Capítulo 47
CeCe
He follado más en las últimas tres semanas que en los ocho años que estuve con Andrew . No hay ni un solo momento del día en que no desee a Nash , y hemos caído en una rutina que incluye el trabajo, el rancho y estar solos, principalmente en su casa porque es más fácil.
Cocina para mí, se asegura de tener mi té en su despensa e incluso se suscribió a mi servicio de streaming favorito para que pueda disfrutar de mi dosis de «películas para chicas», como él las llama.
Es maravilloso. Es lo que siempre quise con Andrew y nunca conseguí, aunque resulte agridulce porque sé que, en el fondo, es temporal.
No hablamos del futuro porque sé el tipo de hombre que es. Conozco el trauma que ha sufrido, lo que puede darme y lo que no. He decidido que unos meses de felicidad son mejores que nada. Cuando llegue el momento, ambos lo sabremos y, con suerte, todo volverá a ser como antes.
A juzgar por lo integrado que está en mi familia, sé que no tendré más remedio que olvidarlo y temo ese día. Pero hoy no es ese día, ya que estamos en mi cama y se abre camino hacia mi entrepierna. Aún no hemos ni desayunado y hace que me corra antes de que mi cafetera termine.
—Me encanta oírte gritar mi nombre antes del desayuno —admite mientras me llena los brazos y los hombros de besos y mi respiración vuelve a la normalidad—. Vuelve a dormirte, voy a trabajar con Wade .
—Siempre es un placer obedecer tus órdenes —le respondo, y se ríe mientras sale de la habitación.
—Ya me imagino.
Una hora después me animo a levantarme de la cama para tomarme el café y empezar a ultimar los detalles del Festival del Atardecer. Falta menos de una semana. Le echo un vistazo al teléfono.
Mamá: Veo que anoche dormiste en casa. Vente a desayunar aquí.
Estoy bastante segura de que mi madre sabe que algo pasa porque nunca estoy en casa.
Nunca me pregunta con quién estoy, solo me dice que espera que yo sea feliz porque es la mejor madre del mundo y no le gusta entrometerse.
Wade y Cole no se han dado cuenta de nada; Wade trabaja en el campo desde primera hora de la mañana y Cole solo viene al rancho por las noches.
Ginger y Olivia son las únicas que están al tanto de todos los detalles turbios de este lío en el que me he metido y debo admitir que estoy bastante segura de que me estoy enamorando perdidamente de Nash Carter .
No es el tipo de amor que sentía por Andrew , si es que podía llamarse así.
No, este tipo de amor lo abarca todo. Siento la profunda necesidad de estar cerca de él.
De garabatear mi nombre para ver cómo queda con su apellido o de fantasear con envejecer junto a él mientras persigo a nuestros nietos por el jardín.
Mientras me seco el pelo, imagino cómo sería vivir con Nash en otra vida, tenerlo en casa cada noche.
La realidad me golpea en el estómago cuando pienso: «eso nunca pasará, CeCe , no le van las relaciones».
Pero esto se parece muchísimo a una relación.
Dejo a un lado mis preocupaciones y me concentro en el aquí y el ahora.
Esta noche tenemos planes. Nash va a tomarse la noche libre, algo que ha hecho tres veces en las últimas tres semanas, para sorpresa de Asher .
Y me ha informado de que es Viernes al Desnudo.
Nada de ropa hasta mañana, cosa que acepto encantada si eso significa que me va a deslumbrar con todo su increíble cuerpo.
Incluso me he comprado un vestidito sexy que pienso ponerme sin bragas, justo como a él le gusta.
Me termino el café y reviso mis correos del trabajo mientras tomo notas.
La organización del festival parece ir sobre ruedas.
El partido de Profesionales contra Lugareños es todo un éxito; casi hemos agotado las cuatro mil quinientas entradas.
La NHL incluso enviará a dos de sus jugadores actuales, Cory Kane y Chris Bell , para que jueguen con los veteranos retirados en nuestro partido benéfico.
Estamos a punto de superar con creces nuestra meta de veinticinco mil dólares, pero no se lo diremos a Harry hasta que lo sepamos con certeza.
