Capítulo 20 #2
—Sí, Andrew , eso es exactamente lo que voy a hacer —respondo con calma mientras ignoro sus insultos—.
He estado comparando ventas similares en Zillow .
Creo que podríamos conseguir un millón y medio por el piso.
—Hablo con voz tranquila y serena para demostrarle que no me afecta, pero no me escucha.
A juzgar por la mirada que me lanza, está a punto de soltar alguna crueldad.
Se recuesta en su asiento, se cruza de brazos y se le escapa una risa malvada. Nunca lo había odiado tanto.
—Sabes, desde que murió tu padre te has convertido en una auténtica zorra sin corazón.
Jadeo al escuchar sus palabras y mi furia se desata.
La pareja sentada frente a nosotros deja de hablar y se gira para mirarnos. Estoy casi segura de que el hombre que me mira trabaja en la farmacia y conoce a mi madre. Me inclino hacia adelante, pero me importa una mierda si me oyen.
—Nunca jamás vuelvas a hablar de mi padre.
—Las lágrimas se me acumulan en los ojos, pero las reprimo con todas mis fuerzas.
Tengo que ser fuerte y no pienso darle esa satisfacción a Andrew —.
Hemos terminado, Andrew . Si necesito un abogado, lo conseguiré, pero no vuelvas a llamarme ni escribirme.
Podemos comunicarnos por correo electrónico para evitar discusiones.
Venderemos el piso y cada uno seguirá su camino.
Si no llamas a un agente inmobiliario la semana que viene, lo haré yo.
Intento levantarme, pero me agarra del brazo y veo algo en sus ojos que nunca antes había visto.
Miedo. Tiene miedo. Me trató fatal y me utilizó durante los últimos cinco años, como mínimo, pero teme tanto por su reputación que está dispuesto a casarse conmigo aunque no estemos enamorados.
Por suerte, yo soy más inteligente que él.
—Suéltame el brazo.
— Cecilia . Por favor… —me suplica—. Dame otra oportunidad.
— Andrew , ese barco ya zarpó —resoplo. Aparto el brazo con brusquedad y tiro un billete de veinte dólares sobre la mesa para dejarles propina a los de la cafetería. Con suerte no cotillearán mucho sobre la escenita que estamos montando.
Me doy la vuelta y me voy sin decir nada más, pero él se levanta y me sigue.
Atravieso las puertas y salgo bajo la llovizna de julio; ojalá hubiera encontrado un sitio más cerca para aparcar. Empiezo a caminar mientras compruebo si vienen coches y Andrew me sigue.
—Podrías haber hablado conmigo en lugar de largarte sin más, ¿sabes? ¿Cómo iba a saber que no eras feliz?
Me doy la vuelta para mirarlo en cuanto llego al otro lado de la calle.
—Entonces, ¿debería haberte rogado que dejaras de engañarme? ¿Dices que es culpa mía? Ya veo. —Echo la cabeza hacia atrás y suelto una carcajada porque es tan patético que incluso me da pena—. Eres tan egocéntrico, Andrew . Nunca te engañé. Siempre te fui fiel. No te mereces a alguien como yo.
Me giro para irme, pero me agarra del brazo de nuevo, solo que esta vez me atrae hacia él con fuerza.
— Cecilia , no me vas a dejar en medio de la puta carretera. Volverás a casa y lo solucionaremos. Se lo debemos a nuestra relación. No pienso renunciar a ti —grita.
Abro la boca para protestar porque me está haciendo daño en el brazo. Justo en ese momento, una ráfaga de viento pasa por mi lado, y antes de que me dé cuenta de lo que está pasando, se oye un crujido extraño y Andrew se cae de culo en la acera.
—Vuelve a tocarla y estás muerto, joder.
La voz de Nash me da escalofríos. Me giro para ver de dónde ha salido y reconozco a Shelby Christie , la antigua entrenadora de mi equipo de animadoras, de pie bajo el toldo de Dolcetto con la boca abierta, sorprendida por lo que acababa de pasar.
Llego a la conclusión de que seguramente estaban en una cita cuando veo que Andrew intenta ponerse de pie y Nash lo agarra por el cuello de su camisa perfectamente planchada, como si estuviera a punto de pegarle de nuevo.
—¡ Nash ! —grito.
Se gira para mirarme y me sobresalto al ver la furia que arde en su mirada.
