Capítulo 25
CeCe
Estoy entrando en pánico porque Nash Carter está dentro de mí.
Nash , a quien conozco de casi toda la vida y por quien siempre he babeado desde la distancia, sobre todo últimamente.
Nash , para quien trabajo, el hombre que no sale con nadie y que se acuesta con mujeres por diversión, me acaba de regalar la experiencia sexual más alucinante de mi vida.
Mi pobre coño está para el arrastre, aunque también está perdidamente enamorado de la polla de Nash Carter .
Permanezco tumbada mirando al techo mientras intento memorizar esta sensación de plenitud. Vale la pena todo el remordimiento que probablemente sentiré mañana. «Solo sexo». Una noche para quitarnos esta espinita.
—Esa polla descomunal me ha destrozado —susurro contra su hombro.
—Has sido tú quien me lo ha pedido, Rae —responde con una sonrisa de suficiencia.
Es el hombre más impresionante que he visto en la vida, incluso bajo esta tenue luz.
Finalmente, sale de mí y me deja con una sensación de vacío. Ambos soltamos un gemido cuando se aparta. Nash se quita el condón rápidamente y se deja caer en la cama a mi lado. Por un breve instante, dejamos que nuestra respiración vuelva a la normalidad.
—Bueno… no suelo tener rollos de una noche. Bueno, nunca los he tenido. ¿Y ahora qué? ¿Te vas? —pregunto con incomodidad.
Nash se da la vuelta y se apoya en el codo con una sonrisa en los labios, divertido. Se aguanta la cabeza con su fuerte brazo tatuado mientras se estira y me aparta el pelo de la frente sudorosa para colocármelo detrás de la oreja.
— CeCe , no pienso irme. La noche aún no ha terminado —me asegura mientras me besa la frente.
Lo miro con sospecha, pero en el fondo me encanta la idea de que se quede aquí.
—Vamos a limpiarte —dice al tiempo que me ayuda a ponerme de pie.
Un mareo se apodera de mi cuerpo y lo agarro para estabilizarme.
—¿Estás bien? —me pregunta.
El aturdimiento se desvanece a medida que me acostumbro a estar de pie.
—Sí. —Levanto la vista y veo que me mira con una sonrisa de lo más satisfecha—. ¿Por qué me miras así? ¿Es porque me acabas de follar hasta dejarme atontada con tu enorme pene? —pregunto.
Él asiente con la cabeza, satisfecho con mi descripción.
—Sip —responde, enfatizando especialmente la «P».
—Ya, qué suerte que tengas la polla más perfecta del mundo, bla, bla, bla —replico mientras nos dirigimos al baño.
Nash me abraza por detrás y me acaricia la nuca con la nariz.
—Esta noche, sí —dice mientras me da un cachete en el culo.
Está más contento que unas castañuelas mientras abre el grifo de la ducha.
Por suerte, lo único que hay en esta pequeña cabaña que está hecho para dos es la ducha.
Ocupa todo el largo de la pared trasera de casi dos metros, con puertas de cristal y azulejos blancos, parecidos a los del metro.
Cole la renovó hace dos años, al igual que el resto de las cabañas.
« Cole . Wade ».
—Mis hermanos no pueden enterarse de esto —suelto de golpe.
Nash se gira para mirarme mientras prueba el agua con la mano. No siente ni una pizca de vergüenza. Tiene plena confianza en sí mismo. Como debe ser.
«Joder, es increíble». Nadie debería ser tan atractivo. Debería ser ilegal. Me está dejando frito el cerebro, literalmente.
—Estoy dispuesto a respetar tus deseos, CeCe . Soy un hombre adulto, así que no tengo la necesidad de ocultar lo que ha pasado, pero si eso es lo que quieres, lo haré.
—Solo es una noche —comento—. Seguro que podemos mantenerlo en secreto para que no nos sintamos incómodos.
Él asiente y me abre la puerta de la ducha. Hago lo que me pide y me meto para dejar que el agua me recorra el cuerpo.
—¿Cuánto hace desde tu última vez? —pregunto mientras me enjabona los hombros con el gel de baño de vainilla.
—¿Desde mi última ducha? —Suelta una risita.
—Desde tu última… mujer. —Me río.
—Un poco —responde.
Me doy la vuelta.
—¿En serio? Te refieres a… ¿un par de semanas? —bromeo.
Suspira.
—Diecinueve meses —responde mientras me da la vuelta y agarra el champú.
—¿¡Diecinueve meses!?
—Sí.
—¿Por qué?
Nash resopla detrás de mí.
—No soy un mujeriego, al contrario de lo que piensas.
Bueno… vale, quizá lo era cuando era joven, pero últimamente no he conocido a nadie.
El año pasado tuve la rodilla jodida durante un tiempo y me vi obligado a retirarme del deporte por culpa de eso.
Y luego volví a casa y he estado muy ocupado con el centro y el bar.
No he tenido tiempo; nadie ha captado mi interés.
No dice nada más mientras me enjabona el pelo y me masajea el cráneo con champú de fresa con las yemas de los dedos. Relajo los hombros y respiro hondo.
Se inclina hacia mi oído.
—¿Te gusta?
—Sí —respondo—. Me encanta. Entonces, ¿así es un rollo de una noche con Nash Carter ?
Me aclara el pelo y estira el brazo por encima de mí para coger el acondicionador.
—Es la primera vez que le lavo el pelo a una mujer —confiesa.
