Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 32
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Capítulo 32

Nash

El bar está tranquilo para ser jueves, y menos mal, porque estoy reventado.

Pasarme la noche despierto con CeCe me está pasando factura.

Casi le escribo quince veces, pero me contengo porque sé que está pasando la noche con Mabel y no quiero agobiarla.

No puedo dejar de pensar en ella y no tengo ni idea de cómo manejar esto.

Nunca me había pasado esto. Las mujeres son las que me escriben.

Las que me persiguen. Pensé que si dejaba que esto pasara me quitaría todos estos sentimientos de encima, pero ha ocurrido justo lo contrario: ahora que he tenido a CeCe , solo la deseo más.

—Sabes que si le escribes te responderá, ¿verdad? Mabel ya se ha dormido. —Levanto la vista de mi teléfono y veo a Ginger Danforth en la puerta de mi oficina con una camiseta rosa chicle que dice: «Es una idea horrible. ¿A qué hora nos vemos?».

—¿Qué quieres, Ginger ? ¿Has venido con CeCe ? —Mi esperanza se desvanece cuando niega con la cabeza.

—Nop, está en casa, acabo de salir de allí. He venido para hablar contigo, Nashby .

«Oh, mierda».

—No te sorprendas tanto. No me dijo nada; lo descubrí yo sola, y tu secreto está a salvo conmigo. No me importa que Wade y Cole no lo sepan, siempre y cuando tenga un asiento en primera fila cuando se enteren y te den una paliza. —Se ríe.

Me quito el sombrero y me froto la frente. He estado pensando en todos los escenarios posibles en los que Wade y Cole estarían de acuerdo con esto, pero no se me ha ocurrido ninguno.

—Maldita sea, Ginger . Solo ha sido una noche.

—Sí, lo sé, por eso estoy aquí.

La miro, confundido. ¿Ha venido para amenazarme? Le ofrezco una sonrisa. Esto va a ser divertido. Ginger es diminuta, pero es muy peleona y seguramente bastante fuerte.

Me recuesto en la silla y me cruzo de brazos.

—¿Ahora es cuando me dices que no le haga daño a tu amiga y todo eso? —pregunto.

—No —se mofa, lo que me sorprende—. Sé que nunca le harías daño a CeCe . Ahora es cuando te digo que te dejes de gilipolleces y le digas de una vez lo que es evidente que sientes por ella.

Está muy segura de lo que dice, así que lo niego todo. Naturalmente.

—Me gusta CeCe , la respeto y me preocupo mucho por ella, pero sus hermanos son mis hermanos. Su familia es mi familia.

—Menuda chorrada —exclama Ginger , y se ríe como si pudiera ver a través de mí—.

Los estás poniendo de excusa. Son hombres hechos y derechos, y CeCe es una mujer adulta.

Lo superarán. Ya no eres el mujeriego de antes.

Llevas meses en casa y veo la diferencia que hay en ti.

Lo que tienes es miedo, Nash . Y no de que le hagas daño, sino de que ella te haga daño a ti.

O de perderla. O de una combinación de las dos.

Gruño en respuesta, pero en mi cabeza sé que tiene razón. Ambos lo sabemos.

— CeCe acaba de salir de una relación larga y tóxica —replico, aferrándome a cualquier excusa.

—Hace meses que ya no siente nada por Andrew . Desde que murió Wyatt , puede que incluso desde antes.

Se acerca a mí y me señala.

—Tienes que dejar de poner excusas y admitir lo que sientes.

Quizá te lleve un tiempo, pero tienes que descubrirlo.

Una chica como CeCe no permanece soltera mucho tiempo.

Deberías saberlo ya, a juzgar por la multitud de hombres que prácticamente tienes que echar a palos cada vez que entramos en este bar.

Me hierve la sangre solo de imaginarme a CeCe con cualquier otro hombre.

—Lo que CeCe te dice no tiene nada que ver con lo que quiere de verdad.

Es evidente que te importa solo con ver tu cara ahora mismo.

No desperdicies tu oportunidad. Deja que el universo tome las riendas por una vez.

Que hayas perdido a tus padres no significa que vayas a perderla a ella también.

Dios ofrece alegría y dolor; no es tan cruel.

—Me guiña un ojo, y trago sa liv a porque las palabras de Ginger se acercan demasiado a la verdad para mi gusto.

—Bueno, basta ya, sabelotodo. —Me levanto y señalo la puerta.

—Piénsalo. Y por si te sirve de algo, cuando menciona tu nombre pone una cara que nunca antes había visto. Ah, y abastece el bar de ingredientes para hacer piña colada. Nos vemos mañana por la noche, si Dios quiere y el tiempo lo permite. —Se escabulle por la puerta y desaparece entre la multitud.

Cierro la puerta, vuelvo a sentarme en mi escritorio y me paso la mano por el pelo. ¿Qué quiero? No tengo ni puta idea. Me echo hacia atrás y cierro los ojos al tiempo que me vienen imágenes de CeCe a la cabeza.

Lo que quiero es oír su voz. Cojo mis llaves y me despido de Asher cuando salgo por la puerta. Saco el teléfono del bolsillo después de subirme a la camioneta y, sin pensarlo, la llamo. Contesta al segundo tono con un sensual «señor Carter ».

Su voz me inunda los oídos y dejo escapar un suspiro que ni siquiera sabía que estaba conteniendo.