Capítulo 23
CeCe
Me cruzo de brazos para cubrirme los pechos cuando me golpea la fresca brisa nocturna.
—¿Qué haces aquí? —pregunto mientras miro por encima de su hombro para ver si su cita sigue en su camioneta.
—Es que… tenía que venir a ver cómo estabas. —Se pasa una mano por el pelo y levanta la vista—. ¿Puedo entrar?
—¿Dónde está tu cita?
—La llevé a casa, aunque de cita no tuvo nada. —Tensa la mandíbula mientras me mira expectante.
Ladeo la cabeza.
— Nash , voy a preguntártelo otra vez… ¿Qué haces aquí?
—Necesitaba saberlo, tenía que ver que estabas bien.
—Estoy bien.
Suspira.
—Déjame entrar, Rae . Solo quiero hablar.
Lo observo durante un minuto, luego abro la puerta de par en par y entra en mi diminuto recibidor, de modo que ocupa todo el espacio disponible con su gran envergadura.
Tiene el pelo húmedo, aunque sigue estando perfecto, y su ajustada camisa azul cielo está lo suficientemente mojada como para adherirse a su imponente figura.
Unos celos que no puedo contener (ni comprender) me invaden inesperadamente ante la idea de que se vista así para salir con otra mujer e impresionarla. Es irracional, pero lo asimilo y simplemente lo acepto.
Es lo que es y voy a tener que acostumbrarme. Nash no iba a tardar mucho en salir con alguien.
—Seguro que Andrew ya estará a medio camino de Seattle . No se presentará aquí, así que si has venido a buscarlo, pierdes el tiempo —digo mientras me doy la vuelta para ir a la cocina.
—No, he venido a verte a ti. No quería… Siento haberle pegado, pero es un cabrón de cuidado, Rae . Si vuelve a llamarte para quedar contigo otra vez, me lo dices y te acompaño.
Resoplo mientras termino de llenar la tetera.
—Vaya, no sabía que estaba dejando entrar al Nash Cavernícola.
Pone los ojos en blanco.
—No pienso volver a ver a Andrew . Me comunicaré con él por correo electrónico, y gracias, pero no necesito guardaespaldas, Nash . Ah, y para tu información —añado mientras me giro para mirarlo—, tampoco lo necesitaba cuando estaba en el instituto.
Abre la boca de par en par cuando se da cuenta de que alguien se ha ido de la lengua.
—¿Quién te dio el derecho a decidir con quién podía o no podía salir en aquel entonces? —pregunto.
Nash no responde, se limita a mirarme como si no supiera qué decir.
—Así es, me lo han contado todo. Sé lo de Michael , Jason , Paul , Steven y quienquiera al que sintieras la necesidad de apalizar. Por eso nadie me invitó a salir después de cumplir los dieciséis, ¿verdad? Todos creían que irías a por ellos.
Cierra la boca y vuelve a pasarse la mano por el pelo.
Observo cómo los músculos de su brazo hacen que su camisa parezca a punto de estallar y me fijo en la tinta que se asoma por encima de su ropa.
Las enredaderas de Kentucky que suben por el lateral de su cuello pulsan cuando tensa la mandíbula.
Quiero envolverme en ellas y quedarme a vivir allí.
—¿ Wade o Cole ? —exige saber.
— Wade —respondo con sinceridad, y me obligo a apartar la mirada de su cuerpo y a posarla en su rostro.
Resopla, con la frustración grabada en su rostro.
—Es que me siento… muy protector contigo, CeCe . Siempre me he sentido así. No voy a disculparme por eso.
—Pero no soy tu responsabilidad. —Me doy la vuelta, pongo la tetera en el fuego y continúo—: No tienes que preocuparte por mí. Ya tengo dos hermanos. En mi opinión, has echado a perder una cita perfecta al venir aquí.
Suelta un bufido detrás de mí.
—No sé cómo es ahora, pero me han dicho que Shelby es un torbellino en la cama. Así que me da pena que la hayas llevado a casa; probablemente has perdido la oportunidad de divertirte…
Nash gruñe y se acerca a mí. Me doy la vuelta para mirarlo, pero él ya está frente a mí y me agarra las dos muñecas contra mis costados con fuerza.
—La llevé a casa porque durante todo el rato que estuve con ella, lo único en lo que podía pensar era en ti.
No digo nada, me limito a respirar entrecortadamente. Su nuez se mueve mientras se contiene, con sus manos alrededor de mis muñecas, y su aroma picante a sándalo me reconforta.
—¿Tienes idea de lo jodidamente difícil que es ver tu cara sin importar a quién esté mirando?
Se acerca aún más a mí; nuestros cuerpos casi se rozan.
—¿Sabes cuánto me torturo al obligarme a no pensar en ti? ¿Al recordarme quién eres y por qué no debería acercarme a ti?
Aparta la mirada de mí y veo que su mandíbula se tensa aún más mientras aprieta los dientes.
Sus ojos vuelven a enfocarse en mí, con las pupilas dilatadas, oscuras e infinitas.
Respiro por primera vez en lo que parecen horas mientras su mirada se desvía hacia mi boca.
Sin pensar, saco la lengua rápidamente para humedecerme los labios. Un rugido sordo surge de su pecho.
—A la mierda —gruñe mientras me agarra la cara y me besa. Se aparta unos segundos después y me mira fijamente, casi con incredulidad. Luego se abren las compuertas y su boca se estrella contra la mía. No es suave ni delicado: es exigente y abrumador.
