Capítulo 34
Nash
Llevo desde las siete de la mañana en el rancho. Apenas he dormido tres horas, lo que significa que tendré que echarme una siestecita al salir del Olympia , antes del caótico turno del viernes por la noche en el bar.
Al final me rajé y fingí que la llamada de anoche era por motivos de trabajo, pero funcionó. Pude escuchar su voz dulce y ronca durante cuatro horas mientras susurraba para no despertar a nadie. Cualquiera diría que me estaba contando una historia interesantísima, a juzgar por mi estúpida sonrisa.
Cuando me desperté, me dolían las mejillas de tanto sonreír, literalmente.
Después de una cabezada de tres horas, me levanté y salí a correr por los senderos de mi propiedad, todo porque hablé por teléfono con una mujer y no quería colgar.
De hecho, quería justo lo contrario: hacer lo que fuera para que siguiera hablando.
Mientras corría por el bosque, me imaginé en diferentes situaciones con CeCe .
Escenarios extraños en los que nunca había pensado.
Cosas como ir juntos al supermercado, bailar con ella, invitarla a una cita.
Me he dado totalmente por vencido porque, la verdad sea dicha, no soy lo suficientemente fuerte para luchar contra lo que sea que tengamos.
Así que aquí estoy, sentado en su cocina simplemente porque quiero ver la hermosa cara de CeCe cuando se despierte, y no me defrauda para nada.
Baja por la gran escalera de roble con ese puto pijama de seda y pierdo totalmente la cabeza.
—Buenos días —nos saluda a su madre y a mí con una sonrisa en los labios.
—Buenos días, cariño. Nash ha venido a ver a Wade y a comer algunas de mis famosas tortitas, ¿verdad, cariño?
—No me las perdería por nada del mundo —replico, aunque no aparto la mirada de CeCe ni de la forma en que le cae el pelo sobre los hombros.
Empieza a prepararse un café mientras yo me fijo en el culo tan perfecto que le hacen esos pantaloncitos. Justo entonces, Wade entra a la cocina y casi me pilla comiéndomela con los ojos.
—Odio que la gente me haga perder el tiempo. Tengo cosas que hacer, joder, y esperar me saca de quicio.
—Dos dólares —canturrea Mabel mientras devora un trozo de sandía sentada en la mesa.
Wade gruñe y mete algo de dinero en la bota.
—Buenos días, sargento. — CeCe suelta una risita mientras le da un sorbo a su café.
—¿Sigues sin encontrar a un entrenador? —pregunto.
—He tenido dos entrevistas con gente no cualificada esta semana y la de ahora lleva seis minutos de retraso. Solo tengo otra entrevista programada para más tarde. No tengo muchas opciones.
CeCe y yo nos miramos desde el otro lado de la mesa y una sonrisa se dibuja en su preciosa cara. Es contagiosa, así que se la devuelvo y nos reímos.
—Seis minutos, qué horror —murmura CeCe con fingida sorpresa mientras sigue riéndose.
A Wade no le resulta gracioso.
—El tiempo es crucial, no hay excusa para…
Suena el timbre de la puerta. No dejamos de reírnos de su malhumorado carácter mientras se dirige hacia la puerta con su café en la mano, furioso, como si estuviera a punto de perder los papeles.
La abre de golpe y aparece una joven muy guapa, de pelo largo y negro azabache. Está despeinada y habla muy rápido.
—Siento llegar tarde, me he perdido buscando esto. Está muy escondido. Cogí la carretera nacional 74, pero estaba en obras y tuve que desviarme.
Wade refunfuña y la deja entrar. Su acento no es de Kentucky , sino más bien de Tennessee .
—Nunca viene mal salir con tiempo de casa por si surgen imprevistos —le espeta Wade , y el rostro de la chica refleja sorpresa por su tono grosero.
—Lo… lo siento.
Mamá Jo deposita la última tortita en un plato y se dirige a la entrada para calmar a Wade y causar mejor impresión.
—No pasa nada por unos minutos, cariño. Bienvenida. Soy Jolene Ashby , este gruñón es mi hijo, Wade . Esa de ahí es mi hija, CeCe Rae , y mi casi hijo, Nash .
—Buenos días a todos. Perdón por interrumpir vuestro desayuno, y lamento llegar tarde. No soy así para nada —afirma, y le creo—. Soy Ivy Spencer , he venido por la entrevista para el puesto que ofrecéis de entrenadora.
—¿De dónde viene ese acento, cielo? —pregunta Jo.
—De un pueblo diminuto de la frontera del que probablemente no hayáis oído hablar. Se llama Jellico y está en Tennessee . — Ivy sonríe.
CeCe se levanta y se aprieta la bata contra su cuerpo.
—No somos muy de formalidades en esta casa. Íbamos a desayunar ahora, ¿te apetece comer algo? —Ella le estrecha la mano.
Yo hago lo mismo.
—Encantado de conocerte —le digo mientras le tiendo mi propia mano.
—Tengo mucho lío hoy, así que vamos al grano. Iremos a mi oficina, en Silos —refunfuña Wade .
Ivy nos mira y luego vuelve a mirar a Wade . Seguramente no entiende cómo es posible que todos seamos tan amables y él, tan capullo.
