Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 26
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Capítulo 26

Nash

Me siento raro cuando abro los ojos y noto en el brazo la calidez de una piel de aroma dulzón y una cabellera suave.

Contemplo la habitación de CeCe . Las paredes de la cabaña de madera contrastan notablemente con los muebles antiguos, el edredón y las cortinas, todo de color blanco.

Los únicos colores que hay en la habitación aparte de ese son el gris claro y rosa de los cojines y el dorado del pelo de CeCe .

Los rayos de sol inundan la estancia, lo que significa que, técnicamente, la noche ha terminado.

La miro. Está completamente frita, así que me muevo para tumbarme de lado y la observo mientras duerme.

Tiene los brazos debajo de la cabeza y el pelo esparcido por todas partes. Ambos seguimos desnudos.

Me quedo aquí tumbado, asombrado de que este universo pueda crear algo tan perfecto.

Es abrumador que esta mujer exista y que esté tumbada a mi lado.

Se remueve y abre un impresionante ojo de color verde, lo que me recuerda que todo lo bueno se acaba.

Menos mal que la noche ya ha terminado. No puedo encariñarme con CeCe , soy plenamente consciente.

—Buenos días —digo mientras le aparto el pelo de la frente, incapaz de no tocarla.

Su boquita perfecta forma una «O» cuando bosteza y se estira a mi lado.

—Estoy bastante segura de que anoche me mataste a polvos —comenta, y me río entre dientes. Lo que sale de su boca nunca deja de sorprenderme.

—Me ofreciste una sola noche, ¿qué esperabas? —pregunto.

Abre los dos ojos.

—¿Sabes que es costumbre prepararle el café a alguien por la mañana cuando abusas de su vagina con tu pene descomunal?

Dicho eso, se da la vuelta como si no tuviera ninguna duda de que haré lo que ella quiere. Por descabellado que parezca, ya me estoy levantando y poniéndome los calzoncillos porque, como estoy empezando a darme cuenta, CeCe Ashby consigue todo lo que quiere de mí.

Rebusco en su cocina en busca de filtros y café molido para esta monstruosidad de cafetera que compró la semana después de llegar.

Después de leer el manual y moler los granos, creo que consigo hacerla funcionar.

Le añado la leche y el azúcar una vez que está hecho el café y me dirijo a su habitación, donde ha vuelto a quedarse frita en los veinticinco minutos que me he ausentado.

Por desgracia, a pesar de todo el esfuerzo que he hecho, el café ni siquiera llegará hasta ella porque, debido a la postura en la que se ha dormido, toda su espalda queda expuesta ante mí.

Veo todas sus vértebras, desde la nuca hasta los pequeños hoyuelos que tiene en el coxis, el lugar perfecto para colocar mis pulgares mientras me la follo por detrás.

Mi polla se pone firme en el momento en que la veo arquear ligeramente la espalda de forma inconsciente mientras duerme.

Dejo la humeante taza en la mesita y me acurruco a su lado. Con la mano, recorro su voluptuosa cadera y subo por su pecho mientras le doy besos en la espalda y los hombros. CeCe se revuelve y gime cuando mis dedos encuentran su pezón bajo las sábanas.

—Oye, ya ha amanecido —susurra, pero parece que lo último que quiere hacer es detenerme.

Me asombra haberme acostado tres veces con esta mujer en menos de doce horas y que todavía sienta que no me he saciado de ella. Ni por asomo.

—No, creo que no me entendiste bien. Me refería a un día entero. Veinticuatro horas. Todavía tenemos hasta las diez de la noche.

—Mmm. Esta noche estoy ocupada —murmura, todavía medio dormida.

—Creo que no nos estaríamos haciendo justicia si no aprovecháramos este tiempo al máximo —señalo mientras frota su culo contra mi entrepierna, tan hambrienta de mí como yo de ella. Sonrío de forma socarrona contra su hombro.

—Tiene sentido —gime mientras separa las piernas y deslizo los dedos en su coño ya empapado; ese coño que parece hecho para envolverme. El fervor que siento por ella se intensifica en la parte baja de mi espalda y en mi columna.

CeCe se gira para mirarme y empieza a acariciarme el miembro con la mano.

Limpia el líquido preseminal que sale de la punta y se lo quita a lametazos del pulgar mientras se sube encima de mí y comienza a besarme.

Su coño caliente y húmedo se aprieta contra mi cuerpo, de manera que estamos piel con piel mientras se mece sobre mí.

Recorro su espalda de forma perezosa con las manos y su pelo cae sobre sus pezones cuando se incorpora.

Echa la cabeza hacia atrás cuando presiono el pulgar contra su clítoris.

