, tendremos una conversación larga y necesaria.
No puedo seguir jugando con mi corazón. Si no estamos en el mismo punto, tendré que poner fin a lo que tenemos. Aunque eso me mate…
Disfruto este momento al máximo. Le beso la mandíbula y el cuello. Su barba incipiente me araña los labios de forma exquisita, y su aroma limpio y picante me llena los sentidos.
—Si no te conociera —le doy otro beso—, diría que te importo un poco más de lo que dejas entrever. Y me parece bien que te lo guardes para ti. —Me bajo de él, me coloco bien el vestido y me vuelvo a poner el tanga—. Siempre y cuando me lo digas en un futuro próximo.
Nash esboza una sonrisa perfecta y torcida mientras se pone de pie y se sube los pantalones. Se acerca a mí y me pone las manos en las caderas para acercarme a él.
—Claro que… me importas, CeCe . Tantísimo que…
la idea de que te pase algo mientras estás sola al otro lado del país con ese cabrón me vuelve loco.
—Me coloca un mechón de pelo suelto detrás de la oreja, me inclina la barbilla hacia él y me besa con suavidad y delicadeza—.
Joder, estoy completamente obsesionado contigo, por si no te habías dado cuenta.
Me cuesta mucho vivir sin ti, por eso me he presentado aquí hecho una fiera cuando no me has contestado.
Suspiro y sonrío. Su sinceridad me sorprende, pero sé exactamente cómo se siente porque yo también he perdido la cabeza todo el maldito día.
—Menos mal que has entrado en razón. Por si no te habías dado cuenta, yo estoy igual que tú —replico mientras Nash me llena el cuello de besos. Me aprieto contra él y lo rodeo con los brazos.
—¿Qué cojones es esto? —Una voz fuerte y profunda resuena en la cabaña, y Nash y yo pegamos un bote. Nos giramos y vemos a un Wade cabreado y muy confundido a tres metros de nosotros.
Estaba tan obnubilada por el deseo que se me olvidó cerrar la puerta con llave y, no sé cómo, ninguno de los dos lo ha escuchado entrar. Es imposible malinterpretar lo que está ocurriendo aquí. La forma en que nos abrazamos y el torso desnudo de Nash lo dicen muy claramente.
—¿Qué cojones, Nash ? — Wade se quita el sombrero y se pasa una mano por el pelo—. ¿Tú y mi hermana?
— Wade … —empiezo a decir.
—Es prácticamente tu familia. ¿Qué cojones?
Nash se pone la camiseta por la cabeza.
—Esto no es lo que parece, tío —dice con voz tranquila y serena.
Me vuelvo hacia Nash con los ojos muy abiertos. «¿Ah, no?».
—Parece que te estás aprovechando de CeCe Rae .
—No se está aprovechando de mí —declaro.
—¡Claro que sí, joder! ¿Cuánto hace que empezó esto?
— Wade nos mira a ambos—. Ella está vulnerable ahora mismo.
Acaba de salir de una relación larga. ¡Y tú!
Nunca vas a sentar la cabeza, así que ¿qué cojones haces aquí?
¿La estás utilizando? — Wade ha empezado a gritar, y Nash …
Nash está paralizado. Su mirada es totalmente inexpresiva.
—Es más que eso, Wade . Yo… él me importa, y yo a él —explico mientras me giro hacia Nash para que me apoye, pero no lo hace. Parece un cervatillo deslumbrado.
—¿Es cierto eso, Nash ? ¿Te importa? ¿Qué? ¿La quieres? ¿Estás listo para cuidarla y sentar la cabeza? — Wade pone las manos en las caderas y espera atento, con un aire demasiado paternal y sureño.
Nash abre la boca para hablar y se gira hacia mí, pero pasa demasiado tiempo. Wade lo agarra por la camiseta y Nash no lo detiene; se rinde ante el fuerte agarre de mi hermano.
—No… no lo planeamos, simplemente pasó, joder —replica Nash .
Wade lo suelta y lo empuja hacia atrás.