Oigo que la puerta se abre. Nash entra mientras hablo por teléfono con la empresa de animación encargada de la llegada del castillo inflable y los puestos de feria que pondremos en el aparcamiento del Olympia .
Me hace un gesto para preguntarme si quiero otro café y observo al Nash vaquero mientras me planteo colgar el teléfono y trepar por su cuerpo como si fuera un árbol.
Me quedo sin poder de decisión porque, diez minutos después, sigo hablando por teléfono con Fiestas a Domicilio y Nash se termina su café y su barrita de proteínas.
Echo un vistazo a mi correo electrónico mientras espero a que la chica me confirme la hora y veo que aparece uno de Andrew en mi carpeta personal.
Hace un mes que no sé nada de él, lo cual es bastante raro, así que lo leo.
Cecilia ,
Ha aparecido un comprador que está dispuesto a pagar al contado por nuestro apartamento.
Nos ofrece 1,3 millones, y dividiríamos las ganancias al 50%.
Te llevarías unos 425 000 dólares después de pagar la hipoteca y al abogado.
Parece que nos ha salido bien lo de comprar cuando los precios estaban por los suelos y venderlo luego más caro.
Como llevas seis semanas fuera, me he tomado la libertad de guardar todas tus pertenencias en cajas.
Puedes recogerlas, revisarlas, donarlas o lo que quieras.
Tendrás que venir para cerrar la venta. De todas formas, tenías que volver para recoger tus cosas.
Avísame qué día te viene bien y concertaré una cita con Gary .
Puedo escanear el contrato que Gary ha redactado y enviártelo para que lo leas.
Puedes quedarte en el apartamento cuando vengas.
Yo me iré durante los dos o tres días que estés aquí y me alojaré en un hotel.
Atentamente,
Andrew Waterfield
Así, sin más, como si no hubiéramos pasado casi ocho años juntos. Ha firmado el correo como si se lo hubiera enviado a un compañero cualquiera o a un contacto comercial.
Andrew ni siquiera me informó de que iba a poner el piso a la venta. Además, está siendo demasiado amable. Algo trama. Me sudan las manos al leerlo y pensar en volver a Seattle .
Sé que tiene razón. Gary Beckman es nuestro abogado.
Es el abogado de la familia de Andrew desde hace treinta y cinco años, y Andrew no quiere a nadie más.
También tiene sesenta y cinco años y se niega a hacer nada de manera digital.
Me digo a mí misma que debo escoger mis batallas.
Estaré uno o dos días en Seattle , revisaré mis cosas, firmaré unos papeles, tendré casi medio millón más y podré cerrar este capítulo de mi vida para siempre.
A mi madre y al rancho les vendría muy bien una parte de ese dinero, y yo podría comprarme una casita para mí.
—Estás muy callada esta mañana. ¿Estás bien? — Nash me saca de mi ensoñación, que no me provoca más que ansiedad, y me observa mientras me muerdo el labio inferior con nerviosismo desde la isla de la cocina.
—¿Tan evidente soy?
Él asiente y se acerca a mí.
—Estoy bien —replico—. Estoy repasando los últimos detalles para el próximo viernes.
Por alguna razón, no me atrevo a contarle lo de la venta ni mi escapada a Seattle . No somos pareja. En realidad, mis problemas no son cosa suya. Lo dejo para más tarde mientras Nash me abraza por detrás, me aparta el pelo y me besa la nuca.
—No tenemos tiempo para eso ahora, señor Carter —bromeo.
—Pues será mejor que no me vuelvas a llamar «señor Carter » —me susurra al oído con voz ronca.
—¿No vas a dar la clase que tenía Molly esta mañana con los jinetes juveniles? —murmuro cuando empiezo a perder todas mis inhibiciones mientras me recorre el cuello con la lengua.
—Maldita sea, sí, y tengo que irme —refunfuña.
—Luego iré a desayunar con mi madre —le informo al tiempo que apoyo la cabeza en su pecho para reponerme del placer que me provoca su tacto.
