Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

CeCe

Quizá no debería haber dicho nada, pero después de pasar estas últimas semanas con Nash , tanto él como su bienestar están empezando a importarme de verdad.

Sé por lo que pasó, y ser consciente de que está en todas partes a todas horas me indica que no se toma tiempo para sí mismo y que seguramente hace todo lo posible por alejarse de sus demonios.

Come como si todavía estuviera entrenando en la NHL y nunca deja de hacer ejercicio, pero eso tampoco debe ser bueno.

Es normal que me preocupe, puesto que ya me he acostumbrado a verlo en todas partes: en nuestra mesa los lunes por la noche, en el bar cuando salgo con las chicas y casi todos los días en el Olympia .

Ya no es tan incómodo como al principio.

Ahora es reconfortante y, en las últimas semanas, he empezado a anhelar su presencia.

A pesar de que detesto sentirme atraída por alguien que nunca tendré, tengo muchas ganas de ir a trabajar y eso me facilita mucho los días.

Es más fácil aguantar los constantes mensajes de voz y correos electrónicos de Andrew cuando llego a casa después de tener una buena jornada.

Aunque también es una tortura porque es demasiado guapo, lleve el atuendo que lleve.

El Nash empresario, el Nash del bar con la gorra del revés, el Nash vaquero, el Nash del hockey : todos son los protagonistas de mis fantasías de los sábados por la noche.

Y no es solo por su aspecto, sino porque todas las mañanas le trae un dónut a Sonny y porque paga la matrícula del campamento de los niños cuando sus padres no pueden permitírsela; he descubierto que lo hace a menudo mientras revisaba los libros.

Porque cuando salgo de mi cabaña las mañanas que está en el rancho, me encuentro el café de Spicer’s en la barandilla del porche, siempre humeante, siempre perfecto.

Nunca hablamos mucho de ello, pero siempre está ahí y me encanta que haga todo lo posible porque me sienta una más de su equipo.

Hace que me sienta esperanzada de que podamos ser amigos de ahora en adelante. Amigos de verdad. Por eso me ofrecí a escucharlo si necesitaba hablar, pero debería haber sabido que no lo aceptaría.

En el fondo, sigue siendo el mismo Nash esquivo y cerrado, y eso probablemente nunca cambiará.

Nos reunimos con la asistente del alcalde, Leslie , y nos pasamos la siguiente hora repasando las normas con ella. Tomo nota mientras ella coquetea con un Nash despistado. Todo lo que él dice es «superinteligente» y «una gran idea» que a ella «nunca se le habría ocurrido».

Me ruge el estómago cuando le estrecho la mano a Leslie para despedirme. Estoy casi segura de que está babeando cuando le estrecha la mano a Nash .

—¿Vamos al Sage & Salt ? —me pregunta mientras caminamos hacia la calle principal.

—Por supuesto —respondo al tiempo que pasamos de largo su camioneta y optamos por ir a pie, ya que está aquí al lado.

Mi pueblo natal es precioso y me siento como en casa otra vez mientras disfrutamos de los turistas y la clientela típica del verano. Cruzamos el pequeño puente del muelle y elegimos una mesa en el patio para comer.

—¡Hola, cariño! —grita Sandy mientras nos sentamos—. Cohete —saluda a Nash —. ¿Lo de siempre?

—Obvio —responde Nash .

—¿Y para ti, CeCe ? — Sandy se gira hacia mí, expectante.

—El cruasán del desayuno y unas patatas fritas caseras. Y un zumo de naranja, por favor —le pido. No me hace falta mirar el menú.

—Un buen desayuno después de tantas sangrías. —Se ríe—. Esa chica que canta versiones de Shania estuvo genial anoche —le comenta a Nash —. Tienes que volver a contratarla.

—Vino desde Louisville —explica Nash .

—Menuda bienvenida preparó para ti —exclama mientras me da un golpecito en el hombro.

