Capítulo 49
CeCe
Yo: Decidme que ahora es cuando recupero el sentido.
Liv : Depende. ¿Cuánto hace desde que has visto su pene?
Yo: Lo digo en serio.
Liv : Yo también. Esto es solo sexo, ¿no? No dejas de repetirlo. Me pregunto cuándo te darás cuenta de que eso es una gilipollez.
No respondo porque sé que tiene razón.
Liv : ¿No siente nada por ti? ¿Por eso os pasáis el día jugando a las casitas? ¿Por el sexo, CeCe ? Tienes que hablar con él.
Ginger : Creo que Nash es más de lo que parece ser.
Te recuerdo que su familia murió delante de él.
Eso te jode la cabeza. No estás tratando con alguien a quien le resulte fácil expresar sus emociones.
Tienes que darte cuenta de que, o aceptas las cosas tal y como son, que parecen geniales desde mi punto de vista, o eres lo bastante fuerte para admitir lo que ya sabemos.
Yo: ¿Y qué es lo que tengo que admitir? Por cierto, es el mensaje más largo que has enviado nunca.
Ginger : Pues estoy escribiendo con una mano mientras como, cariño.
Ginger : Todos sabemos que Nash nunca ha dejado entrar a nadie en su espinosa fortaleza, hasta que trajiste tu culo de vuelta al pueblo.
No ves cómo te mira, CeCe . No te mira como si fueras una aventura.
Te mira como si fueras su propósito en la vida.
Además, la gente que solo tiene sexo no discute, para que lo sepas.
Me tapo la cara con las manos y resoplo cuando mi teléfono vuelve a sonar. ¿En qué maldito momento se volvió Ginger tan filosófica?
Andrew : No he tenido noticias tuyas y Gary quiere fijar una fecha y hora. ¿Puedes confirmármelo?
Abro mi portátil y empiezo a buscar vuelos que coordinen con mi agenda de la semana que viene. Como es la última semana antes del Festival del Atardecer, estoy muy ocupada. Cojo el primero que me va bien para terminar con esto cuanto antes. Respiro hondo y le respondo:
Yo: Programa la reunión para el miércoles. He reservado un vuelo para mañana por la mañana. Me iré después de firmar.
Andrew : De acuerdo. Pronto recibirás una copia escaneada del contrato en tu correo electrónico. Revísalo y dime qué te parece. El comprador firmará en cuanto lo hagamos nosotros.
Yo: ¿Sabes, Andrew ? Me hubiera gustado que me dijeras que estabas enseñando el apartamento.
Andrew : No lo he puesto a la venta, obviamente, ya que habría necesitado tu firma para eso.
Es un amigo de un amigo. Da la casualidad de que está buscando algo en el centro.
Pensé que sería más fácil que preparar la casa y esperar a que se venda durante semanas.
No tengo tiempo para eso, tengo un juicio dentro de poco.
Estoy listo para pasar página. Lo único que quiero es dejar todo esto atrás.
Hay algo en sus palabras que todavía me causa dolor y detesto que así sea. Si me siento así después de dejarlo con Andrew , Nash me va a destrozar por completo.
Para cuando llego a la casa principal, Mabel y Cole ya están sentados a la mesa. Mabel se está zampando unos huevos con beicon y Cole está leyendo el periódico, con un tobillo apoyado en la rodilla contraria.
—¿Hoy libras? —le pregunto.
—Sí. Es mi primer sábado en meses.
—Qué bien. —Le sonrío. Ojalá encontrara a alguien que lo hiciera feliz.
Es un poco rudo, pero tiene buen corazón, uno que fue destrozado.
Pero estoy segura de que no quiere estar solo para siempre.
En muchos sentidos, es como Nash : tiene miedo de que le rompan el corazón de nuevo. Miedo de perder el control.
—Cuando termine de comer iré a montar. La yaya me llevará. ¿Vendrás a verme, tita? Hoy voy a trotar —me cuenta Mabel .
—Por supuesto, cariño. —Le revuelvo el pelo y cojo un plato, donde empiezo a apilar huevos y tostadas. Entonces, mi madre entra en la cocina con sus característicos pantalones de yoga y una camiseta.
—Hola, cariño, me alegro de verte por aquí esta mañana.
—¿No estás por aquí todas las mañanas? — Cole se ríe entre dientes.
Me quedo paralizada.
—La mayoría —respondo en voz baja.
Cole me mira con una ceja arqueada.
—¿Tienes un novio secreto, CeCe Rae ?
