Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 46
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Capítulo 46

Nash

Llevo toda la noche esperando mi oportunidad, pero aún no la he encontrado.

Llegué temprano al bar para ayudar a Asher a prepararlo todo para la noche de chicas y luego me dediqué a esperar con angustia.

Aunque solo habían pasado cuatro horas desde que la vi, echaba muchísimo de menos a CeCe , hasta que a las siete y media entró con su séquito de Demonios, Mamá Jo, Sandra y la recién contratada Ivy Spencer .

Se pasaron una hora bebiendo, charlando y bailando…

hasta que ocurre lo imposible. Los malditos Cole y Wade entran tranquilamente en el bar.

Me sorprende más que si mañana me despertara desnudo en la cima de la montaña Sugarland .

Estos chicos nunca vienen al bar. Ambos van vestidos de forma casual, con sombreros de vaquero y unas muecas en la cara que gritan que deberían estar viviendo en el Lejano Oeste.

Se unen a las chicas en su enorme reservado, situado en la esquina.

Le doy un golpecito en el hombro a Asher para decirle que me tomo unos minutos y me acerco a la familia.

—Vaya, vaya, vaya, ¿se ha congelado el infierno? ¿Los hermanos Ashby han salido a tomar algo? ¿A un bar? —pregunta Ginger cuando me acerco.

Cole muerde el anzuelo de inmediato.

—Algunos dejamos el instituto hace trece años, pero otros parece que no —replica, y suelto una carcajada.

Miro a CeCe desde el otro lado de la mesa. Tiene las mejillas sonrojadas por las sangrías que se ha bebido y lleva ese vestido negro veraniego y ajustado de antes, una coleta alta, unos grandes pendientes de aro y los labios carnosos pintados de un rojo cereza.

—Estás celoso porque no te hemos invitado a salir con nosotras. — Ginger le sonríe a Cole , y él resopla y pone los ojos en blanco.

—De todos modos, ¿qué hacéis aquí, chicos? —pregunta Olivia .

—Asegurarnos de que no corrompáis a nuestra nueva empleada —espeta Wade con la mirada clavada en Ivy , que encaja perfectamente con las chicas con su vestido de verano, su pelo negro revuelto y sus botas vaqueras de color rojo.

—Bueno, chicos, ¿estáis listos para enfrentaros en el partido de hockey benéfico, como en los viejos tiempos? —nos pregunta Olivia .

—Nosotras estaremos en las gradas, mirándoos como si volviéramos a estar en décimo curso —añade Ginger , y suelta una risita.

Cole me da una palmada en el hombro.

—Estamos listos para patearles el culo a este viejo jubilado y a sus excompañeros.

Pongo los ojos en blanco.

—Joder, es verdad. ¡El pueblo se llenará de tíos buenorros! Me encantan los jugadores de hockey , así que ¿de qué edades estamos hablando, Nashby ? ¿Demasiado mayores para mí? —pregunta Ginger .

—Quizá no sean muy mayores, pero no están lo suficientemente locos como para tener algo contigo, si saben lo que les conviene —comenta Cole .

—No te pongas celoso, cariño, y tráeme otra bebida. — Ginger agarra la cara de Cole por encima de la mesa y la mueve de un lado a otro mientras lo dice, exagerando su acento como el de una dama sureña.

—Madre mía, mujer —replica—. No estoy celoso, ojalá alguna pobre alma triste e inocente consiguiera que sentaras la cabeza. —Se pone de pie y añade—: ¿Qué estás bebiendo?

Uno pensaría que en realidad estaba molesto con ella, pero empiezo a pensar que no está tan enfadado como aparenta.

—Sangría, por supuesto. —Le guiña un ojo de largas pestañas.

—¿Todas tomáis lo mismo? —Las demás chicas asienten y Cole se aleja para traerles otra bebida.

—Para que quede claro, los jugadores de hockey se retiran entre los treinta y los cuarenta. No somos unos viejos —le informo a Ginger .

—Es bueno saberlo. ¿Viene alguno que me recomiendes? —bromea Ginger .

—Joder, no —respondo al instante.

—Bueno, cambiando de tema… — Ivy se bebe la sangría de un trago mientras Wade niega con la cabeza, cosa que ella nota al instante—.

Está claro que mi nuevo jefe ya me desaprueba, así que bailar esta bonita canción no empeorará la situación.

—Sonríe a todas las chicas de la mesa y le dedica una sonrisa deslumbrante a Wade —.

