Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 33
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Capítulo 33

CeCe

La alarma me despierta tras unas pocas horas de sueño y gimo al darme cuenta de que tengo un día muy ajetreado y una salida de chicas por delante.

Me sorprendió que anoche me llamara Nash , pero contesté porque lo primero que pensé fue que algo iba mal.

Además, admito que tenía muchas ganas de oír su voz.

Resulta que lo único que quería era el número de contacto del ayuntamiento porque, como no podía ser de otra manera, seguía trabajando a las diez y media de la noche.

Terminamos trabajando por teléfono en el proyecto prácticamente hasta la medianoche y luego nos quedamos hablando hasta tarde de todo y de nada: el trabajo, mi padre, nuestra música favorita, anécdotas de la NHL , los lugares que visité en Seattle , programas de televisión, comida, deportes, etc.

No había tenido una llamada así desde el instituto, si es que la había tenido alguna vez, y sentí la nostalgia por el simple hecho de estar durmiendo en mi antigua habitación en la casa principal.

Hablaba entre susurros para no despertar a mi madre, cual adolescente.

Cuando la llamada iba a llegar a su fin, me preguntó: «¿Estás cansada?

». Y, aunque estaba muerta de sueño, le dije que no porque no quería que terminara.

Al final, cuando estuve a punto de quedarme dormida entre las dos y las tres de la madrugada, recuerdo vagamente que me dijo:

—Duérmete, CeCe . Nos vemos mañana.

Y colgué. Luego soñé que sus manos me recorrían la piel durante toda la noche, como una adolescente enamorada.

La voz de Mabel resuena por el pasillo y, unos instantes después, irrumpe en mi habitación y salta sobre mi cama.

—La yaya ha preparado tortitas con virutas de chocolate.

Me hago la dormida y, a continuación, la agarro y le hago cosquillas hasta que se ríe a carcajada limpia. Luego la suelto y corre escaleras abajo. Bostezo y miro por la ventana; me siento rara y un poco mareada. Decido que no me vendrían mal cinco minutos más.

Me dejo caer de espaldas sobre la cama, con los brazos en forma de una especie de «U».

Los rollos de una noche no se tiran hasta las tres de la madrugada debatiendo por teléfono si Green Day era más o menos influyente que The White Stripes , ¿verdad?

Cierro los ojos y me lo imagino encima de mí, apoyado en sus brazos fuertes y tatuados y con sus ojos azul marino clavados en mí.

O, mejor aún, lo visualizo mientras me mira con la cara enterrada entre mis piernas y mis dedos enredados en su pelo ondulado. El cuerpo me arde solo de pensarlo.

Abro los ojos de golpe. Tengo que levantarme o terminaré masturbándome en mi habitación de la infancia. Me pongo la bata de algodón sobre mi pijama corto, cojo el teléfono y bajo a la cocina, donde huele a café y a tortitas.

Echo un vistazo al aluvión de mensajes de Ginger , Avery y Olivia sobre esta noche. Están debatiendo sobre lo que se pondrán y lo que comerán en el Dolcettos para el cumpleaños de Avery .

—Buenos días, CeCe .

Levanto la mirada y veo a Nash en su faceta de irresistible vaquero a tiempo parcial.

Lleva unos tejanos con una camiseta blanca y tiene apoyado en la rodilla su sombrero de vaquero, polvoriento y sucio tras pasar la mañana en los graneros con Wade .

Está sentado a la mesa de mi cocina, con un café en una mano y mi corazón en la otra.