Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 17
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Capítulo 17

Nash

De forma milagrosa, consigo mantener las manos quietas durante las siguientes tres semanas, o «mantener la bragueta cerrada», como me aconsejó Sonny . Y aunque me cuesta la vida, en el fondo sé que tiene razón.

CeCe ha convencido no solo al ayuntamiento, sino también a todos los comercios locales. Hasta el momento, treinta y siete artesanos locales del pueblo y de los condados de los alrededores vendrán a vender sus productos y han acordado donar gran parte de las ganancias al Lightning .

Pasar todos los días con CeCe es una puta tortura.

De esas que resultan inaguantables y a la vez quieres experimentar cada maldito día.

Y por mucho que cada mañana se presente con un aspecto que es una mezcla entre la administrativa buenorra y la universitaria con cara de niña buena, su mente es lo que más me atrae de ella.

Sus ideas son inteligentes y bien meditadas.

Ha montado una sala de archivos para almacenar todo el papeleo, lo ha mandado a digitalizar y ha conseguido que nuestro sistema de contabilidad esté en orden. Todo en menos de un mes.

Cuando CeCe está cerca, todo es un poco más brillante.

Un poco más emocionante. Es como traer el sol a la oficina.

Estoy casi seguro de que Sonny la va a pedir en adopción; se han hecho mejores amigas y se autodenominan Thelma y Louise .

Incluso intercambian libros y pasteles caseros, por el amor de Dios.

Sonny había perdido un poco la ilusión desde que murió su marido, y ver a CeCe reírse con ella todos los días y mostrar interés por sus nietos es lo más jodidamente dulce que he presenciado mientras trabajan día tras día en el Festival del Atardecer.

Cortaremos toda la calle principal y parte de Decker Lane para el festival. Wade y Cole incluso se han ofrecido a ayudar en todo lo que puedan, y Silver Pines donará un lote de clases de equitación para subastarlo.

Muchos de mis amigos de la NHL , tanto activos como retirados (aunque siguen siendo muy famosos), vendrán durante la pretemporada para firmar autógrafos y conocer gente.

Cory Kane , por ejemplo, todavía juega con los Nashville Predators y tiene mucho tirón.

Me va a ayudar a organizar la competición de tiros.

Ya hemos pedido el hielo sintético, porque Kentucky a finales de agosto sigue siendo un infierno.

También habrá un montón de actividades en el aparcamiento del Olympia y puede que incluso haya suficiente gente para formar un equipo.

A CeCe se le ocurrió organizar un partido de Profesionales contra Lugareños, en el que participará el departamento de policía, el de bomberos y cualquiera que viva en Laurel Creek y quiera enfrentarse a nosotros.

Salgo de mi camioneta y entro en el edificio. Esta semana no tengo que organizar ningún campamento y Chris se encarga de las clases, así que puedo pasarme estos días ultimando todos los detalles con CeCe y Sonny .

CeCe ha renunciado a su lunes libre habitual y nos reuniremos con el ayuntamiento para revisar las normas de zonificación y rellenar la documentación para el permiso. Mentiría si dijera que no esperaba este día con más ansias de las que debería.

Me pregunto qué se pondrá o qué se habrá hecho en el pelo mientras atravieso el aparcamiento como un adolescente enamorado.

Paso de fustigarme más. He decretado que es imposible que un hombre no se sienta atraído por CeCe Ashby .

Así no me siento tan culpable cuando me la imagino quitándose esas blusitas de seda que lleva y que abrazan esos pechos perfectos mientras me hago una paja en la ducha casi todas las noches después de pasar el día con ella.

Me imagino que son sus labios carnosos de color cereza los que me envuelven el miembro, no mi mano, o la visualizo gimiendo mi nombre mientras la penetro y la agarro del pelo para follármela por detrás.

Después de casi un mes con ella, tengo varias fantasías guardadas para elegir.

El ambiente en el Olympia ya está animado cuando atravieso las puertas.

Avery está entrenando al grupo de patinaje artístico en la pista uno, Chris y un ayudante están haciendo un entrenamiento de potencia en la pista dos, y hay niños felices deambulando por todos lados.

Hay días en los que siento que este sueño es más gratificante que mis aspiraciones de la NHL .

Es como si estuviera recompensando a mi yo de la infancia y haciendo que mis padres se sientan orgullosos.

Sé que hubo momentos en los que lo pasaron mal, y si hubiera existido un lugar como este para ayudarlos, habría significado mucho para ellos.

La familiar punzada de culpa se instala en mi alma, la misma que siempre me invade cuando pienso en todo lo que hicieron para que yo pudiera jugar al hockey . Literalmente, dieron su vida por ello.

CeCe ha cruzado los brazos sobre su escritorio y tiene la cabeza apoyada en ellos cuando entro en su despacho. A su lado está el café que le dejé en la barandilla del porche esta mañana, y Sonny está sentada frente a ella.

—Oh, oh, aquí está el plasta del jefe —bromea Sonny con una risita.

—Ni una palabra esta mañana, Nash Carter —gruñe CeCe con la voz apagada mientras yo me río.

—¿Demasiadas sangrías anoche, Rae ?

¡Ya lo creo que sí, joder! Se pasó la noche bailando con sus Demonios y Avery mientras yo seguía de cerca a su club de fans masculino, que poco a poco empieza a sumarse a la noche de chicas semanal.

Levanta su preciosa cabecita y me mira. Hoy viste de manera informal, como la mayoría de las mujeres del pueblo los lunes. Laurel Creek , Kentucky : el único pueblo de Estados Unidos que necesita un lunes informal.