La miro, confundida.

—¿Para mí? —inquiero.

Nash se aclara la garganta y pregunta:

—¿Me traes un batido verde de proteína con mi desayuno, Sandy ?

—Claro, cariño. —Me guiña un ojo y se va.

Miro a Nash , pero evita mi mirada a toda costa.

—¿Qué? —exige saber.

—¿Qué quería decir Sandy con «para mí»?

—No lo sé. Todo el mundo sabe que te gusta Shania . —Se encoge de hombros.

—¿Con qué frecuencia contratas a músicos que hacen versiones de canciones?

Clava los ojos en mí, pero su mirada de brillantes ojos azules me dice que no está siendo del todo sincero.

—De vez en cuando.

—¿Cuánto hace que la contrataste?

—Bastante tiempo —replica.

—Si no te conociera, pensaría que estás incentivando mis resacas de los lunes al traer a tu bar a mi cantante de country favorita la noche en que las bebidas son más baratas.

Nash se ríe entre dientes y se recuesta en su asiento.

Estira las piernas y le da la vuelta a su gorra de béisbol de los Stars para colocársela del revés, de manera que algunos mechones de su pelo oscuro y ondulado sobresalen por debajo.

Me deja sin aliento cuando cruza los brazos sobre el pecho y me mira fijamente.

Decido que, por ahora, mirarlo es más divertido que atosigarlo.

—Exacto, me has pillado. La CeCe con resaca es tan encantadora que traje a la réplica de Shania al bar solo para disfrutar de esta delicia esta mañana.

Me río y le tiro mi servilleta justo cuando una joven camarera a la que nunca había visto sale con nuestras bebidas. Me pone el zumo de naranja delante sin mirarme siquiera y le dedica a Nash una sonrisa deslumbrante mientras le ofrece su batido.

—Enseguida le traigo su desayuno, señor Carter —le informa, y se gira justo frente a él para ofrecerle una vista perfecta de su culo tonificado. Para mi sorpresa, es un perfecto caballero y ni siquiera lo mira. Incluso yo lo he mirado, tiene un culo perfecto.

Resoplo mientras ella se aleja balanceando las caderas.

—¿Siempre te pasa esto? —pregunto.

Nash me mira mientras envuelve la pajita entre sus suaves labios.

«Ojalá yo fuera esa pajita».

—¿El qué?

—Que las mujeres se te tiren encima —replico, y luego añado imitando la voz seductora de la camarera—: señor Carter .

—No tengo ni idea de lo que estás hablando. —Finge inocencia mientras se remueve en su asiento.

—Puede que incluso sea más joven que yo —observo, y me arrepiento al instante de haber dicho nada al ver la sonrisa burlona de Nash .

—Primero de todo, Rae , si no te conociera, diría que pareces un poco molesta, puede que incluso celosa.

—¡Ja! —Suelto la risa más ridícula que he oído, más bien un graznido que demuestra que tiene razón. Nash me sonríe.

—Segundo, eres la menos indicada para hablar. Los domingos por la noche no hago más que librarte de los borrachos de mi bar que intentan armarse de valor para coquetear contigo. Y no me hagas hablar de Kevin .

—Oh, por favor. —Me río de su ridícula descripción—. Kevin solo está siendo amable.

—No sabes cómo te mira el culo —replica.

Me encojo de hombros.

—Bueno, pues supongo que está decidido.

—¿Qué está decidido? —Se ríe.

—Los dos somos demasiado atractivos para nuestro propio bien —afirmo justo cuando la señorita Coqueta de Culo Prieto regresa con nuestros pedidos.

—Que aproveche, señor Carter —dice ella, ignorándome por completo, lo que confirma mi teoría.

Levanto el pulgar sobre mi hombro para señalarla mientras se aleja y articulo con los labios: «¿Ves a lo que me refiero?», lo que hace que Nash suelte una carcajada mientras sacude la cabeza.