Capítulo 14
CeCe
Liv : Vamos a celebrarlo.
Yo: No hace falta celebrar que he conseguido trabajo.
Ginger : ¿Quién dice que es por ti? Hoy me encontré con Cole y no me fulminó con la mirada. Incluso me saludó. Estoy atravesando su coraza. Ya estoy un paso más cerca de que me espose a los postes de mi cama.
Liv : ¡Joder, empieza a planear la boda!
Yo: Primero y segundo: ¡Qué asco! Tercero: no podemos salir otra vez. Acabo de recuperarme del domingo y mañana empiezo a trabajar.
Ginger : Vamos a salir. Esta noche seremos buenas. Mañana tengo clase a las nueve. Una copa.
Yo: Estoy intentando mantener un perfil profesional porque mi nuevo jefe es dueño del único pub del pueblo.
Ginger : ¿Sabes lo que digo a eso?
Liv : Todo el pueblo sabe lo que dices a eso.
Ginger : Salva al caballo, pero monta al vaquero. Tu nuevo jefe está cañón.
Liv : Ahí lo tenemos. ¿Hay algún día que no digas eso?
Ginger : Eso intento, pero ¿has visto a los vaqueros de este pueblo?
Yo: Sí. Dos de ellos son mis hermanos, así que deja de llenarme la mente de imágenes repugnantes.
Ginger : Eso no es problema mío.
Liv : Entonces… ¿A las 8?
Yo: Esto es presión de grupo.
Ginger : CeCe …
Yo: ¿Qué?
Ginger : Vístete como si quisieras un aumento de sueldo y solo hubiera una forma de conseguirlo.
Liv : Vístete como si fueran a amonestarte y supieras exactamente cómo hacer que el jefe cambie de opinión.
Yo: Os odio, chicas.
¿Por qué las escucho? ¿Por qué?
Cuando entro en The Horse & Barrel , estoy agotada.
Tras la conversación tan sincera que he tenido con Nash esta mañana, he descubierto que es mucho más difícil ignorar lo perfecto que es este hombre cuando muestra ese lado rústico y sencillo que nunca antes había visto.
Solo lo hace más atractivo. Sobre todo cuando entré en la cocina y volví a verlo con su atuendo de vaquero.
Y yo que creía que Nash , el jugador de hockey sobre hielo, estaba bueno…
Pero ni punto de comparación con Nash , el vaquero a tiempo parcial.
Hay algo especial en un hombre robusto con sus tejanos y sus botas vaqueras, por no hablar de su andrajoso sombrero de vaquero para protegerse del sol.
Ese atuendo le viene que ni pintado. Al final tendré que usar mi «famoso» vibrador en un futuro inmediato para quitarme la imagen del Nash vaquero de la cabeza.
—¿Os he dicho ya que os odio? —pregunto cuando me acerco a nuestra mesa.
El bar está más abarrotado esta noche, ya que entre semana la gente suele venir al salir de trabajar, por lo que mis amigas se han apiñado en un pequeño reservado de la esquina mientras un buen puñado de gente baila Revival , de Zach Bryan .
—Nos quieres y nos has hecho caso. Estás muy sexy —comenta Ginger .
Echo un vistazo a mi vestido sin tirantes con estampado floral y a mi chaqueta vaquera desgastada. Es un atuendo sencillo, pero lo he combinado con unas nuevas sandalias rojas de tiras que compré hoy en la tienda de Olivia y un pintalabios de color rojo cereza.
—Estás tan sexy que, si fuera un hombre, me quedaría trabajando hasta tarde contigo y se lo ocultaría a mi mujer. — Olivia sonríe de forma burlona.
—¡Joder, chicas! —exclamo—. Lo conozco de toda la vida, no va a pasar nada.
Ambas se ríen de mí como si conocieran un secreto del que no soy partícipe.
—Ni te imaginas cómo te está mirando ahora mismo. Si no lo conociera, diría que va a pasar de todo —bromea Olivia .
—Yo diría que te mira como si quisiera darte un ascenso —comenta Ginger mientras mira por encima de mi hombro.
Olivia estira el cuello para volver a echarle un vistazo, y yo me muero de la vergüenza porque seguro que Nash se dará cuenta de que están hablando de él.
—Sí, sin duda está planeando su próxima evaluación de desempeño y sabe exactamente en qué tareas te va a evaluar. — Olivia se ríe.
Segundos después, ambas se parten de risa. Creen que son divertidísimas y no puedo evitar sumarme a sus carcajadas un minuto después.
