Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 25 #2
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Capítulo 25 #2

Lo atraigo hacia mí y casi me lo trago entero. Se me llenan los ojos de lágrimas mientras él continúa follándome la boca y agarrándome el pelo con fuerza desde las raíces.

—Tu boca es. Una puta. Maravilla.

Me mira desde arriba y mantengo el contacto visual con él.

Nunca lo había visto tan descontrolado, y me encanta.

Ojalá pudiera ver esta imagen una y otra vez.

Su pecho agitado, los ojos en blanco. Perfección.

Seguimos así durante un rato. Entra y sale de mi boca y me golpea la garganta con cada embestida mientras entrelaza sus grandes manos en mi pelo húmedo.

Inhalo pequeñas ráfagas de aire mientras intento respirar por la nariz.

Suelta un gemido largo y gutural. Encuentra la fuerza de voluntad para salir de mi boca y me pellizca el hinchado labio inferior entre sus dedos pulgar e índice.

—Se te da genial comerme la polla, pero no quiero correrme así.

Joder… —Me mira fijamente, como si estuviera considerando volver a follarme la boca—.

Creo que es lo más difícil que he tenido que hacer en la vida —afirma mientras me levanta y me abraza.

Me chupa el labio inferior y luego lo besa—. Esta boca está hecha para mí.

—No tengo arcadas —admito.

—Como ya he dicho, hecha para mí —me susurra con avidez al oído.

Luego me besa y me recorre el cuerpo con las manos, apretándome y masajeándome los muslos, el culo y la cintura.

Siento sus manos por todas partes. Me da la vuelta y presiona su polla dura como una piedra contra mi espalda.

Mi pelo frío y húmedo se pega a nuestros cuerpos cuando me agarra los pechos con una mano y desliza la otra hacia mi sexo empapado.

—Mmm, este coño… ya está listo para mí, joder…

—Sí… —consigo balbucear mientras continúa su suave asalto a mi clítoris. Estoy a punto de correrme, pero se detiene cuando siente que estoy cerca.

—Quiero sentir cómo te deshaces sobre mi polla. —Su voz es áspera y casi puedo sentir su sonrisa burlona contra mi piel mientras me empuja sobre la cama y me coloca a cuatro patas delante de él.

Desliza las manos por mi espalda y me presiona la cara contra las almohadas.

Me agarra la nuca y me levanta el culo hasta que quedo totalmente expuesta, pero no hay nada vulgar ni degradante en sus acciones, simplemente toma lo que quiere con una seguridad que nunca antes había experimentado en un hombre.

Se arrodilla detrás de mí en la cama y me acaricia desde la nuca hasta las nalgas.

Me las separa con las manos y, a continuación, me agarra las caderas y presiona mi culo contra su erección.

—Tu cuerpo es pura perfección —me susurra Nash otra vez mientras desliza su polla contra mi resbaladiza entrada.

Muevo mi cuerpo contra el suyo, restregándome sin pudor en busca de fricción. El ansia que siento por él elimina cualquier otro pensamiento de mi mente. Me deleito con la sensación de su piel contra la mía.

Rebusca en el cajón de mi mesilla de noche y saca un condón antes de que me dé cuenta de lo que está haciendo. Lo abre con los dientes y lo desenrolla hábilmente alrededor de su polla con una mano mientras lo miro por encima del hombro.

Un instante después, vuelve a colocarse detrás de mí.

—Esto va a ser brusco. —Es su única advertencia.

Me embiste hasta el fondo y me agarra del pelo.

—¡Joder! —gime Nash con intensidad. Abro la boca, pero no emito ningún sonido porque me siento sumamente llena y lo aprieto con toda la fuerza humanamente posible.

Este ángulo es insoportable. No deja de golpear ese punto en mi interior. Muy profundo.

—En serio, necesito que intentes respirar, Rae . —Sus palabras suenan temblorosas mientras permanece completamente enterrado en mí, sin moverse. Con suavidad, me recorre la columna vertebral con los dedos para intentar relajarme.

—Vale —digo mientras intento respirar.

Suelto un suspiro largo y tembloroso mientras mueve mis caderas lentamente hacia adelante y luego tira de mí hacia atrás para penetrarme hasta el fondo.

No tengo fuerzas para nada, así que dejo que utilice mi cuerpo a placer.

Él no se mueve ni un ápice. Se limita a usar mi cuerpo para que haga el trabajo por él, y la sensación es indescriptible.

—Este coñito apretado —gruñe mientras me aparta hasta que su polla casi se sale de mí y luego tira de mi cuerpo hacia abajo por las caderas— está hecho para mí, joder.

Nash me embiste de nuevo y choca contra mis caderas con fuerza. Ya estoy lista y siento que estoy a punto de correrme encima de él.

—Ya te vas a correr… —declara con un tono de satisfacción y… ¿sorpresa?

—Es tu forma de hablar… No puedo… —empiezo a explicarle, pero no puedo terminar la frase ni pensar con claridad.

Es demasiado. Me penetra y vuelve a golpear ese punto.

Una y otra vez, entra y sale de mí. Es metódico y brusco.

Intento contenerme, pero estoy a punto de perder la cabeza.

Sin embargo, cuando siente que estoy cerca, no me permite llegar hasta el final, como si estuviera completamente en sintonía con mi cuerpo.

Me agarra del culo para separarme las nalgas mientras me folla con fuerza, y miro por encima del hombro para ver cómo observa el punto donde estamos conectados.

—Qué coño tan bonito, qué buena chica. Tomas mi polla como si estuviera hecha para ti. Joder, qué preciosidad de imagen.

Acepto el hecho de que Nash podría pedirme cualquier cosa y yo lo haría siempre que luego me dijera que soy una buena chica. Se mueve de forma experta con embestidas profundas y retiradas lentas. Casi la saca por completo, pero luego me consume de nuevo. Un estado de euforia continua me invade.

Me agarra un buen puñado de pelo y acerca mi cuerpo al suyo, de modo que su pecho queda pegado contra mi espalda. Luego desliza su enorme mano por mi garganta hasta la mandíbula y me gira la cara para besarme mientras presiona un dedo contra mi clítoris. Estoy perdida al instante.

Me rompo en mil pedazos. Gemidos y quejidos entrecortados abandonan mi cuerpo mientras sus labios los engullen. Sufro espasmos a su alrededor y hago justo lo que quiere.

—Eso es, CeCe . Córrete. Córrete sobre mi polla —gruñe al tiempo que sigue embistiéndome—. Toma todo lo que quieras de mí.

Y eso es precisamente lo que hago. Mis paredes se aprietan alrededor de su miembro, lo que provoca su propia liberación.

Tensa las piernas detrás de mí mientras me agarra las caderas con fuerza.

Para mi sorpresa, su polla crece aún más dentro de mí hasta que se sacude y gime mi nombre con palabras inaudibles mientras llena el condón.

Permanecemos un buen rato así, como si no pasara el tiempo para nosotros, y luego se desploma sobre mí, con la cabeza apoyada en mi espalda mientras respira de forma entrecortada.

—Joder… estoy bastante seguro de que has sido tú la que me ha destrozado a mí —murmura Nash , y me besa debajo del omóplato.