Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 19
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Capítulo 19

Nash

Tras pasar una hora en el Sage & Salt repasando todo lo que tenemos para el Festival del Atardecer, lo último que me apetece es dejar a CeCe con Sonny en la oficina para ir a reunirme con mi proveedor en The Horse & Barrel .

Está tranquilo cuando llego. Los lunes son siempre así. Es el único día de la semana que cerramos, por lo que me dedico a hacer inventarios y limpiar bien el bar antes de que llegue la entrega.

Algo brillante me llama la atención desde la zona donde estaban sentadas las Demonios anoche.

Me dirijo al reservado y cojo el collar dorado con un símbolo de infinito que hay sobre el asiento.

Lo reconozco al instante: es de CeCe . Lo llevaba anoche con su vestido blanco y sus sandalias rojas.

Me lo llevo a la nariz como un acosador obsesionado y aspiro el aroma a fresa que aún perdura en él.

«¿Desde cuándo recuerdo el atuendo de una mujer?», me pregunto justo cuando el repartidor aparca delante de la puerta. Me guardo el collar en el bolsillo y salgo para ayudarlo a descargar.

Cuando regreso al centro a las cuatro, me doy cuenta de que el coche de CeCe ha desaparecido.

Yo: ¿No has podido aguantar todo el día? ¿Te has escabullido antes?

Rae: No se lo digas a mi jefe. Es un plasta.

Me río entre dientes.

Yo: Tu secreto está a salvo conmigo, Rae .

Reprimo la decepción que siento porque ya se ha ido y cuento las horas que faltan para volver a ver su rostro.

Hay una auténtica fiesta montada en el rancho cuando atravieso la puerta principal para la cena del lunes con un pastel de Spicer’s para Mamá Jo.

CeCe y Mabel han puesto la minicadena a todo volumen en el salón y bailan al ritmo de Geraldene , de Miranda Lambert , mientras el sol del atardecer se cuela por el gran ventanal. Están haciendo una pequeña coreografía cuando paso junto a ellas.

—Buenas noches, señor Carter —canturrea CeCe cuando paso por su lado. Mi polla da una sacudida cuando escucho la forma en que enfatiza el «señor Carter ». No es solo por su tono, sino por la formalidad con la que se dirige a mí. Todo lo que hace es de lo más sexy , joder.

—¿Señor Carter ? —gruñe Wade mientras entro en la cocina.

—Es una broma del trabajo —aclaro rápidamente.

Asiente con la cabeza mientras hace girar su bourbon y le da un sorbo.

—¿Cómo te va con CeCe Rae ?

—Bien, me ha ayudado muchísimo.

No ha pasado nada entre nosotros, pero tengo la sensación de que Wade puede ver desde lejos mis «ojillos de cachorrito enamorado», como dice Sonny .

—Bien, me alegra que esté contigo. Cuida de ella, mamá dice que Andrew se lo está poniendo difícil.

No quiere vender el apartamento ni enviarle sus pertenencias.

No deja de repetirle que tendrá que volver a Seattle si quiere recuperarlas.

Es un cabrón. Me estoy medio planteando liársela si lo veo, y CeCe suele enfrascarse en el trabajo cuando quiere evitar sus problemas.

Tenso la mandíbula cuando me giro y la veo reír y dar vueltas por el salón con Mabel .

Lleva el pelo suelto y ondulado hasta la cintura, unos shorts vaqueros y una camiseta de tirantes que le sienta de maravilla, pero su sonrisa…

es como un puñetazo en el estómago. Joder, esa sonrisa me ilumina el día entero.

Ese tal Andrew debe ser un auténtico idiota. ¿Qué clase de imbécil la deja escapar?

—Yo te ayudo, hermano —me ofrezco mientras me tiende un vaso de bourbon y chocamos nuestras copas. A continuación, le doy un gran trago.

De hecho, si alguna vez veo a Andrew , no solo ayudaré a los hermanos Ashby a darle una paliza, sino que seré quien dé el primer golpe.

—¿Qué tal, chicos? —pregunta Cole mientras se quita el sombrero de sheriff y lo cuelga en una silla cuando entra en la cocina.

Saca la botella de bourbon de la barra y se sirve un vaso. Mamá Jo acaba de unirse a la fiesta que se está desarrollando en el salón.

El horno empieza a pitar mientras Jo pone una canción para las chicas desde su teléfono.

— Cole , saca la lasaña y corta el pan. Esta noche os toca servirnos a nosotras, chicos.

CeCe y Mabel gritan mientras comienzan a bailar That Don’t Impress Me Much , de Shania , la favorita de CeCe del repertorio de la cantante.

Miro a los chicos y nos reímos. Como siempre, nadie le discute a Jo, así que Wade saca la hogaza de pan y comienza a hacer una ensalada mientras yo preparo rápidamente una mantequilla de ajo para untarla en el pan. Justo en ese momento, Dean pasa junto a las chicas y entra en la cocina.

