Capítulo 16
Nash
Pasamos la siguiente hora haciendo una lluvia de ideas. Los fondos que necesitamos recaudar no dejan de aumentar, y por fin llegamos a una cifra aproximada.
—He hecho cálculos y no creo que sea posible recaudar tanto dinero con algo tan simple como lo que pensamos al principio —reconoce Sonny —. Necesitamos algo más grande, y el verano se pasa volando. Quizá podríamos sacar partido de algo relacionado con el otoño.
—Espero que podamos encontrar una manera de involucrar a toda la comunidad, hacerla más partícipe, como solíamos hacer en los años setenta y ochenta.
Organizábamos lavados de coches, ventas benéficas, conciertos…
todos participaban por los niños. Soy consciente de que ahora necesitamos más dinero que antes, pero eso es lo que espero —comenta Harry .
—Creo que tengo una idea —dice CeCe por primera vez.
Levanta un dedo menudo en el aire y todas las miradas se posan en ella, sentada al final de la mesa. Se ha vuelto a poner las gafas y su cabello flota detrás de sus hombros. Un lápiz reposa cuidadosamente entre sus dedos. Golpea la punta mientras piensa.
—Es mucha presión para este pueblo, pero creo que podemos conseguirlo si involucramos a las personas adecuadas.
Cuando vivía en Seattle con mi… expareja —comienza a explicar—, cada invierno viajábamos a Palm Springs por negocios.
Todos los jueves por la noche, cierran el Palm Canyon Drive , la calle principal de Palm Springs , y organizan un mercado nocturno.
Las calles se llenan de vendedores, luces brillantes, puestos de comida y artesanía local.
Toda la comunidad participa y atrae a gente de todas partes.
Si lo planificamos bien, quizá podríamos hacer algo así.
—¿Un mercado nocturno? —pregunta Sonny .
—No solo un mercado nocturno. Podríamos organizar un evento que dure todo el día, hasta la noche —sugiere CeCe .
—Un festival comunitario —señalo, y ya me encanta la idea.
—Sí, exacto. Podríamos anunciarlo en Lexington , y lo siento de antemano, Nash , pero deberíamos aprovechar tu fama.
—Sonríe, ya que sabe que lo detesto—. Que sea como una especie de recaudación de fondos para el hockey local.
Si consiguiéramos los permisos, podríamos usar el Olympia y el aparcamiento.
Poner castillos inflables para los niños y otras cosas, como si fuera una miniferia, y cobrar un dinerillo por subirse a las atracciones.
También se podría invitar a otros jugadores de la NHL para que firmen autógrafos y subasten camisetas firmadas, tal vez montar una pista de hielo sintético y que los padres donen para que sus hijos hagan tiros o jueguen con algún jugador de la NHL , lo que se nos ocurra. Tenemos tiempo para planearlo.
—¿Cuánto tiempo crees que necesitaremos? —pregunto.
CeCe se encoge de hombros.
—Solo estamos en la segunda semana de julio. Creo que si lo planeamos para finales de agosto, tenemos tiempo de sobra. La mayoría de los artesanos locales siempre tienen artículos disponibles y, si lo promocionamos bien en redes sociales y radios locales, será todo un éxito.
—Me encanta —exclama Harry , entusiasmado con la idea.
—Es una idea fantástica —comenta el enamoradizo Kevin .
—Desde luego, involucra a la comunidad y los hace a todos partícipes… — Sonny hace una pausa y se ríe.
—Y el jefe puede mover algunos hilos y traer a unos cuantos peces gordos para recaudar un montón de dinero —añade CeCe mientras le guiña un ojo a Sonny .
— Nash , menudo fichaje has hecho para tu equipo —señala Harry .
—Estoy encantada de ayudaros —afirma CeCe mientras les dedica una sonrisa cautivadora. Seguro que Kevin se ha puesto duro debajo de la mesa.
CeCe se pasa los siguientes treinta minutos anotando puntos en su descomunal agenda-cuaderno y, para cuando termina la reunión, ya tenemos un plan formado.
—Bueno, ha sido un gran comienzo. — Harry se vuelve hacia Kevin —. Vamos a dejar que sigan planificando.
Kevin asiente y añade:
—Ayudaremos en todo lo que podamos. ¿Qué os parece si nos reunimos una vez a la semana para ponernos al día?
—Buena idea. Elegiremos la fecha en función de lo que nos diga el ayuntamiento y os informaremos —contesta CeCe mientras yo anoto mentalmente todo lo que habrá que hacer.
Intentaremos que la comunidad participe lo máximo posible, pero también quiero involucrarme tanto como pueda para conseguir lo que necesita cada equipo de cada división para esta temporada.
CeCe se levanta y les estrecha la mano. Esto se le da genial y, por décima vez hoy, pienso en lo afortunados que somos de tenerla con nosotros. Haré todo lo que pueda por que se quede aquí, incluso obligarme a ignorar el modo en que Kevin la mira y la sonrisa que CeCe le devuelve.
Acompaño a los dos hombres a la salida y siento que el teléfono me vibra en el bolsillo. Tengo dos mensajes: uno de Cole en el que me envía el contacto que le pedí y otro de un número desconocido.
Desconocido: Te he hecho copias de las notas que tomé. Cuando tengas tiempo, ven a buscarlas. Por cierto, bonito tiro esta mañana. ¡Menudo perro sabueso estás hecho!
Sonrío como un quinceañero al darme cuenta de que es un mensaje de CeCe y me río entre dientes al recordar el estúpido dicho que Cole canturreaba cada vez que marcaba un gol en la parte superior de la portería. «Directo al palo, tío, como un buen perro sabueso».