Venga, chicas, vamos a enseñarles cómo se hace.

—¡Claro que sí! — Ginger se ríe—. Me gusta esta chica —afirma mientras señala a Ivy .

—¡Me cago en la puta! —ladra Wade , y todas las chicas salen del reservado y nos dejan a él y a mí solos justo cuando las primeras notas de Redneck Woman empiezan a sonar por los altavoces.

—Relájate un poco, ¿quieres? —Le doy un codazo a Wade .

—Lo último que necesito es que esa chica se piense que trabajar aquí es una especie de fiesta. — Wade niega con la cabeza mientras las chicas se mueven al ritmo de la música, y no puedo evitar fijarme en que su mirada se detiene en Ivy un poco más de lo debido.

Cuando llevo un rato torturándome con la imagen de CeCe contoneando sus perfectas y voluptuosas caderas al ritmo de Boots , Jeans , and Jesus , veo que le toca el hombro a Ginger y se aleja de la multitud en dirección a la barra.

Permanezco sentado como un adolescente nervioso durante cinco minutos.

Si me levanto muy pronto, se fijarán en mí; si tardo demasiado, CeCe volverá a la pista de baile.

Wade y Cole se ponen a discutir sobre la próxima temporada de Titans , así que aprovecho la oportunidad.

—Enseguida vuelvo… ¿Queréis otra? —Señalo sus botellas de cerveza casi vacías y ambos asienten.

Busco entre la inmensa multitud que ha venido esta noche y la veo al fondo de la sala. Está esperando en la barra mientras se retoca el pintalabios, y siento la abrumadora necesidad de esparcirlo por su bonito rostro.

Paso rápidamente por su lado sin disminuir la velocidad.

—Mi oficina, ahora —le ordeno.

Me dirijo hacia el despacho y espero. Treinta segundos después, la tengo frente a mí, respirando con dificultad, y ni siquiera la he tocado todavía.

Tiene el chupito de bourbon que ha pedido en el bar en la mano.

Me encanta el efecto que provoco en ella.

La rodeo y cierro la puerta con llave, agradecido de que no haya ventanas en esta habitación.

CeCe deja el chupito sobre mi escritorio y me lanza esa puta sonrisa sexy que dice: «Por favor, fóllame, señor Carter ».

Se coloca una mano en la cadera, como si quisiera retarme.

—Tienes menos de diez minutos, como mucho, antes de que vengan a buscarme —me advierte y, un segundo después, aplasto mis labios contra los suyos.

Es como volver a casa después de pasar la tarde separados.

Su fresco aroma a fresa me abruma y se entremezcla con su aliento a vino dulce.

La acaricio por todas partes y ella hace lo mismo: cuela las manos bajo mi camiseta, las desliza por mi espalda y las entrelaza en mi pelo.

La polla se me pone tan dura que me duele cuando hace presión contra mis vaqueros.

Llevo las manos hasta sus pechos perfectos y le bajo el vestido para chuparle los pezones, duros como piedras. Luego le doy la vuelta y la inclino sobre mi escritorio como he querido hacer durante las últimas dos horas.

CeCe grita cuando le subo el vestido hasta las caderas y suelto un gemido.

—Otra vez sin bragas, joder…

Ella me mira por encima del hombro y me lanza un beso.

Le doy un fuerte cachete en el culo en respuesta a su actitud descarada y ella gimotea.

—Deja de fingir cuando ambos sabemos la verdad. —Paso un dedo por su coño, que ya está empapado—. Has entrado en mi bar sin bragas, con tu coño a plena vista, por una sola razón.

CeCe gime.

—Qué creído eres, ¿no? Quizá simplemente no me gusta llevar bragas. —Sonríe con suficiencia. Le doy otro cachete en el culo y chilla de la sorpresa.

Joder, la huella de mi mano le queda genial.

—Deja de decir chorradas y dime cuánto deseas que llene este trocito de paraíso con mi polla para poder follarte aquí mismo, sobre mi escritorio.

Gritarás mi nombre antes de que tus amigas se den cuenta siquiera de que te has ido.

—Esparzo su excitación por su coño y la restriego contra su clítoris.

Cierra los ojos al instante.

«Ya no eres tan descarada, ¿verdad, nena?».

—Lo deseo muchísimo —tartamudea—. Llevo todo el puto día pensando en ello. Es muy frustrante. No puedo pensar en otra cosa —confiesa, y sonrío mientras le recorro la espalda con las manos y le agarro las caderas con fuerza.