La curva que va desde su cintura hasta sus caderas me hipnotiza.

La imagen que ofrece ahora mismo es capaz de destrozar a cualquier hombre, incluso a mí.

Una oleada de deseo me recorre y, sin poder contenerme, suelto exactamente lo que pienso.

—Quiero sentirte, Rae , solo tú y yo —le ruego.

Me mira y entiende perfectamente lo que quiero decir.

Si esta es mi última oportunidad con ella, quiero sentirlo todo.

Dijo que toma la píldora y sé que está limpia.

Yo también estoy limpio. No solo porque nunca he follado con una mujer sin condón, sino porque, como le dije, han pasado casi dos años desde mi última vez y me tomo estas cosas muy en serio.

Cuando estaba en la NHL , me hacían análisis continuamente.

Pero cuando espero que me pregunte en busca de confirmación, no lo hace.

Se limita a mirarme con total confianza, lo que me deja más tocado de lo que ya estoy.

Entonces, eleva el cuerpo lo suficiente como para dejar que la punta de mi polla roce el trocito de paraíso que tiene entre las piernas.

—Confío en ti —declara CeCe mientras se deja caer sobre mí poco a poco.

Jadea a medida que va bajando. Está tan jodidamente apretada que hay un momento en que me pregunto si realmente puede tomarme así.

Deja escapar los gemidos más dulces que he oído en la vida mientras sigue bajando, hasta que por fin está completamente sentada sobre mi polla.

Ambos exhalamos cuando la lleno por completo.

— Nash —murmura mi nombre al tiempo que deja caer la cabeza hacia atrás y comienza a moverse.

—Maldita sea, Rae . Eres exquisita, joder —susurro, con los ojos clavados en el lugar donde nuestros cuerpos se unen.

Ya no sé dónde empieza uno y dónde termina el otro, y no me importa una mierda.

Quiero quedarme suspendido en esta realidad alternativa.

Una en la que no tengamos nada que perder.

Una donde ella pueda permanecer a mi lado y yo no me despierte cada día con miedo de que todo desaparezca.

Una donde no me importe no tener control sobre nada. Una donde no esté roto, para empezar.

Apoya sus pequeñas manos contra mi pecho como si fueran hierros candentes, marcando su lugar mientras mece las caderas sobre mí.

Cada célula de mi cuerpo vibra al sentir su coño a mi alrededor sin ninguna barrera entre nosotros.

Levanto las caderas para encontrarme con ella, embistiéndola tan profundamente como puedo, y me quedo inmóvil durante un segundo mientras ella se estremece sobre mí.

Gime y lloriquea cuando bajo de nuevo y luego vuelvo a subir para embestirla.

—Eso es, ábrete para mí como una buena chica. Este coño está hecho para recibirme por completo.

Llevo las manos a sus pechos y le froto y pellizco los pezones hasta que se convierte en un amasijo desesperado sobre mi cuerpo.

Me incorporo y me los llevo a la boca mientras ella continúa moviéndose sobre mí.

Muerta de deseo, pierde el ritmo y se deja llevar.

Su cálido pecho choca contra el mío cuando la agarro por la nuca y me elevo para besarla.

Tomo el control de la situación y enredo los dedos en su largo y espeso pelo para apretarla contra mí.

La beso con todo mi ser, como si fuera nuestro último beso, mientras el calor y la presión se instalan en mi columna vertebral.

Por primera vez en la vida, me quedo sin habla mientras saboreo cada segundo de ella, de esto, de nosotros.

Siento que empieza a temblar a mi alrededor. Me aprieta mientras mantengo un ritmo constante que la acerca cada vez más al orgasmo.

—Mírame, Rae . Quiero ver ese fuego mientras te corres alrededor de mi polla.

—Oh, Dios mío. ¡ Nash ! —gime.

La agarro por los hombros mientras me cabalga, sujetándola con fuerza mientras me clava las uñas en la piel. Pierde el control, y me obligo a alargarlo un segundo más. Un segundo más para que perdure en mi memoria durante lo que me quede de vida.

Justo cuando siento que su coño se tensa y sus paredes se aferran a mí, me agarra la cara y me besa. Luego clava los ojos en mí mientras comienza a desmoronarse.

— Nash … córrete dentro de mí, cariño —gimotea, y me desintegro con ella. Me derramo dentro de ella con una fuerza que amenaza con destrozarme.

—Me cago en la puta —murmuro contra su cuello mientras mi polla sigue sacudiéndose en su interior.

Permanecemos un buen rato así. No tengo ni idea de cuánto tiempo pasa, lo único que se escucha es nuestra respiración.

CeCe me besa cuando se deja caer hacia adelante, y lo siento. Es un beso que dice que me desea y que se despide, todo a la vez.