—¿Hoy os toca hacer la cena por culpa de las locas esas? —pregunta mientras las señala con el pulgar por encima del hombro.

—Así es, abuelo —replica Wade . Le tiende los cubiertos—. Haz algo útil y pon la mesa.

—¿No te tocaría hacerlo a ti? Eres más joven que yo —bromea Dean al tiempo que le quita los cubiertos y se sirve su vaso de bourbon .

—No puedo. Le estoy dando duro a esto —se excusa mientras mezcla la ensalada, y niega con la cabeza en cuanto se da cuenta de cómo suena lo que acaba de decir.

—Sí, a Wade se le da genial darle duro. Seguramente no hay nadie en el condado que le dé tan duro como él. — Cole se ríe entre dientes mientras se mete un picatoste en la boca.

—Sabes, ahora que lo pienso, se comenta por el pueblo que le da duro a todo —comento.

El abuelo Dean le guiña un ojo y agita los cubiertos hacia Wade .

—Eso solo se consigue con mucha práctica, igual que yo con mis dedos.

—Que os den por culo, cabrones —murmura Wade cuando le doy una palmadita en la espalda y empiezo a untar el pan con mantequilla.

—¡Dos dólares para mi bota, tío Wade ! —grita Mabel por encima de la música, y suelto una carcajada.

—Su oído se vuelve supersónico cuando hay palabrotas de por medio —murmura Wade mientras mete dos billetes en la bota.

—¡Mamá Jo! —protesta CeCe mientras empiezan a sonar los primeros acordes de Cecilia , de Simon & Garfunkel . Se la ponen siempre que pueden y, aunque protesta, siempre baila al ritmo de su tocaya.

Meto el pan en el horno para que se dore y a continuación, me apoyo en el marco de la puerta para observar a las chicas hacer el tonto mientras me termino mi bourbon . Puede que esta noche necesite otro.

No importa cuántas veces me repita a mí mismo que no la deje entrar: CeCe Ashby no deja de colarse bajo mi piel.

Las palabras de Wade resuenan en mi mente.

«Cuida de ella». Confía en que la cuidaré como haría él.

No puedo decepcionarlo ni a él ni a Wyatt por un flechazo…

bueno, a estas alturas es casi una obsesión.

Me recuerdo a mí mismo que tengo que usar el número de teléfono que me dio Cole hace unas semanas, y pronto, para aclararme un poco la cabeza.

Esta familia es la única que tengo. Sin embargo, no dejo de darle vueltas a lo mismo mientras observo cómo baila y canta la alocada rubia que últimamente me tiene cautivado.

You ’re breaking my heart,

I’m down on my knees,

I’m begging you please to come home… *

Me va a costar la vida apartarla. Se está colando bajo las grietas de mi alma, que había cerrado a cal y canto, y la ilumina como si estuviera llena de puñeteros fuegos artificiales.

Me pilla observándola y seguro que ve mi sonrisa bobalicona, porque sonríe de oreja a oreja, echa la cabeza hacia atrás y se ríe.

Es la cosa más bonita que he visto en la vida, joder.

—¡A cenar, Pistol Annies ! —les grita Cole quince minutos después a las bailarinas, que están sin aliento en el salón.

Entran arrastrando los pies y cuando CeCe pasa por mi lado, con la respiración agitada por el ejercicio que acaba de hacer, la agarro de la muñeca.

—Anoche te dejaste esto en el bar, se te debe de haber caído.

Me saco su collar del infinito del bolsillo y lo sostengo entre mis dedos índice y pulgar.

Cuando extiende la palma, lo dejo caer sobre esta y le cierro los dedos alrededor del collar.

La diferencia de tamaño entre nuestras manos es asombrosa.

Su mano se amolda a la mía con tanta perfección que me quedo paralizado por un momento.

Me sonríe.

—Me preocupaba haberlo perdido. Mi padre me lo regaló hace dos Navidades. —Se inclina hacia mí—. Siempre estará conmigo —susurra. Supongo que está citando las palabras de Wyatt .

—Lo está. Lo sabes, ¿verdad? —respondo mientras la miro a los ojos, quizá más profundamente de lo que debería.

Mira a su alrededor y asiente con la cabeza.

—Está dondequiera que mire. Es reconfortante.

—Claro que sí —le aseguro, y ella me sonríe de nuevo.

CeCe me pellizca la camiseta, de manera que me roza el torso con las uñas a través de la tela, y su mero contacto casi me provoca una erección.

—Vamos, señor Carter . Sírvame un bourbon , si es tan amable. —Señala la cocina con un gesto de cabeza mientras se aleja de mí.

Hago todo lo posible por no fijarme en cómo se balancea su culo perfecto bajo sus pantalones cortos, pero fracaso miserablemente.

«Estoy muy jodido».

* «Me has roto el corazón, / te lo suplico de rodillas, / vuelve a casa, por favor…». (N. de la T.)