Lucho contra el impulso de poseerla en este instante.

Me encanta que esté tan desesperada por mí como yo por ella.

Me muero de ganas de arrodillarme y hundir la cara en su dulce coño, pero primero cojo el chupito de bourbon y lo vierto lentamente justo en la parte más alta de sus glúteos.

CeCe pega un bote, pero no me detiene. El líquido se derrama por su hendidura, fluye sobre su apretado capullo rosa y se desliza entre sus labios perfectos y desnudos.

Me arrodillo al instante y atrapo el bourbon con la boca antes de que toque el suelo.

Lo remuevo en mi boca y la limpio a lametones mientras su respiración se vuelve frenética.

La mezcla de nuestro mejor bourbon y su coño es una auténtica delicia. Me pierdo en ella. Le como el dulce coño por detrás y abro su culito respingón para tener más espacio al tiempo que se frota contra mí. Me cabalga la cara en busca de placer.

Le meto dos dedos y gime mi nombre. Escucharlo salir de sus labios es como una descarga directa a mi polla de la que nunca me cansaré, y ya no aguanto más.

Necesito follármela con desesperación, así que me deshago de mi ropa en tiempo récord y me introduzco en ella con una embestida profunda y brutal.

—¡Joder! —gime, y casi me desmayo cuando siento que su coño me aprieta la polla. Este ángulo…

—¡Me cago en la puta, CeCe ! —grito, completamente enterrado en ella. Le doy unos segundos para que se acostumbre a mi tamaño mientras le sujeto las caderas con fuerza.

—Eres demasiado grande, es imposible acostumbrarse —se queja CeCe .

—No, cariño. Te lleno en la justa medida, ¿recuerdas? Solo tienes que respirar. —La rodeo con el brazo y le acaricio el clítoris con la esperanza de que se relaje.

Estoy desesperado por moverme. Desesperado por follármela con desenfreno.

Deslizo una mano por su columna y me permito unos segundos para asimilar esta imagen, cada músculo, cada vértebra, la forma de su diminuta cintura y su espalda bajo mis dedos.

Quiero tocarla por todas partes. Acariciar esa piel aterciopelada que ruega por mis labios y mis dientes.

Salgo un poco de ella y vuelvo a penetrarla, de manera que me adentro por completo, y CeCe se estremece.

— Nash —gime mi nombre mientras envuelvo su coleta con la mano e impulso nuestros cuerpos hacia arriba.

Se agarra a mi escritorio y los nudillos se le ponen blancos mientras la penetro. Se pone de puntillas para que pueda embestirla aún más profundamente y cedo a mi necesidad primaria de follármerla, como el animal enloquecido en que me convierto por ella.

—Más fuerte —lloriquea.

Sabe exactamente lo que quiero, y se lo doy. La penetro una y otra vez mientras siento que se tensa a mi alrededor.

—Más profundo, más… —gime.

«Esta mujer me va a matar, joder».

Bajo el ritmo y le doy lo que desea. La embisto tan profundamente y lentamente como puedo sin perder el control y ella lo acepta todo.

—Más te vale estar listo para correrte, porque yo estoy a punto —susurra entre jadeos. Sabe que en cuanto lo haga, no podré contenerme. Es imposible luchar contra esto.

Los papeles que estaban en la esquina de mi escritorio caen al suelo mientras la penetro hasta el fondo una y otra vez con tanta fuerza que la mesa se mueve con cada embestida.

Alargo el brazo y le tapo la boca con la mano, de manera que le quito el pintalabios rojo cereza de los labios con los dedos.

Se le llenan los ojos de lágrimas y su coño se tensa. Sé que va a gritar.

— Nash … —Mi mano amortigua su voz.

Se me tensan las pelotas en cuanto oigo su grito y siento su apretado coño. Mi miembro se hincha y explota dentro de ella. Se me nubla la vista mientras la lleno y cada oleada de placer nos envuelve más profundamente, desesperados porque esta euforia se prolongue durante un segundo más.

—Joder, estás preciosa cuando te corres —le digo mientras deposito un beso en su espalda.

Siempre está preciosa. Es jodidamente perfecta. Lo es todo para mí.

—Bueno… ¿esta ha sido la última vez? —pregunta sin aliento, y sonrío ante ese descaro que tanto me gusta. Me inclino sobre su pelo dorado y decido que ya me preocuparé más tarde de todos estos sentimientos que me abruman y me aterran a partes iguales.