Se me escapa un gemido, pero Nash se lo traga. Me besa tan profundamente que me pierdo con cada roce de su lengua. Es caótico y medido, lento pero frenético. Me siento completamente indefensa mientras unos escalofríos me recorren la espalda.
Aprieto los muslos cuando mi sexo empieza a arder, y la boca de Nash invade la mía como si estuviera hambriento de mí, como si mis labios le ofrecieran su única salvación.
Me recorre el cuerpo con sus manos grandes y ásperas mientras lo agarro por la camisa.
Las desliza por mi pelo y sobre mis hombros, luego bajan por mi espalda hasta mi cintura y se cuelan bajo la seda de mi camiseta.
Siento su calidez contra mi piel. Es abrumador e insuficiente a la vez. Quiero más.
Gimo mientras me recorre el cuello con la boca, trazando una línea desde mi oreja hasta mi clavícula.
Sus besos no son delicados, sino hambrientos y húmedos, y los intercala con pequeños mordiscos que me pellizcan la piel, seguidos de lametones para calmar el dolor.
Me mantiene apretada contra él y presiona sus caderas contra las mías.
Todo mi ser se acurruca contra él. Intento luchar contra ello, intento decirme que no, que esto está mal, que es Nash .
Sé que no deberíamos hacer esto, pero mi cuerpo dice que sí, grita que sí.
Después de verlo todos los días en todos lados durante semanas, por fin implosiono y no puedo hacer nada para detenerlo, ni quiero hacerlo.
Se aparta de mí con tanto ímpetu que me sobresalto, y me recorre la cara con la mirada.
—Te deseo muchísimo, Rae . Te necesito, ahora, y yo jamás he necesitado a nadie.
—Yo también —gimo mientras me besa en la comisura de los labios—. ¿Y si… y si lo hacemos solo una vez? —susurro.
Me besa de nuevo, pero luego aparta la cara para mirarme con un millón de preguntas en los ojos.
—Solo sexo, o sea, solo esta noche. Quiero decir… Si vas a romper tu regla de oro, mejor que lo hagas hasta el final.
Me sonríe y me besa la mandíbula.
—Creo… —otro beso— que estoy rompiendo todas las reglas que he tenido en lo referente a ti ahora mismo.
Pongo los ojos en blanco mientras sus labios se deslizan por mi cuello.
—P-pero nada de sentimientos. Solo sexo —recalco sin aliento.
—No me van los sentimientos. Me parece bien que solo sea sexo —espeta.
—Entonces, ¿hay trato? —pregunto.
Gime de nuevo y se aprieta contra mí con tanta fuerza que siento su miembro contra mi abdomen. Desliza las manos bajo mis pantalones cortos y otro gruñido grave brota de su pecho.
—Estos putos pantaloncitos. —Me sienta encima de la encimera—. Deberían ser ilegales.
Lo rodeo con las piernas mientras me agarra los muslos y luego bajo la mirada para ver cómo me restriego sin pudor contra su polla desde la encimera. Desesperada por él, lo aprieto aún más con los muslos.
—Joder, CeCe —susurra, y me encanta. Me encanta que me desee tanto como yo a él.
Me acaricia los pechos mientras mis pezones imploran su tacto.
Sabe lo que necesito antes de que lo piense siquiera.
Me baja la camiseta con brusquedad para exponerme ante él, y sus pulgares encuentran mis pezones endurecidos mientras se aparta para mirarme.
Me acaricia la mejilla con la yema de su pulgar.
—Joder, Rae , eres preciosa —exclama mientras me contempla.
No pierde más tiempo y acerca la boca a cada uno de mis pechos.
Dejo caer la cabeza hacia atrás y gimo con suavidad mientras se dedica a chuparme y pellizcarme los pezones.
Siento un calor profundo y delicioso en mi interior.
En mi vida había deseado tanto las manos de un hombre sobre mi cuerpo.
Estuve años con Andrew y jamás lo deseé de esta manera.
El tacto del cuerpo musculoso de Nash bajo las yemas de mis dedos es justo como me lo imaginé.
Duro y cálido. Tan fuerte. Me percato de que no solo deseo a Nash Carter , sino que vendería mi alma por él ahora mismo.
Su boca regresa a la mía y sus besos se vuelven lánguidos y lentos, de modo que me abrasan mientras desliza las manos hacia la cima de mis muslos.
—Dime una cosa, Rae … ¿Cómo de mojada estarás si meto los dedos dentro de tus bragas ahora mismo? —pregunta contra mis labios.
—M-muy mojada —balbuceo mientras desliza el dedo corazón hacia mis pantalones. Nuestras pieles aún están separadas por dos capas de tela, pero sé que puede sentir lo mojada que estoy a través de ellas.
—Mmm… —gime en mis labios, y lo siento vibrar por todo mi ser—. Mírate, Rae . Qué buena chica eres, ya estás empapada para mí. —Su profunda voz se vuelve aún más grave cuando me acaricia el clítoris hábilmente con la yema del dedo.
Podría correrme antes de que deslice siquiera la mano bajo mis bragas, solo con la combinación de su tacto y sus palabras. Mi respiración se vuelve errática e irregular. Nadie me había hablado así nunca… tan atrevido, tan directo. Y, joder, me encanta cada palabra.