Nash huele de maravilla. Hay momentos a lo largo del día en que su aroma llega a mis fosas nasales, ya sea a través de la ropa o de la piel, y solo con eso se me calienta el alma. Huele tan masculino y fresco que es una delicia.
El pitido de mi correo electrónico impide que Nash siga besándome el cuello, y el nombre de Andrew aparece de nuevo en la pantalla de mi portátil.
—¿Qué quiere el idiota de Drew ? —pregunta con indiferencia mientras se dirige al fregadero para llenar su botella de agua.
Durante cinco segundos me planteo si debo mantener esto en secreto, pero no lo hago, porque si hay algo que me caracteriza es mi sinceridad.
—Ha vendido nuestro apartamento. —La noticia es lo bastante sorprendente como para que deje de beber agua y se gire para mirarme.
—¿Lo había puesto a la venta?
—No sé cómo lo ha conseguido, pero hay un comprador dispuesto a pagar al contado.
—Vaya, eso es genial, CeCe . Así podrás empezar de cero. ¿Puede enviar el resto de tus cosas?
Me muerdo el labio inferior.
—Tengo que ir la semana que viene.
—¿A Seattle ? —pregunta, con sus rasgos perfectos empañados por la sorpresa.
—Sí. El abogado de Andrew es de la vieja escuela, no acepta firmas digitales, y de todas formas tengo que ir. Seguramente hay muchas cosas que ya no me hacen falta, así que puedo donarlas y enviar el resto yo misma. Solo estaré fuera dos o tres…
—Voy contigo.
—¿Qué?
—Voy contigo.
—No —replico en voz baja.
El silencio es ensordecedor.
—Voy a hacer esto yo sola. Andrew se alojará en un hotel mientras yo esté allí y tendré el apartamento para mí sola. No quiero nada de ese piso. Ni decoraciones ni muebles, así que no me llevará mucho tiempo. Necesito hacerlo sola, Nash .
—Ni de coña pienso dejar que vayas allí y duermas sola en su cama.
Resoplo y me echo a reír. Se está comportando como un neandertal.
—El apartamento tiene tres habitaciones. Él no estará y, desde luego, no dormiré en su cama. Me quedaré en una habitación de invitados. Y, por cierto, no eres quien para decirme lo que tengo que hacer.
No debería tener que decir esto, pero estoy frustrada con Andrew y ya estoy harta de que los hombres me digan lo que tengo que hacer. Soy una mujer adulta, puedo firmar esos papeles y recoger mis cosas yo sola.
—Además, si vienes conmigo solo conseguiremos empeorar la situación con Andrew . Me gustaría solucionarlo de forma pacífica y terminar con esto de una vez. Y para serte sincera, en realidad esto no es asunto tuyo —añado.
Nash aprieta los dientes. Tiene la mandíbula tan tensa que parece que se le va a romper un tendón.
—Todo lo que hagas es asunto mío, CeCe . No puedo protegerte si no estoy ahí.
—Lo siento, pero no es decisión tuya. No es negociable. Andrew es un imbécil, pero nunca me haría daño. De hecho, ha sido bastante amable. Extrañamente amable. —Estoy divagando. «Ve al grano, CeCe »—. Voy a ir sola. Lo arreglaré todo y volveré antes de que te des cuenta.
Sus fosas nasales se ensanchan, y lo veo claramente: el momento en que se cierra emocionalmente. La pared de hielo se yergue de nuevo y la energía de la habitación cambia.
—Llego tarde, así que nos vemos luego —espeta.
Asiento con la cabeza, porque si hay algo que no pienso hacer es perseguir a Nash Carter .
Por lo furioso que está ahora mismo, sé que le importo, pero no puede o no quiere decírmelo.
Hace mucho que esto dejó de ser «solo sexo».
Ambos lo sabemos, pero se ha mantenido firme en su postura sobre las citas y las relaciones desde el principio, y no voy a ser yo quien intente cambiarlo.
Si Nash quiere opinar sobre lo que hago, que me diga lo que quiere de mí y lo que siente por mí.
Me pasé ocho años persiguiendo a un hombre y no pienso volver a hacerlo.