Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 42
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Capítulo 42

CeCe

En cuanto Nash se vuelve a poner los vaqueros y me limpia con una toalla caliente, procede a limpiar la barra. Ver cómo se contrae cada músculo bajo su piel mientras lo hace me obliga a apretar los muslos al tiempo que me visto. Aún estoy muy sensible y me muero porque me toque.

Actúa como si tuviera todo el tiempo del mundo.

Cuando está satisfecho con la encimera y el suelo, se pone la camiseta.

—Vámonos —dice mientras me da un beso en la mejilla, y me enfurruño de forma excesivamente abierta. Se ríe entre dientes y me levanta la barbilla para que lo mire a los ojos—. No te preocupes, Rae . Dejaré que te corras pronto.

Resoplo, pero él se limita a sonreír de oreja a oreja y me saca del bar.

Nos dirigimos hacia la puerta, y justo cuando Nash la abre, Asher viene hacia nosotros por la acera.

—Jefe —saluda con su voz grave antes de volverse hacia mí con una sonrisa burlona—. CeCe .

Es la primera vez que lo veo sonreír. Unos hoyuelos infantiles aparecen en sus mejillas y parecen fuera de lugar con la enormidad de su cuerpo tatuado y su aspecto casi aterrador y melancólico.

—Recuérdame que no juegue a ningún juego de beber contigo en un futuro próximo.

—Ja, ja —respondo—. No volveré a beber así en mucho tiempo.

—Voy a llevar a CeCe a casa y, si te soy sincero, estoy hecho polvo. Voy a tomarme la noche libre —le informa Nash , y Asher lo mira como si nunca antes le hubiera oído decir esas palabras.

—¿La noche libre? Eh… claro, me parece bien.

—¿Tienes suficientes camareros esta noche?

—Sí, ocho. Sandy Elliot celebra su cincuenta y ocho cumpleaños.

Nash asiente con la cabeza, y yo reparo en que, de hecho, mi madre estará aquí esta noche con su grupito. Ella y Sandy son amigas desde el instituto.

—Estaré pendiente del teléfono por si me necesitas. El bar está preparado —le comenta a Asher mientras me hace un gesto para que me ponga en marcha y me sigue.

Conducimos en silencio, y cuando Nash gira por el camino que lleva al rancho, me doy cuenta de que puede que me esté llevando a casa de verdad. Me enfurece pensar que se corrió de esa manera y ahora me lleve a casa como si fuera una fulana cualquiera.

Se detiene frente a la Stardust y empiezo a hablar con sarcasmo, porque es lo que hago cuando estoy nerviosa.

—Gracias por lo de hoy. Ha sido divertido ver cómo te corrías encima de mí. Supongo que… ya nos veremos. —Sonrío y luego me giro para abrir la puerta.

Nash resopla mientras apaga la camioneta y me coge del brazo para detenerme.

—¡Madre mía, Rae ! No he venido a dejarte aquí. ¿Crees que te usaría así para correrme y luego te dejaría en la puerta de tu casa? —Parece que se está divirtiendo de lo lindo, y yo me encojo de hombros.

—No sé qué pensar, Nash . No sé qué es… esto —replico en voz baja, señalándonos con la mano. De repente, me siento ridícula por mi reacción exagerada.

Su mirada se suaviza y me acaricia el rostro. Giro la cara hacia su mano. Me encanta su calidez y seguridad.

—Aún no he terminado contigo. Te he traído aquí para que cojas lo que necesites para el fin de semana. Quiero que te quedes conmigo.

Nash se inclina hacia mí y me besa. Al principio lo hace despacio, pero de forma deliciosamente calculada. Me recorre el labio inferior con la lengua y vuelve a encender el fuego que siempre arde entre mis piernas por él.

Cuando separa sus labios de los míos, habla con voz baja y profunda.

—Ahora, vamos por tus cosas. Voy a prepararte la cena.

Comprendo lo que estamos haciendo aquí, lo que ha dicho. Sea lo que sea esto, me he dado cuenta de que él lucha contra ello tanto como yo, porque somos nosotros, y no cabe duda de que vamos a cruzar la línea, aquí y ahora. Una vez que lo hagamos, ¿podremos volver atrás?

Me limito a asentir con la cabeza y salgo de su camioneta como me ha pedido, como la buena chica que soy.