Yo: ¿Me has visto jugar? Como en los viejos tiempos, ¿eh?
Rae: Es difícil no mirar cuando el grupito ruge debajo de la ventana de tu oficina.
Yo: Si quieres, puedo hacer que la megafonía llegue a tu oficina también. Así disfrutas de la experiencia completa.
Rae: Parece una idea fantástica, pero paso. Me da a mí que no podría trabajar mucho.
Decido que el contacto que Cole me acaba de enviar puede esperar y me dirijo a la oficina de CeCe .
Pasamos la siguiente hora repasando todas sus ideas y diseñamos un borrador del festival comunitario, incluidos los vendedores a los que planea invitar.
Sonny se une a nosotros al poco rato y entre los tres se nos ocurre el nombre de «Festival del Atardecer», ya que nuestra idea es que se celebre el último fin de semana de agosto, justo después de que empiecen las clases y la gente se prepare para recibir el otoño.
CeCe ya ha contactado con el ayuntamiento y está a la espera de que la llamen.
Tiene una lista de diez lugares a los que llamar para pedir el hielo sintético, los castillos inflables y los juegos de feria.
Me cuesta seguirle el ritmo a su prodigiosa mente.
Es realmente brillante y tiene buena mano para planificar.
Le suena el teléfono mientras hablamos de la lista de mis viejos amigos de la NHL a los que puedo llamar y escribir, y sale de la habitación para contestar a la llamada.
Echo un vistazo a mi teléfono y me doy cuenta de que ya son las tres y media.
—Esta chica es increíble. No podemos perderla —declara Sonny , haciéndose eco de mis pensamientos.
—Y que lo digas —replico mientras la observo caminar a través del cristal de su oficina con el teléfono en la oreja. Me pregunto con quién estará hablando al tiempo que admiro cómo mueve las caderas…
—Si quieres que se quede aquí, quizá deberías dejar de mirarla así —sugiere Sonny .
—¿Disculpa? —pregunto, fingiendo inocencia. «¿Tan obvio soy?».
—Lamento decirlo, jefe, pero tienes tu reputación y no me gustaría que la miraras con esos ojillos de cachorrito enamorado y luego le rompieras el corazón. —Me apunta a los ojos con el dedo por encima de la mesa—. Nunca encontraremos a nadie tan bueno como ella por aquí.
—Me ofende que tengas una opinión tan mala de mí —bromeo con Sonny .
—No tengo mala opinión de ti. Simplemente no quiero verte ceder ante lo que sea esto y que nos deje —aclara mientras me señala con la mano—. En otras palabras y hablando claro, mantén la bragueta cerrada, chico.
—Madre mía, Sonny . —Me froto la frente, pero no desmiento nada de lo que dice.
Ella levanta las manos en señal de rendición.
—Solo te estoy avisando, eso es todo.
—¿Avisar de qué? —pregunta CeCe mientras vuelve a entrar en su oficina.
—Nada, cosas de Sonny —respondo, y le lanzo una mirada rápida a Sonny .
—¿Te importa si hoy salgo antes? —me pregunta CeCe —. Cole me ha pedido que vaya a recoger a Mabel .
—Claro —replico—. Tú decides tu horario, ¿recuerdas?
—Cierto —señala mientras se muerde el labio inferior de nuevo, pero cuando sus ojos esmeralda se encuentran con los míos, sonríe—. Parece que ha ido bien el día. —Lo dice como si estuviera sorprendida.
Sonrío con suficiencia y me reclino en la silla.
—Te lo dije. No me puedo creer que hayas dudado de mí. —Mi sonrisa se ensancha y ella pone los ojos en blanco.
Sonny se levanta y le da un abrazo.
—Hoy lo has hecho genial, cariño, y deberías llamar a ese Kevin . Es muy guapo. —Me mira mientras lo dice. Me arde la sangre al instante solo de pensar en que CeCe vaya a algún sitio con Kevin .
—Sí, es simpático, pero ahora mismo no quiero salir con nadie. Para nada —replica ella.
—¿Quién ha dicho nada de salir? — Sonny le guiña un ojo y CeCe se ríe.
Me viene a la mente un aluvión de insultos, todos dirigidos hacia mi querida Sonny .
—Ese es más mi estilo ahora —le responde a Sonny y, sin querer, resoplo con fuerza.
Me arrepiento al instante. Ambas me miran con indignación por el sonido que acabo de emitir. CeCe suelta una carcajada y apoya las manos en las caderas.
—Oh, creo que eres la persona menos indicada para burlarte de mí por ser una zorra, Nash Carter .
«Menuda boca tiene esta mujer».
Sonny se echa a reír a carcajada limpia.
—No es eso. —Me aclaro la garganta y doy marcha atrás—. Solo digo que es contraproducente enrollarse con alguien con quien vamos a trabajar en este evento. Tiene que salir bien.
—Ah, ya, supongo que sí. Tienes razón —dice CeCe —. Tu «regla de oro». —Hace el gesto de las comillas en el aire, me da una palmadita en el hombro y se dirige a su escritorio.
—Exacto —replico mientras Sonny se ríe disimuladamente.
Me levanto y me despido de ambas. Tengo que largarme de aquí, así que me voy directo a mi oficina.
Solo tengo dos cosas en la mente: utilizar cuanto antes el contacto que me ha dado Cole y asegurarme de que todos los hombres de este maldito pueblo nos ayuden con el Festival del Atardecer para que no puedan acercarse a CeCe .