Se ha recogido su larga cabellera ondulada en una coleta alta, y lleva unos zuecos y un vestido azul marino sin mangas que le llega hasta los tobillos.

—No quiero oír ni una palabra hasta que el paracetamol me haga efecto.

Me río y me doy la vuelta para irme, pero Sonny habla.

—Quizá deberías reprogramar tu cita con Kevin —le sugiere a CeCe .

Me quedo paralizado. «¿ Kevin ?». Me doy la vuelta.

—¿Vendrán Kevin y Harry ? —pregunto.

Sonny niega con la cabeza.

—Solo Kevin , quería repasar la lista de necesidades con CeCe esta tarde.

«¿Ah, sí?».

—Sí, puede que sea mejor dejarlo para el miércoles —murmura CeCe , y tomo nota mentalmente para asistir a esa reunión con ella. No veas con Kevin , cómo aprovecha cualquier oportunidad. No lo culpo, pero ya se puede ir olvidando. No conseguirá nada mientras yo esté al mando.

—Yo también iré. Eh… tengo que repasar algunas cosas con él —le informo. Es mentira, pero CeCe no le da importancia y asiente.

—Necesito veinte minutos, Nash . Y, por favor, no vuelvas a traer a esa chica que canta versiones de Shania durante toda la noche y a programar una reunión para el lunes.

—Entendido. —Me río entre dientes mientras camino hacia mi oficina y espero a que mi atractiva contable esté lista.

Rae: Bueno, ya vuelvo a ser persona. ¿A qué hora nos vamos?

Yo: Si te va bien, ahora. No olvides coger las gafas de sol. Hace un calor horroroso. Luz, mala. Oscuridad, buena.

Rae: Gafas de sol y paracetamol. Creo que es de una canción que escuchaba en la universidad. Ya no debería formar parte de mi vida a los veinticinco.

Yo: Compórtate, locuela. Tu jefe se acerca por el pasillo.

Rae: Uf. Es un plasta.

Sonrío mientras asomo la cabeza por la esquina justo cuando se pone las gafas de sol en la cabeza, como le dije.

—Yo conduciré, puede que todavía des positivo. —Hago una mueca.

CeCe me saca la lengua mientras pasa por mi lado y mi entrepierna reacciona a su gesto.

—Vamos, provocador de resacas —murmura.

De hecho, el aire que nos azota mientras conducimos hacia el pueblo con las ventanillas bajadas es abrasador.

El fresco aroma a fresa de CeCe llena mi camioneta y su pelo ondea con la brisa veraniega.

Mi aprecio por el verano ha aumentado de forma descomunal durante este último mes.

Cosas como pescar, hacer barbacoas y navegar solían ser las actividades que más me gustaban de los meses más cálidos de Kentucky .

Ya no. Ahora aprecio más el verano porque CeCe lleva camisetas sin mangas y vestidos veraniegos, y sus hombros son una puta obra de arte.

A decir verdad, me entristece que tenga que ocultarlos cuando llegue el invierno.

La escucho tararear la canción que suena en la radio mientras conducimos. Me resultaría muy fácil estirar el brazo hacia su asiento, levantarle el vestido y deslizar la mano por sus muslos hasta…

CeCe se aclara la garganta e interrumpe mis pensamientos sobre lo que sentiría al notar sus piernas bajo mi mano. La miro de reojo.

—Gracias por el extragrande de esta mañana —dice.

«Parece un título para una película porno». Sonrío para mis adentros.

—Pensé que hoy necesitarías un extragrande —replico en voz alta. «Posible segundo título».

—Sí. Lo he estado pensando y… —empieza mientras clava sus ojos esmeralda en mí—. ¿Alguna vez duermes?

Me concentro en la carretera mientras su pregunta personal me golpea de lleno.

—No mucho —respondo con sinceridad.

—Entre el centro, el rancho y el bar, he hecho cálculos. —Por supuesto que los ha hecho—. No puedes dormir más de tres o cuatro horas al día, si llega. Eso no es bueno para ti.

Me encojo de hombros, pero tiene razón.

—No duermo mucho. Cuando intento dormir, todo… vuelve a apoderarse de mí. Duermo unas pocas horas, pero suelo levantarme mucho antes de que amanezca.

—Oh. —Asiente con la cabeza—. ¿Has intentado hablar de esto con alguien?

Esbozo una sonrisa burlona porque no tiene ni idea de hasta dónde he llegado. No me pregunta como si quisiera husmear, sino porque siente curiosidad.

—Lo he probado todo. Tres terapeutas diferentes, hipnosis, melatonina, todos los remedios naturales que ha encontrado tu madre.

Estoy mucho mejor ahora que durante los diez años que siguieron a aquella época.

Ahora puedo dormir de vez en cuando, pero hay noches y momentos que son peores que otros. —Me encojo de hombros.

Estira el brazo y me sobresalto cuando coloca su pequeña mano sobre la mía y la aprieta con delicadeza. Su mano se siente cálida y suave sobre mi piel. Al notar su contacto, una oleada de calor me recorre el antebrazo.

—Si sufres, significa que estás vivo. Tienes que concentrarte en eso y, si alguna vez quieres hablar de ello, se me da muy bien escuchar.

Retiro la mano porque no estoy acostumbrado a que la gente me toque sin tenerlo previsto.

—Ya hemos llegado —le informo mientras aparco delante del Ayuntamiento.

CeCe vuelve a colocar su mano sobre su regazo y asiente mientras me maldigo mentalmente por haberla apartado de esa manera.