—Cierra la boca, no es lo que piensas —replico.
—Mmm —musita Cole —. Espero que esta vez hayas elegido mejor que Andrew . Menudo imbécil —masculla mientras niega con la cabeza.
—Gracias por el recordatorio —digo con sarcasmo.
—Era imposible que lo supieras, nos engañó a todos al principio —comenta Cole con una mueca en los labios, como si tuviera diez años.
—Hablando de Andrew … Familia, tengo que ir a Seattle —les informo para dejar de hablar del incómodo tema de mi vida amorosa.
Todos dejan de hacer lo que están haciendo y me miran.
—No es una crisis. Andrew ha vendido nuestro apartamento y tengo que volver para firmar el contrato de compraventa y ocuparme del resto de mis cosas.
—No te quedarás con él, ¿verdad? —pregunta Cole , horrorizado.
«Estos hombres…».
—No, no lo haré. Él se irá a un hotel y yo me quedaré en el apartamento. De hecho, está siendo muy atento.
Cole resopla.
—Eso es lo que más me preocupa.
—Me iré mañana y volveré el miércoles por la noche —les cuento justo cuando Nash entra por la puerta principal.
—¿Has oído eso? CeCe vuelve a Seattle para enfrentarse al cab… cabezota del siglo —se corrige a sí mismo Cole para no tener que meter un dólar en la bota.
Nash gruñe mientras se sirve un café a toda prisa y me lanza una mirada rápida.
—Ajá —replica, con la mandíbula apretada de nuevo.
—Llévate al menos a una de tus amigas. Puede que Ginger sea la mujer más irritante que conozco, pero no dudo que le patearía el culo si hiciera falta —comenta Cole mientras mete un dólar en la bota situada en el centro de la mesa antes de que Mabel se lo diga.
Mabel se da cuenta y sonríe, lo que a su vez me hace sonreír a mí, y luego vuelve a comer sin decir nada.
—Te diré lo mismo que les he dicho a… mis amigas —digo al tiempo que miro a Cole y a Nash alternativamente—. No soy una chiquilla indefensa. Puedo ir a Seattle y encargarme de Andrew . Voy a hacerlo yo sola. Necesito cerrar esto. Quiero que todo salga bien para olvidarme del tema de una vez.
Nash se bebe el resto de su café de un trago y deja la taza en el fregadero con tanta fuerza que mamá y Cole lo miran.
—Nos vemos allí, Mabes —espeta, y luego se va.
—¿Por qué está tan cabreado? —pregunta Cole .
—A saber —contesta mamá con los ojos clavados en mí mientras se termina su café.
En cuanto Cole se va, nos pasamos quince minutos limpiando en silencio.
—Gracias por las tostadas, mamá.
—No hay de qué, cariño —dice mientras me acaricia la mejilla—. Ven conmigo. —Se gira hacia el estudio—. Vamos, Mabes , ponte las botas.
Oigo que Mabel se acerca corriendo y nos dirigimos hacia la puerta.
El sol de finales de agosto caldea el ambiente mientras caminamos la corta distancia hasta el establo más grande, situado cerca del granero.
Mabel va dando brincos seis metros por delante de nosotras, deteniéndose de vez en cuando para coger un insecto o una flor.
La brisa me agita el vestido. Es de lino blanco, suave y vaporoso, y tiene las mangas cortas.
Por delante me llega hasta las rodillas, pero por detrás se extiende hasta que casi toca el suelo.
Es holgado y ondea en el sofocante calor de Kentucky .
La grava cruje bajo mis botas vaqueras de toda la vida, y el establo empieza a aparecer en la lejanía.
—A Nash no parece gustarle la idea de que vayas sola a Seattle —comenta mamá mientras caminamos.
Mantengo la vista al frente. Concentrada. Mamá es mi mejor amiga y, si la miro, seguro que se lo cuento todo.
—Es como Cole o Wade , no cree que pueda hacer nada yo sola.
—Mmm… Será eso —musita mi madre.
Como si al hablar de él lo hubiéramos invocado, Nash sale del establo montado sobre su caballo purasangre favorito, el viejo River Rising de papá, y me quedo sin aire solo de verlo.
Monta con naturalidad, siempre lo ha hecho.
Sus vaqueros se ajustan a su piel en las zonas adecuadas, así como sus desgastadas botas vaqueras, y su camiseta gris se ciñe a sus brazos mientras sujeta las riendas con fuerza.
Su sombrero de vaquero le protege la cara del sol, y sonríe a dos de los niños que trotan detrás de él.