Nos quedamos así unos minutos y nos respiramos el uno al otro.

Me saco a CeCe de encima y la recuesto en la cama. Ambos resoplamos cuando me separo de ella.

No sé qué hacer ahora. Esto se acabó. Lo sé.

Dijo una noche. Acaba de salir de una relación seria con Andrew .

Por no mencionar que sus hermanos probablemente intentarán darme una paliza como si fueran un equipo de la WWE si se enteran de esto.

Me levanto, me pongo los boxers y me dirijo al baño en silencio a coger una toalla húmeda para limpiar a CeCe .

—Se te ha enfriado el café —comento con incomodidad cuando está limpia—. Te prepararé otro.

Asiente con una sonrisa en los labios mientras me adentro en la cocina con la bebida templada que dejé antes en la mesita.

Esta vez consigo hacer funcionar la cafetera mucho más rápido y, mientras espero a que el café termine de hacerse, CeCe entra en la pequeña estancia bajo la luz de la mañana.

—Tu espalda, tus brazos —jadea—. Lo siento mucho.

Me miro los hombros y me paso una mano por la espalda. Sonrío. Se ha quedado a gusto con los arañazos. Parece que me ha atacado un puma. Sonrío de oreja a oreja y la miro con una ceja arqueada. ¿Está de broma?

—Cariño, esto demuestra lo fuerte que hice que te corrieras. Luciré estas cicatrices con orgullo. Valen la pena —le aseguro mientras sirvo nuestros cafés.

CeCe se sonroja cuando coge la taza que le tiendo. Lleva sus pantaloncitos de pijama de seda y una enorme sudadera desgastada de los Dallas Stars .

—Me gusta —comento mientras me río ante su elección de vestimenta.

—Me pareció lo más apropiado, y no has visto lo mejor. —Sonríe, y después de dejar su café en la mesa, se da un golpecito en la espalda con el pulgar. CARTER 10.

Me dejo caer en la silla que hay frente a ella para asimilar el aspecto que tiene con mi nombre y mi número en la espalda. ¡Joder, parece que sea mi chica!

Me aclaro la garganta.

—¿Cuándo… eh… te la compraste? ¿Eras mi admiradora secreta y no lo sabía? —bromeo para quitarle importancia, con el corazón a mil por hora.

—La compré justo después de que te seleccionaran —me explica—. De hecho, es mi sudadera favorita, para que lo sepas. Y sí, siempre he sido tu admiradora, Nash . He visto todos tus partidos, al menos todos los que he podido.

En silencio, le doy un sorbo a mi café y la miro fijamente desde el otro lado de la mesa.

—Las cosas no se volverán incómodas, ¿verdad? —pregunta CeCe —. Por cierto, está buenísimo. —Levanta su taza de café.

—Por un momento creí que tendría que volver a la universidad para aprender a preparar café con esa cosa.

Suelta una risa alegre y cristalina. Es una auténtica preciosidad. Me inclino sobre la mesa y le toco la mano. La electricidad entre nosotros sigue siendo intensa e innegable.

—No será incómodo, al menos por mi parte. Lo prometo. Eres la misma CeCe y yo soy el mismo Nash .

—Los dos somos adultos. Hemos pasado mucho tiempo juntos. Quizá era inevitable. Una fase que teníamos que pasar. —No me mira mientras parlotea, y no sé si me está preguntando si yo también me siento así o si se está convenciendo a sí misma.

Hablo para intentar que se sienta mejor.

—No quiero pedirte nada que no tengas que darme. Esto es complicado. Tus hermanos confían en mí para cuidarte y protegerte…

—¿Y no para que me arruines la vida con sexo que te hace explotar la cabeza? —se ríe—. Lo pillo.

Asiento. Mi ego se alegra de haber dejado el listón muy alto para cuando esté con cualquier otra persona, y sus palabras reflejan exactamente mis sentimientos. No me imagino con ninguna otra mujer capaz de igualar lo de anoche o lo de esta mañana.

—Quiero hacerte una pregunta, ahora que ya ha pasado todo. Creo que hemos llegado a un punto en el que no deberíamos ocultarnos nada entre nosotros —comenta.

La miro con curiosidad, y me pregunto qué es lo que cree que le he ocultado.

—Mi madre, nuestro rancho… ¿nos estás ayudando? ¿Económicamente?

Me froto la mandíbula mientras considero su pregunta. Jo no quería que nadie lo supiera. Se lo contó a Wade únicamente porque es imposible ocultárselo.

Me paso una mano por la cara y resoplo. No pienso mentirle a CeCe si ya lo ha descubierto. Pero le debo toda la historia.