Capítulo 38
CeCe
—¡No! ¡Joder, no!
—¡No!
Me levanto y echo a correr a pesar del dolor de cabeza. No recuerdo muy bien la distribución de la casa porque seguía borracha cuando me fui a dormir. Veo la figura de Nash en el sofá del salón, iluminado por la luna, y me acerco a él al instante.
— Nash . —Extiendo la mano para acariciarle el brazo al mismo tiempo que se incorpora y me agarra con tanta fuerza que temo que me deje la piel magullada. Abre los ojos de golpe, pero no me ve—. ¡ Nash ! —grito más fuerte, y le cubro la mejilla con la mano.
Parpadea y me agarra la cara con sus grandes manos.
—¿ Rae ? —pregunta mientras afloja su agarre.
Está temblando y sudando notablemente. Nunca había visto un terror nocturno tan extremo, así que no sé qué hacer.
Me arrodillo a su lado, le retiro el pelo húmedo de la frente y atraigo su tembloroso cuerpo hacia mí.
Me envuelve entre sus brazos y me abraza con tanta fuerza que apenas puedo respirar, pero no protesto. Dejo que haga lo que quiera.
—Fui tan egoísta —murmura—. Solo me preocupaba por mí mismo, les metí prisa cuando teníamos tiempo de sobra para llegar —gimotea.
—Shh. No pasa nada. Estoy aquí —susurro. No sé qué más decir, así que empiezo a tararear (una canción de Shania , por supuesto) mientras lo abrazo con fuerza.
Nunca llegué a entender cómo pudo sobrevivir Nash al trauma de ese día.
Un conductor borracho iba conduciendo por la carretera comarcal 23 en plena tarde y, en cuestión de segundos, Nash vio morir a sus padres de forma espantosa con sus propios ojos.
Recuerdo que mi madre dijo que tuvieron que sacar a la suya del salpicadero del coche.
Se había fusionado con él. No puedo ni imaginar lo que Nash vio aquella noche.
Después, se quedó sin nada, sin familia.
Era menor de edad, así que ni siquiera podía quedarse en la casa ni podía permitírsela.
Su abogado la vendió y pudo conseguir algo de dinero, pero mis padres intervinieron y lo acogieron inmediatamente, en cuanto cerraron la venta.
Se mudó a la habitación de Wade la semana después del funeral de sus padres.
Perdió la oportunidad de que lo seleccionaran porque se había roto una pierna y varias costillas, pero aun así logró entrar en la Universidad de Kansas y ser seleccionado para la NHL en su último año.
Fue un abrir y cerrar de ojos. Eso dijo mi padre cuando Nash se quedó huérfano. Un momento sus padres estaban aquí y, al siguiente, no. Y Nash estuvo en el centro de todo.
—Fue culpa mía. No pude salvarlos. No pude moverme.
Lo abrazo más fuerte y continúo tarareando en voz baja hasta que siento que su respiración empieza a calmarse.
—No fue culpa tuya, Nash . No lo fue —le susurro al oído mientras le acaricio el pelo con el corazón roto.
Me agarra la cintura con más fuerza y levanta la cabeza para clavar los ojos en mí. Los tiene vacíos, con una vulnerabilidad que nunca antes había visto, y me pregunto cuántas veces ha soñado eso. Cuántas veces revive esta pesadilla. Le beso la frente.
—Ven —lo invito mientras aparto sus brazos de mi cintura y me pongo de pie. Me imita y lo llevo de la mano hacia su habitación.
Me acuesto en su cama y, sin decir palabra, se recuesta a mi lado.
Me tumbo boca arriba, cubro nuestros cuerpos con las sábanas y le indico que se acerque.
Lo hace y apoya la cabeza en mi clavícula.
Siento que me rodea con sus fuertes brazos y me coloca para que encaje en su cuerpo.
Le beso la coronilla y le acaricio el pelo con los dedos mientras suelta un suspiro relajado.
—No me sueltes, Rae —susurra, y los ojos se me llenan de lágrimas.
—No lo haré —le aseguro al tiempo que vuelvo a apoyar la cabeza sobre las almohadas y sigo tarareando hasta que el sueño nos vence.