Capítulo 48
Nash
Maldigo mentalmente durante todo el trayecto hacia el granero. Por primera vez desde que empezó todo esto de «solo una noche», estoy cabreado con CeCe . Quiero ir con ella… No, mejor dicho, necesito ir con ella.
Me peta la puta cabeza solo de pensar en que Andrew se acerque a ella sin mí.
Nada de esto tiene sentido. No le cuenta lo de la venta hasta que está hecha, no le da voz ni voto en el precio y le dice que tiene que ir hasta Seattle . ¿Hola? ¿Y la firma electrónica?
Aprieto los dientes. Por eso no tengo relaciones.
Estas chorradas son lo último que necesito.
¿Y si le pasa algo mientras está allí? Tampoco puedo dejar de pensar en lo que dijo Wade hace unas semanas: que CeCe volvería con Andrew porque él quiere ofrecerle lo que ella cree que yo no puedo darle.
Matrimonio, hijos, vida familiar. Un final feliz.
Cada segundo de cada día me pregunto qué estoy haciendo con CeCe .
Le he dado miles de vueltas a esto, cuando hacemos el amor cada noche como si así fuéramos a resucitar al mismísimo Cristo.
Cuando la observo mientras duerme profundamente a mi lado o cuando cocino para ella en mi casa, viéndola con el pelo recogido en un gran moño despeinado mientras prueba la salsa directamente de la cuchara.
O cuando discute conmigo sobre deportes o música, con la mirada tan brillante como esas pequeñas luciérnagas que hay en mi propiedad porque el tema le apasiona.
Incluso cuando me siento a ver el béisbol mientras ella trabaja en la mesa de mi comedor, tan jodidamente adorable con su pijama y sus gafas.
En esos momentos me pregunto cosas que nunca pensé que haría, como qué pasaría si su anticonceptivo fallara y me convirtiera en el cabrón afortunado que viera crecer su barriga con mi hijo dentro.
Entonces me visualizo perdiéndolo todo y me cago de miedo. No hay duda de que CeCe Ashby ha roto todas las reglas que había establecido. Está derribando cada pedazo de mi muro defensivo, ladrillo a ladrillo, y yo estoy hecho un puto lío mientras intento mantenerlo en pie.
—Parece que estás masticando piedras en lugar de prepararte para enseñarle a un grupo de niños de siete años —comenta Wade cuando entro en el granero.
Levanto la vista y me enderezo.
—Ya, estoy bien. He tenido una mañana ajetreada.
—Gracias por cubrirme. Molly no se encuentra bien. Solo será hasta el mediodía. Tengo que dar la clase de resistencia ecuestre para adultos, así que luego nos vemos y comemos algo.
Asiento mientras le doy una palmadita a Wade en la espalda y, por primera vez en semanas, me siento fatal por ocultarle lo mío con CeCe . En un momento de locura, casi se lo cuento todo, pero no lo hago. Me limito a fingir una sonrisa y digo:
—Me parece bien, hermano.
Luego salgo para reunirme con el alborotado grupo que me espera en el establo para montar a caballo.