Es la primera vez que montan sus respectivos caballos en nuestra enorme pista de sesenta metros.
—Si estás relajado, tu caballo estará relajado, Sasha —le explica Nash a uno de los niños. Luego les pregunta—: ¿Sabíais que los caballos sienten todas las emociones que sentimos nosotros?
—Se le dan genial los niños… —señala mi madre mientras nos quedamos a un lado del granero para observarlo sin que nos vea.
— Mabel lo adora —comento, intentando no entrar en temas personales.
— CeCe Rae Ashby —exclama ella—. Mírame.
—¿Qué pasa, mamá? —pregunto mientras me giro hacia ella.
Me dedica su arrogante sonrisa de sabelotodo.
—Puede que los chicos no se den cuenta, pero yo sí. Estás con él cuando no estás aquí, ¿verdad?
No puedo mentirle a prácticamente nadie, pero sobre todo no puedo mentirle a mi observadora madre. Además, necesito su consejo.
Suspiro y voy directa al grano.
—Maldita sea, creo que lo quiero, mamá. Y no tengo ni idea de qué hacer al respecto.
—Lo sé, cariño. —Me da una palmadita suave en la mano.
—¿Acaso lo sabes todo?
—Casi todo, sí. —Mamá sonríe y se le arrugan las comisuras de los ojos—. Bueno, ¿qué crees que deberías hacer al respecto? —pregunta.
—Nada.
—¿Qué demonios significa eso? —inquiere, y abre tanto los ojos que parecen más grandes de lo que ya son.
—No le van las relaciones, pero me sentía muy atraída por él. Se suponía que solo sería una aventura, por eso nos hemos estado escabullendo a escondidas como ninjas en la noche. No esperaba sentir… lo que sea que sea esto.
Lo observo mientras bromea con los niños y, aunque sigo un poco enfadada por cómo se comportó esta mañana, no tengo ninguna duda de que todavía lo quiero con todo mi ser.
Mamá suspira y observa a Nash .
—Bueno, es muy fácil enamorarse de los chicos guapos y habría que estar ciega para no fijarse en ese chico. Es guapísimo.
—Sí, es realmente irritante —gruño, y ella se ríe.
Unos minutos después, me pregunta:
—¿Te ha dicho que no quiere un futuro contigo?
—Con total claridad, sí. Cuando volví a casa…
—Eso fue hace casi dos meses. Pero ¿le has preguntado ahora?
—Bueno, no.
Incluso yo sé que es una locura que hayamos seguido así durante tanto tiempo sin hablar de ello, pero me aterra que esto se termine al plantearnos tener algo real y no quiero que se acabe. No estoy preparada.
Se queda callada un momento.
—Hay que tratarlo con cuidado. Somos todo lo que tiene, somos todo lo que ha tenido durante mucho tiempo.
Tú siempre contarás con nuestro apoyo. Imagina el miedo que siente, quiera admitirlo o no, ante la posibilidad de que las cosas salgan mal contigo y cómo afectaría eso a su relación con Wade y Cole .
Seguramente piensa que lo perdería todo. A todos nosotros.
—Vosotros nunca lo abandonaríais, pase lo que pase entre nosotros.
—Lo sabemos, pero quizá él no lo sepa. —Mamá se gira hacia mí para mirarme fijamente—.
Ve a Seattle . El tiempo lo arregla todo, cariño.
¿Sabes que esperé cuatro meses a que tu padre admitiera lo que sentía por mí?
Seguro que ya lo sabía desde nuestra primera cita, pero tuve que esperar pacientemente a que lo asimilara todo.
Durante el verano de mi último año, tuve que ir dos semanas a casa de la abuela Dot , en Tennessee , para que admitiera que me echaba de menos y que no quería vivir sin mí.
La ausencia hace que el amor se intensifique.
Si el chico vale la pena, tu paciencia es todo lo que puedes darle.
—Bueno, no pienso perseguir a otro hombre. Perdí demasiado tiempo buscando el afecto de Andrew y no me llevó a ninguna parte.
Me rodea con el brazo y me da un fuerte apretón.
—Algo me dice que no tendrás que perseguir a nadie, cariño. Ya lo verás.
—¡Tita! ¡Estoy trotando! —chilla Mabel desde la pista mientras rebota con firmeza sobre su caballo, Cosmic .
—¡Ya lo veo, cariño! ¡Estoy muy orgullosa de ti! —grito. Nash se gira y se da cuenta de que estoy aquí.