—Puede que en otra ocasión. Estoy encantadísima de conoceros. He leído sobre vuestra familia en Internet. El caballo de vuestro padre, River Rising , quedó tercero en el Derbi de Kentucky de 2006. ¡Impresionante!
CeCe asiente y hace la mueca de siempre, esa que esconde detrás de su sonrisa ante la mención de Wyatt .
—Y vuestro rancho es precioso, tenéis una vista espectacular de Sugarland .
Wade se aclara la garganta y casi siento lástima por la amable chica. Parece joven, no mucho mayor que CeCe .
—Bueno, que tengáis un buen día, huele que alimenta.
—¡Encantada de conocerte! —grita CeCe .
Nos miramos unos a otros y soltamos una carcajada mientras Ivy sale por la puerta principal. Antes de que Wade se vaya, Mamá Jo le susurra:
—Sé amable. Por Dios, Wade , tiene una buena trayectoria en la American Quarter Horse Association * y fue entrenadora en el Rancho Bellingham durante los últimos tres años.
No seas un capullo integral —le ordena, y yo suelto una risita porque Mamá Jo lo ha llamado «capullo integral». Parece que me ha leído la mente.
Wade no responde, se limita a gruñir otra vez y sale por la puerta.
CeCe y yo volvemos a la mesa mientras Jo y Mabel apilan las tortitas en nuestros platos.
—Parece más malhumorado de lo normal esta mañana —comenta CeCe .
—Ayer firmó los papeles del divorcio —explica Jo.
Yo ya lo sabía, pero no sé si quería que toda la familia lo supiera.
—¿ Janelle por fin accedió? —pregunta CeCe .
—Decir que «accedió» es una exageración. Llegaron a un acuerdo. Ella se ha quedado con la casa. —Jo hace una mueca.
—Joder. — CeCe se muerde el labio, pensativa, y mi pene se agita al verlo—. Puede que le venga bien estar rodeado de una chica guapa como la que acaba de venir para distraerse un poco. Me sabe fatal por él.
Me siento y miro a Mabel y a CeCe . Espero… Y nada.
—Oye, perdonadme un momento. ¿Tu tía puede decir palabrotas sin tener que meter ni un puñetero dólar? —le pregunto a Mabel .
Ella y CeCe comparten una sonrisa.
CeCe me da una palmadita en el pecho cuando pasa junto a mí, de camino al otro lado de la mesa.
—Mete mi dólar cuando metas el tuyo, vaquero.
Ella y Mabel sueltan una carcajada. Niego con la cabeza y me inclino para meter los dos dólares en la bota.
Mamá Jo y Mabel empiezan a hablar acaloradamente sobre las clases, que empiezan en una semana, y el material que aún tiene que comprar. Siento que me vibra el teléfono en el bolsillo.
Rae: ¿Alguna vez duermes?
Alzo la vista y me encuentro con su mirada por encima de la mesa. Luego respondo el mensaje por debajo de la mesa.
Yo: No mucho.
Rae: ¿Acaso eres humano?
Yo: Lo suficientemente humano como para fijarme en lo preciosa que estás por las mañanas.
Me he convertido oficialmente en un ser patético al nivel de una comedia romántica empalagosa, y me importa una mierda.
Rae: Lo que estoy es cansada. Un jugador de hockey /vaquero a tiempo parcial me mantuvo despierta toda la noche hablando.
Yo: Menos mal que tu jefe te dio el día libre.
Rae: Lo cual me sorprende. Es un plasta.
Yo: No es tan malo, me han dicho que es la bomba en la cama.
Rae: Sí, pero tiene una regla de oro. Lo dicho: es un plasta.
Yo: Alguien debería decirle que las reglas están para romperse.
Nuestras miradas se encuentran por encima de la mesa y me retienen por un instante mientras sonríe.
—Cariño, ¿puedes acompañarme? —Mamá Jo interrumpe nuestra charla secreta. Tiene la mirada fija en CeCe —. Es para llevar a Mabel a comprarse ropa para cuando empiece el colegio la semana que viene.
—Claro. — CeCe le sonríe a Mabel y luego vuelve a mirar a su madre.
Mamá Jo nos mira a CeCe y a mí. Luego vuelve a centrarse en Mabel , que se está zampando las tortitas con alegría.
Me aclaro la garganta y me levanto.
—Voy a asegurarme de que Wade no esté haciendo pasar un mal rato a esa pobre chica —les informo.
No quiero irme, pero sería sospechoso si me quedara más rato.
—Hasta pronto, Mamá Jo —me despido mientras le doy un abrazo—. Gracias por el desayuno. —Choco los cinco con Mabel —. Pórtate bien, renacuaja.
Me vuelvo hacia CeCe y resisto el impulso de estrujarla entre mis brazos. Me cuesta mucho contenerme. Ya han pasado dos días, pero solo de pensar en sus besos me tiene en un sinvivir.
—Hasta luego.
—Adiós, Nash —se despide con esa voz tan jodidamente sexy y cantarina.
Qué rabia que no vaya a verla hoy; tiene el día libre porque trabajó el lunes. De repente, la espera hasta que entre esta noche en mi bar con su grupito, meneando ese culito respingón, se me hace eterna.
* Asociación que se dedica a la preservación, mejora y mantenimiento de registros del American Quarter , una raza de caballo originaria de Estados Unidos conocida especialmente por su carácter calmado y su velocidad en distancias cortas. (N. de la T.)