—No va a ponerte las manos encima, CeCe .
—¿Quién cojones eres tú? Esto es entre mi prometida y yo —protesta Andrew mientras se lleva un pañuelo a la nariz, que sangra profusamente.
Esbozo una sonrisa de satisfacción, oculta detrás de Nash . Me hace gracia pensar que Andrew tendrá que ir al juzgado con la nariz rota la semana que viene.
—¿Que quién cojones soy? —La voz de Nash suena calmada, pero es tan profunda y aterradora que no me gustaría estar en la piel de Andrew .
Vuelve a golpear a mi ex en la barbilla, fuerte. Este se tambalea hacia atrás mientras Nash lo sigue agarrando con firmeza de la camisa para mantenerlo de pie.
—¿¡Que quién cojones soy!? —repite, esta vez más fuerte—.
Soy Nash Carter , joder, y esparciré tus dientes por la acera si vuelves a dirigirte a CeCe como «tu prometida».
—Agarra a Andrew por el cuello con tanta fuerza que le está cortando la respiración—.
No es la prometida de nadie y es evidente que no quiere hablar contigo.
Así que, Drew , mírame a la cara. Memorízala.
Jamás volverás a ver a CeCe sin que esté yo a su lado.
Ahora, si quieres irte de una pieza esta noche, vas a disculparte.
«Madre del amor hermoso. ¡Sí, señor Carter !».
Esta vez, Andrew es lo suficientemente inteligente como para saber que Nash no está para bromas.
—Lo siento, CeCe . No debería haberte… agarrado —espeta, presa del pánico.
Nash me mira, casi como si estuviera pidiendo mi aprobación. Asiento una vez y Nash lo suelta, de modo que Andrew vuelve a caerse de culo. Intenta levantarse, pero parece mareado.
—Muy bien, imbécil. Ahora discúlpate por no saber tratar a una mujer. Por no entender lo que tenías cuando lo tenías —ladra Nash .
Andrew lo mira. Seguramente se pregunta por qué Nash sabe tanto de nuestra relación.
—Lo… lo siento, CeCe —se disculpa, despatarrado sobre la acera. Se tapa la cara con las manos por miedo a que Nash lo golpee de nuevo.
—Ahora, lárgate de mi pueblo y no vuelvas por aquí, joder —ruge Nash mientras lo empuja y, a continuación, le da la espalda a Andrew sin miedo alguno. No le preocupa en absoluto que quiera devolverle el golpe.
Toda esta escena acaba de convertirse en mi imagen favorita para las noches de sábado.
Andrew se aleja a toda prisa.
—Menudas compañías frecuentas, Cecilia . —Señala a Nash —. Y tendrás noticias de mi abogado, colega —grita, ahora que está a salvo al otro lado de la calle.
—Lo espero con ansias, Drew —grita Nash sin mirarlo siquiera—. ¿Estás bien? —me pregunta.
Su actitud ha dado un giro de ciento ochenta grados en apenas dos segundos. Coloca ambas manos sobre mis brazos, cuya piel se ha puesto de gallina por estar bajo la lluvia. Me recorre los antebrazos con los pulgares.
— Nash , ¿puedes abrir el coche? —grita Shelby mientras se dirige a su camioneta. Él la abre de inmediato.
—Mierda. Lo siento mucho, Shelby . Enseguida voy —murmura, y luego me mira—. Mierda… —Se pasa una mano por el pelo—. Yo… he ido a cenar —me informa mientras flexiona la mano ensangrentada para evaluar el daño.
Le toco el brazo y lo miro.
—¿Qué haces, Nash ? —pregunto—. O sea, gracias. Al menos ya se ha ido y probablemente no volverá, pero está claro que tienes una cita. Una cita que seguramente se acabe de ir al garete.
Nash abre la boca para decir algo, pero lo interrumpo.
—Llévala a casa. Voy a quitarme toda esta ropa mojada. Nos vemos mañana. —Empiezo a caminar hacia mi camioneta.
— CeCe —grita Nash detrás de mí.
Me giro para mirarlo, expectante.
Parece atormentado, como si estuviera planeando cuidadosamente qué decir. Sin embargo, se limita a susurrar:
—Siento que te haya hecho daño.
Asiento con la cabeza y me dirijo a mi camioneta mientras Nash hace lo que le digo y vuelve con su cita.