—Oh, mierda, el jefe cañón viene para acá y trae comida —nos informa Ginger .
Olivia se endereza y se aclara la garganta. Miro por encima del hombro y veo que Nash se dirige hacia nosotras con lo que parecen tres margaritas.
—Hola, Demonios —nos saluda mientras inhalo su aroma limpio y picante.
— Nashby —replica Ginger .
Miro hacia arriba y nuestras miradas se encuentran.
—No quiero problemas esta noche. Este es un sitio con clase, ¿sabes? —Me mira fijamente con una sonrisa burlona en los labios.
—Solo fue una vez —exclamo, sin poder contenerme—. Una vez… y se lo merecía —añado.
—Cálmate, pequeña alborotadora.
Nash se ríe de mí y me dan ganas de quitarle esa mirada de suficiencia de la cara.
—Tres margaritas para vosotras, invita la casa. —Las deja encima de la mesa. Luego me mira y esboza una sonrisa burlona—. Pórtate bien esta noche, CeCe Rae . —Habla con voz grave mientras me pellizca la barbilla y yo me quedo en blanco.
—Tú también… —respondo con torpeza, y luego me doy un puñetazo mentalmente cuando me mira con cara de «Eh, vale…».
En cuanto nos da la espalda, Ginger y Olivia se parten de risa.
—¿Por qué no puedo actuar con normalidad con este hombre? Como he hecho toda la vida —gimo mientras cruzo los brazos sobre la mesa y apoyo la cabeza sobre ellos.
—Porque, por primera vez, no lo ves como el rompecorazones pomposo que creías que era. Lo estás viendo como realmente es —sugiere Ginger .
—Admite que te gusta —añade Olivia .
—Mierda —replico. Sé que tienen razón.
—Aunque la vergüenza ajena que siento por ti ahora mismo es descomunal. ¿«Tú también»? — Olivia repite mis palabras mientras Ginger se descojona viva.
—¿Os he dicho ya que os odio? —vuelvo a preguntar mientras me bebo casi la mitad de mi deliciosa margarita de un solo sorbo, la que ha preparado mi barman aún más delicioso.
La alarma suena demasiado pronto. Abro un ojo con la esperanza de estar soñando. Pues no. Estiro el brazo y pospongo la alarma.
Diez minutos después me obligo a levantarme.
Estoy sumamente nerviosa, ya que me siento un poco atraída por mi nuevo jefe, y mientras nos bebíamos las margaritas me di cuenta de que me olvidé de comprar una cafetera.
Busqué una de repuesto en la casa principal cuando llegué del bar, pero después de rebuscar por todos lados me di por vencida, así que tengo que darme prisa si quiero pasarme por Spicer’s Sweets antes de ir al Olympia .
Necesito un buen café para empezar el día.
Quiero empezar a organizar la oficina y le dije a Nash que llegaría a las ocho y media.
Sé que ya está aquí, en el rancho. Estoy bastante segura de que nunca se está quieto. Ese hombre es una máquina. Trabaja aquí hasta las ocho y a las nueve ya está en la oficina. Me permito pensar en él mientras me preparo. Siempre está haciendo algo y me pregunto si alguna vez duerme.
Escojo un atuendo que creo que servirá para mi primer día, pero todo lo que puede salir mal mientras me preparo sale mal.
El pelo me queda aplastado, me meto el cepillo de la máscara de pestañas en el ojo y me mancho la blusa de pasta de dientes, lo que me obliga a cambiarme en el último minuto.
Miro el reloj y descubro lo inevitable. Tendré que tomarme el café en la oficina.
Gruño. No me pusieron el apodo de «chica zombi» en la universidad por nada. Soy una inepta sin mi café matutino.
Me pongo los zapatos a toda prisa y salgo por la puerta principal. Casi pierdo el equilibrio con las sandalias nuevas, ya que me distraigo al ver un vaso grande y humeante de Spicer’s sobre la barandilla del porche. Han escrito «Con leche, 1 de azúcar» en la tapa, y pone « Rae » en el lateral.
No lo veo cuando miro a mi alrededor, pero sé que me lo ha traído Nash .
Tiene que haber sido él. Cole está trabajando y Wade ya está dando una clase de resistencia ecuestre.
Respiro hondo y cojo la taza al tiempo que inhalo ese dulce elixir de los dioses.
Esbozo una sonrisa mientras me dirijo al coche.
Nash Carter me ha salvado esta mañana y, solo por eso, siento que el día es un poco más brillante.