Abro los ojos de golpe.
—Significa eso que, en lo que respecta a tus rollos de una noche, ¿me he llevado el premio gordo?
Se ríe entre dientes.
—Podría decirse que sí, Rae .
Reflexiono durante un minuto, mientras me pasa los dedos por el pelo cubierto de acondicionador para deshacerme los nudos.
—Voy a hacerte una pregunta, y quiero que respondas con sinceridad —le pido.
—Dispara.
—¿Esa era tu intención esta noche? ¿Acostarte con Shelby ?
—Sí —admite, y se me encoge el corazón.
Pero ya lo sabía. No debería sorprenderme.
—Sin embargo, no me sentía… cómodo. Le dije que no podía dejar de pensar en ti. Entonces, te vi ahí fuera y di la cita por terminada.
Me paso la mano por mi reluciente pelo y me doy la vuelta para mirarlo mientras empieza a enjabonarse el cuerpo. El agua corre por su torso musculoso como si fuera incapaz de no aferrarse a él. «Agua jabonosa… cuerpo… resplandeciente». Dios mío, me muero por volver a tocarlo.
—¿Y en tu caso, cuánto tiempo hace? —pregunta, interrumpiendo mi ensoñación pornográfica.
Casi bufo la respuesta.
—Ni siquiera lo recuerdo. El año pasado, nunca me sentí segura con Andrew .
A ver, tomo la píldora desde la universidad, pero sabía que me era infiel.
Después de que muriera mi padre, me hice un chequeo para asegurarme de que estaba limpia al descubrir que me estaba poniendo los cuernos, y luego empecé a planear la vuelta a casa.
—Bajo la mirada—. No quiero hablar de Andrew mientras estoy en la ducha contigo, ¿y tú?
—¡Ni hablar! —Me levanta y me besa en los labios—. Solo me quedan seis horas y media y quiero hacer que te corras al menos tres veces más esta noche.
—¿Ah, sí? Mañana tengo que trabajar, ¿sabes?
Me recorre el cuello con la nariz y la lengua. Todos mis pensamientos se desvanecen.
—No puedes llamar para decir que estás enferma. Tu jefe es demasiado estricto.
—Uf, es un auténtico plasta —replico justo cuando el agua empieza a salir fría, y me estremezco.
—No dura mucho el agua caliente, ¿no? —señala un hecho evidente. Cierra el grifo y nos envuelve a ambos en toallas.
—Problemas típicos de cabañas viejas —comento mientras me seco el pelo y el cuerpo con la toalla lo mejor que puedo.
Nash me sigue hasta el dormitorio.
—Por suerte tenemos tu reserva de condones. Es asquerosamente grande.
—Cállate. —Le doy un manotazo.
—Al menos ya sé a dónde enviar a todo el condado si se acaban las provisiones. —Se ríe entre dientes mientras se envuelve la toalla alrededor de la cintura y se pasa una mano por el pelo para apartárselo de la cara.
Un deseo innato me invade al contemplar esta visión.
Camino en su dirección y me detengo frente a él.
Lo miro, levanto la mano y la coloco en su mejilla.
Su mandíbula es demasiado grande para mi diminuta mano, pero gira la cara hacia ella y me besa la palma.
Meto la mano entre mis pechos y desengancho la toalla.
Cae al suelo de madera. Me quedo desnuda frente a él y espero a que termine de asimilar la visión que tiene delante. Me acaricia el hombro con el dedo.
—¿Dónde quiere que me ponga, señor Carter ? —Sonrío de forma burlona.
—Joder, qué sexy eres, Rae —dice con voz áspera.
Utilizo la mano que me queda libre para apretarle el pene, ya endurecido, a través de la toalla.
Suelta un gemido mientras me devora y atrae mi cuerpo hacia el suyo, como si mi contacto le hubiera prendido fuego.
Nash se quita la toalla de un tirón y, de repente, somos un manojo de pieles cálidas y desnudas.
Me siguen cayendo gotas de agua por la espalda, y las esparce por mi piel mientras me besa y recorre cada rincón de mi boca con la lengua.
Aprisiona mi labio inferior entre sus dientes y lo muerde lo bastante fuerte como para hacerme gemir con una mezcla de placer y dolor.
—Te quiero de rodillas. Quiero ver esos preciosos labios alrededor de mi polla, CeCe .
Mi cabeza me dice que proteste por su tono controlador, pero mi coño traidor me obliga a hacer exactamente lo que quiere.
Se agarra el miembro para acariciarse un par de veces y, a continuación, me da unos golpecitos en los labios.
Solo con verlo así, sumado a su piel limpia y cálida que me acaricia los labios, se me hace la boca agua.
—Abre la boca, saca la lengua y enséñame dónde quieres mi polla —me ordena, y lo hago. ¿Dónde queda el feminismo cuando estoy desnuda con Nash Carter ? Sus palabras obscenas me afectan muchísimo. Son como unos preliminares para mí.
La deja caer sobre mi lengua y tomo el control al instante. Paso la lengua con fervor desde la base hasta la punta y luego intento meterla lo máximo que puedo, hasta el fondo de la garganta.
Es demasiado grande, pero está a punto de descubrir que estas cosas no me dan arcadas. Nunca he tenido ese problema. Llega al fondo de mi garganta y abro más la boca mientras lo miro a través de las pestañas.
Aspira profundamente y murmura:
—Joder, CeCe , me cago en la puta.