—Eso pensaba. Confiaba en ti. Confío en ti como si fueras mi puto hermano, pero hay cosas que son sagradas, joder.
—Luego Wade se gira hacia mí con una mirada de desaprobación, la personificación de mi padre, y dice—: Vine para ver si te parecía bien lo de ir sola a Seattle , pero veo que estás bien.
— Wade … — Nash habla por fin, pero él no quiere escuchar nada.
—No te molestes en venir mañana. Necesito unos días para asimilar esta mierda —le ordena a Nash . Luego sale por la puerta y la cierra de un portazo.
Se me llenan los ojos de lágrimas. Ahí está, ¿cómo he podido ser tan increíblemente estúpida?
Me enamoré de este hombre y le abrí mi corazón, pero la culpa es mía.
Debí haberlo sabido: Nash me dijo desde el principio cuál era mi papel en esto.
Ni siquiera ha sido capaz de aceptar sus sentimientos y apoyarme cuando lo he necesitado.
—Vete a casa —le pido.
— CeCe —susurra Nash —. Me he quedado paralizado, yo…
—No me importa. Necesitaba que me apoyaras, Nash . ¿Sabes qué? Es culpa mía. Sabía que esto solo era una fase, y todas las fases tienen un final.
Empiezo a darme la vuelta, pero luego cambio de opinión.
—No, ¿sabes qué? Seré la primera en decirlo: rompí las reglas.
Me enamoré de ti como una idiota. —Ahora soy yo la que grita—.
Te quiero tanto que me consume. Pero lo quiero todo.
Te quiero en todos los sentidos, y si tú no me quieres así, entonces se acabó.
No pretendía enamorarme de ti, pero lo hice y no me da miedo admitirlo. Eso es lo que hay.
Me toca el brazo, pero sigue sin decir nada. Se me rompe el corazón en mil pedazos mientras espero las palabras que nunca llegan. Me separo de él.
— CeCe … todo ha pasado demasiado rápido. No sé cómo lidiar con estas emociones. Lo que siento por ti, nunca…
Suspiro y lo miro con las mejillas empapadas en lágrimas y el corazón hecho trizas.
—Vete a casa, Nash . Supongo que quiero lo que no puedes darme y me niego a perseguirte.
Me seca una lágrima de la mejilla.
—Por favor, no llores… joder. Solo necesito…
—No te preocupes, cariño. Jamás quise que fueras alguien que no eres —le aseguro con un tono dulce, aunque mis palabras están impregnadas de cierta maldad.
Quiero que me quiera, pero no pienso obligarlo. Mis palabras lo encienden, y sus ojos azules se vuelven intensos e insondables.
—¿Y qué pasa si te quiero? ¿Y si estoy tan enamorado de ti que hay momentos en que no pienso con claridad? Pero ¿y si un día se acaba? ¿Si desaparece como si nada? Lo perderé todo, no solo a ti, CeCe . Perderé a mi familia otra vez, joder.
Sonrío entre lágrimas y suelto una carcajada vacía.
—Así es el amor, Nash . No hay garantías: puede llegar de un día para otro y luego desaparecer por completo.
No puedes controlarlo ni preverlo. Tienes que decidir si tienes la fe suficiente para confiar en él, si la vida que podríamos tener merece la pena a pesar del miedo a perderla.
Me voy a Seattle , quizá deberías aprovechar estos días para averiguar qué quieres y, cuando regrese, ya me dices lo que has decidido.
Me lanza una mirada suplicante y veo el amor en sus ojos, pero también veo lo aterrado que está de ceder, lo cual no indica nada bueno para mí.
—Ahora, vete. Tengo que terminar de hacer la maleta.
Me doy la vuelta y coloco las manos en la isla de la cocina. Deseo que Nash se acerque a mí, que me envuelva entre sus fuertes brazos y me diga que también me quiere. Deseo que me abrace con fuerza, que me susurre al oído nuestro futuro y que me diga que todo irá bien.
Pero no lo hace.
Mi primer error fue enamorarme de él. El segundo fue esperar que fuese alguien que no es.
Oigo que la puerta se cierra detrás de él y me derrumbo.