Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 41
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Capítulo 41

CeCe

A la una en punto, cuando recogemos nuestro equipo de pesca, me muero de hambre.

—Ha sido un placer, cielo —dice Rocco mientras me da una palmadita en la mano. Luego me pregunta—: ¿Te veré la semana que viene?

—Ya veremos —contesto, nerviosa. Desvío la mirada de él a Nash , porque no tengo ni idea. No sé qué es esto, pero sí sé que hace falta más de una noche para quitármelo de la cabeza. Es muy posible que esta relajada mañana haya sido la mejor de mi vida.

—Bueno, espero que sí —replica mientras se sube a su camioneta y la pone en marcha.

Un segundo después, Nash y yo nos quedamos solos. Me frota el hombro.

—Lo has hecho muy bien esta mañana, cariño. Tienes a Rocco ensimismado. Se pasará semanas hablando de ti.

—¿Cómo empezó lo vuestro? Lo de pescar con él, quiero decir.

Nash sonríe.

—El primer fin de semana que me mudé a esta casa, bajé hasta aquí y él estaba en la orilla. Empezamos a hablar y aceptó venderme el bar. Desde entonces, venimos casi todos los sábados. No tiene a nadie aquí, su mujer falleció y su hijo vive en Virginia.

Lo miro con los ojos entrecerrados. Sin lugar a dudas, Nash no es quien pensé que era cuando volví a casa, ni quien recordaba siquiera. Y nunca lo había visto con tan buenos ojos como aquí y ahora, de pie frente a mí, un poco sudoroso y bronceado y con esa maldita gorra de los Stars del revés.

—Eres una caja de sorpresas, ¿verdad, Nash Carter ?

—Eso intento —replica con los ojos clavados en mí. Siento mariposas en el estómago mientras me sostiene la mirada durante varios segundos.

—Ahora, a comer —comenta al tiempo que me agarra por la camiseta—. Vamos.

—Sí, pescar es agotador. Me muero de hambre. ¿Quién lo diría? —pregunto, maravillada.

—¿Quién lo diría? —repite Nash mientras carga todo en su camioneta y nos subimos para regresar al pueblo.

Cuando estamos a punto de llegar, por fin encuentro el valor para preguntarle:

—¿Los tienes a menudo? ¿Los sueños esos?

No he dejado de pensar en ello desde que me desperté por la mañana y necesito saber con qué frecuencia sufre así. A juzgar por la forma en que se aferró a mí, parecía su chaleco salvavidas.

—Casi todas las noches. Aunque no siempre son iguales.

—Siento mucho lo que te pasó, Nash . —Le acaricio la mano por encima de la consola central—. Sabes que no es culpa tuya.

Tensa la mandíbula y mira fijamente hacia adelante.

—En el fondo, lo sé, pero no me hace sentir menos culpable.

La idea de volver a perder a un ser querido de esa manera…

—Niega con la cabeza mientras se pierde en sus pensamientos—.

Les metí prisa. Tras años de terapia desde su muerte, sé que esa no fue la causa del accidente, pero supongo que siempre me he sentido un poco responsable.

Es algo con lo que tengo que vivir, que nunca desaparecerá del todo, pero algunos días son más fáciles que otros.

Tu padre me dijo que tenía dos opciones: dejar que me consumiera o tomar las riendas de mi vida.

Así que tomo las riendas y espero a que pasen los días.

Asiento con la cabeza. No quiero entrometerme, solo deseo ayudarlo, pero se me encoge el corazón al escuchar las palabras de mi padre a través de él.

—¿Hay algo que hagas diferente las noches en que no tienes esos sueños? Quizá podrías convertirlo en un hábito.

Me ofrece una sonrisa burlona desde el asiento del piloto, pero no entiendo su expresión cuando suspira y se detiene en el aparcamiento del Sage & Salt . Con la mano en mi muslo, me mira a los ojos y se toma un segundo antes de hablar.

—Bueno, si te soy sincero, las únicas noches en que he dormido del tirón sin soñar han sido aquellas en las que has estado conmigo en la cama. —Me quedo boquiabierta ante su confesión, pero él se limita a sonreírme—. ¿Te animas a convertirlo en un hábito? ¿En plan experimento científico?

Me río y me encojo de hombros.

—Bueno, si es por la ciencia…

—Venga, vamos a comer algo —me insta al tiempo que me suelta el muslo.

—Nos están mirando —le informo a Nash mientras comemos en una mesa de la terraza del Sage & Salt .

—Déjalos, tenemos derecho a comer juntos —afirma con una sonrisa.

—Somos la comidilla del pueblo. ¿Se habrán enterado de que le diste una paliza a mi exprometido en plena calle? —Me río y pruebo mi ensalada.

—O quizá se han enterado de lo de tu vibrador y se preguntan si ya lo he utilizado contigo.

Abro los ojos de par en par y le doy un manotazo.

—No, olvídalo. Con lo ruidosa que eres, ya lo sabrían.

Me río, pero no lo niego. Nunca había sido muy ruidosa… hasta que me acosté con Nash .

—Puede que estén babeando por ti y por esa maldita gorra de béisbol del revés —mascullo.

Levanta la mirada con una ceja arqueada. Tiene los ojos clavados en mí mientras come: parece el Gato de Cheshire .

—¿La gorra del revés? —Observa mi cara con atención—. ¿Eso es lo que le pone a CeCe Ashby ?

—Ya lo creo que sí —respondo con sinceridad—. Entre otras cosas.

—Tomo nota.

Masticamos en silencio durante un rato.

—¿Y tú? ¿Qué le pone a Nash Carter ?

Se lo piensa sin quitarme los ojos de encima.

—No se me ocurre nada de ti que no me ponga, Rae .

—Se inclina para que su cara esté a unos pocos centímetros de la mía—.

Aunque entres en mi bar sin unas putas bragas y te pongas ese chupito entre tus perfectas tetas solo para torturarme.

Me volví loco al verte bailar así con el cabrón de Brent Wilson , pero aun así te deseaba.

Suelto un suspiro que no sabía que estaba conteniendo. Me reclino en la silla e intento obviar su ardiente mirada.

—No tienes filtro, ¿te lo habían dicho alguna vez? —pregunto.

—Merece la pena solo por ver la mirada que acabas de dirigirme.

—¿Ah, sí? ¿Y qué mirada es esa?

—Esa que me indica que te sorprende que lo haya dicho en voz alta, pero que aun así quieres follarme.

Resoplo.

—Lo que tú digas —replico mientras aparto la mirada de la suya.

—Si meto la mano debajo de la mesa ahora mismo y aparto esas bragas negras de encaje, ya estarías mojada por mí.

Así que sí, lo que yo diga. — Nash se despatarra en la silla y le da un sorbo a su té dulce, totalmente sereno, con los brazos cruzados sobre el pecho.

Luego me sonríe desde el otro lado de la mesa porque sabe que tiene razón.

Las guarradas que me dice me hacen sudar, y no tiene nada que ver con el calor de agosto.

Me vuelve a vibrar el teléfono en el bolso por centésima vez esta mañana, de manera que pone fin a la electricidad que siempre hay entre nosotros.

—¿Nunca para de vibrar esa cosa? —pregunta con una sonrisa.

—Seguro que solo son las chicas diciendo chorradas sobre nosotros—. Me río.

—Joder. —Hace una mueca.

Suelto una risita mientras meto la mano en el bolso para sacar el móvil. Veo un montón de mensajes de Ginger y Olivia sobre la salida de anoche y comienzo a leerlos.

—Están a punto de enviar una patrulla en tu busca. Creen que me has secuestrado —le cuento mientras sigo leyendo.

Liv : Definitivamente está con el buenorro de su jefe. Seguro que están trabajando en un proyecto especial.

Ginger : ¿Cuánta resaca hay que tener para no contestar en toda la mañana?

Liv : Quizá tuvieron que desarrollar el proyecto en la cama.

Ginger : Bueno, acabo de pasar por su casa y no está allí. Mamá Jo tampoco.

Yo: Santo cielo, ¡sois insufribles! Estoy en el Sage & Salt .

Liv : ¿He acertado?

Yo: No, no has acertado. Al menos por ahora.

Ginger : ¿Qué demonios significa eso? ¿No estás follando ahora, pero hace unos minutos sí?

Yo: Lamentablemente, no he follado en todo el día, pero estoy con quien creéis que estoy.

Liv : ¡Déjate de tonterías y danos detalles!

Ginger : ¿Te quedaste a dormir con él anoche? ¡Uf! Tu cama seguía hecha.

Yo: Sí, viejas chismosas, he dormido con él.

Liv : ¿Y qué habéis estado haciendo toda la mañana si no habéis follado?

Yo: Fuimos a pescar.

Ginger : ¿Cómo dices? ¿Es algún término sexual raro que desconozco?

Me río de su respuesta.

Yo: No, fuimos a pescar de verdad.

Yo: Ya sabes, con la caña, el sol, el agua…

Liv : Vale. Entonces, ¿estás en una cita? Con tu ligue de una noche. ¡Entendido! 👌🏼

Yo: No, no es una cita. Solo estamos pasando el día juntos.

Ginger : O sea, una cita para pasar el día juntos…

Nash alarga el brazo hacia mí.

—¿Me permites? —pregunta mientras me arrebata el teléfono y echa un vistazo a los últimos diez mensajes. Me río de las caras que pone cuando lee las guarradas de mis amigas.

Un instante después empieza a escribir y entro en pánico. Me devuelve el teléfono cuando está satisfecho y leo lo que ha escrito con la cabeza enterrada entre las manos.

Yo: Hola, Demonios. Soy Nash Carter . Definitivamente es una cita. CeCe está en fase de negación con todo esto, pero os la devolveré cuando termine con ella. PD: Si follamos, seguro que seréis las primeras en saberlo. Que tengáis un buen día, Demonios, y dejad de ser tan entrometidas, joder.

—Madre mía. —Me río a carcajadas y guardo el teléfono en el bolso—. Sabes que así solo las animas a cotillear más, ¿verdad?

—Ahí está la gracia. Vamos, tenemos trabajo que hacer. Sigamos adelante para que no puedan rastrearnos —me insta mientras deja caer el dinero sobre la mesa.

Esta es la mejor primera «no cita para pasar el día juntos» que he tenido en la vida.

The Horse & Barrel está oscuro cuando entramos.

—¿Así que esto es lo que haces todos los sábados?

—Más o menos, sí. — Nash se quita la gorra, la tira sobre el taburete y luego me mira—. Me la quito para que no te abalances sobre mí mientras trabajamos —comenta con una sonrisa en los labios.

Se quita la camiseta térmica de pesca que lleva por encima de la ropa, que se le sube lo justo para que pueda verle esos abdominales. Odio que tenga razón: haría lo que fuera para que me apartara las bragas con los dedos ahora mismo.

—¡Deja de pensar en eso! —grita mientras deambula detrás de la barra.

Niego con la cabeza para librarme de mis ensoñaciones sobre su cuerpo.

—No tendría que haberte dicho nada. —Me río.