Capítulo 13
Nash
—Te agradezco que nos ayudes con el sueldo del nuevo entrenador. Solo es un préstamo. Cuando la situación mejore, te lo devolveremos —me promete Wade desde el otro lado del establo.
Asiento con la cabeza.
—No hay problema. Te diré lo mismo que le dije a Mamá Jo: ni te rayes. Somos familia, no hay nada que pensar.
Wade asiente, así que continúo hablando. Hace semanas que quiero hablar con él sobre esto.
—¿Has pensado en intentar clasificarte para el derbi del año que viene? Es una buena manera de ganar bastante dinero si te clasificas. Ahora que estoy en casa, te ayudaré en todo lo que pueda cuando tengas que ir a las eliminatorias y puedo echarte un cable con los gastos.
Wade gruñe y frunce el ceño como cuando se siente incómodo.
—Detesto aceptar tu dinero, Nash .
—Es el dinero de todos. Ni siquiera tendría dinero si no fuera por tus padres. No hay mejor lugar para invertirlo que en esta familia.
Además, nunca lo diré delante de él, pero tengo tanto que ni siquiera sé qué hacer con él. Los Stars me pagaron millones de dólares al año durante los nueve años que jugué con ellos e hice buenas inversiones. Los gastos del derbi no suponen ningún problema para mí.
—Te lo agradezco, pero ya veremos con qué entrenador terminamos y qué experiencia tiene. Y gracias, hermano. Lo digo en serio —dice Wade con una sonrisa.
Ya son las siete de la mañana y estamos limpiando los cascos de los caballos. Llevamos casi dos horas haciendo las tareas diarias y no he pegado ojo en toda la noche.
—Pareces un poco nervioso hoy. ¿Estás bien, tío? —pregunta Wade cuando se me caen las tenazas por segunda vez en diez minutos.
—Estoy bien —replico con brusquedad.
«No puedo dejar de pensar en el tacto de la piel suave y cálida de tu hermana pequeña y me va a explotar la puta cabeza».
—Solo estoy cansado, tengo muchas cosas que hacer hoy.
—Y solo falta un día para que CeCe te llene la oficina de pósits, calendarios y esas chorradas que hace cuando intenta controlarlo todo. Pero gracias por darle este trabajo, necesita distraerse.
—Yo también la necesito, así que todos salimos ganando.
—Te juro que si veo a ese cabrón de Andrew por aquí, tendrás que sujetarme para que no me abalance sobre él.
Me empieza a contar una historia de cuando Andrew contestó al teléfono en medio de la graduación de CeCe en la universidad. Comenzó a hablar a gritos y luego salió de la habitación en medio de la presentación.
Lo escucho a medias, porque ya tengo bastante de lo que preocuparme hoy.
Como intentar entender por qué no pude contenerme anoche, por qué agarré así a CeCe .
Quería besarla. No solo quería besarla, quería enterrarme tan profundamente en ella que se olvidaría de cualquier hombre que la hubiera lastimado…
Ah, sí, y si alguna vez veo a ese Andrew , le romperé la puta cabeza.
Wade será quien tenga que sujetarme a mí.
Suspiro cuando Wade termina su historia e intento sacarme a CeCe de la cabeza.
—Cuenta conmigo si alguna vez viene a la ciudad —me ofrezco, a lo que Wade responde con una risa.
Se produce un breve silencio.
—Qué bien que tanto tú como CeCe Rae hayáis vuelto a casa. Después de lo de papá, la casa estaba demasiado tranquila. Qué curioso que los dos hayáis vuelto el mismo verano. Entre tú y yo, me alegro muchísimo de que haya tenido el valor de dejarlo.
—Me contó algo sobre él cuando la acompañé anoche a casa. No me creo que la CeCe que conocía permitiera que la trataran así.
— Andrew es un perro astuto. Encantador, brillante y manipulador como el que más. Papá no lo soportaba.
No me sorprende, pero aun así me alegra oírlo. Wyatt siempre fue un hombre muy inteligente.
—Recuerdo que una vez papá nos dijo que nos pagaría bien si le dábamos una paliza como hicimos con Steven Connolly .
¿Recuerdas cuando le dijo al equipo de fútbol que había llegado a segunda base con CeCe ?
Tú y Cole le disteis una buena somanta de palos.
Casi se mea en los pantalones —me cuenta mientras se ríe al recordarlo.
«Pues claro que lo recuerdo, joder».
—¡Ella tenía catorce años y él, diecisiete! Recuerdo que nos sentamos en tu porche con ella mientras lloraba y nos contaba lo sucedido. No entendía por qué la había dejado.
—Siempre elige mal a los chicos —comento, probablemente con más agresividad de la que debería.
—A ninguno se nos ha dado muy bien elegir a nuestros intereses amorosos —susurra Wade .
Wade y su mujer, Janelle , se separaron hace un año.
Era una zorra sin corazón a la que solo le importaban las apariencias.
Nunca entendí lo que veía en ella, aparte de que era su novia de la universidad.
Wade era demasiado leal y se aferró a ella, aunque su relación fuera unilateral.
Ahora Janelle vive en su casa, se gasta su pensión alimenticia en operaciones de tetas y está pasando por una especie de crisis de los treinta.
Ah, y se está tirando a todo lo que se mueva.
—Creo que todos intentamos buscar lo que tenían mamá y papá, pero ese tipo de amor ya no existe. La gente es demasiado egoísta. Quién sabe, quizá estamos destinados a estar solos.
—Nah, solo tienes que encontrar a la persona adecuada —digo, aunque sueno mucho más inseguro de lo habitual.
La risa de Wade retumba en el silencioso granero.
—Mírate, hablando en plan filosófico. Eres un farsante de las relaciones, eso es lo que eres.
Hagamos una cosa: sentaré la cabeza cuando lo hagas tú.
—Se ríe, y yo también. Ambos sabemos que no tengo ningún deseo de sentar cabeza ni de encariñarme con nadie, no cuando sé que puedes perderlo todo en un instante—.
Bueno, ojalá CeCe encuentre a alguien mejor que su último pretendiente.
Todos debemos aprender de nuestros errores.
Pero, para que conste, me alegra saber que tú también le cubres las espaldas.
Con nosotros tres, ese idiota nunca se atreverá a aparecer por aquí —afirma Wade .
—Será como el resurgimiento de El bueno, el feo y el malo.
—Me río mientras me seco la frente al recordar cómo llamaban a nuestro trío cada vez que nos peleábamos con alguien o nos metíamos en problemas—.
Aunque tendríamos que convencer al señor Guardián de la Ley para que vuelva a unirse al grupo, algo que puede que no sea fácil —añado.
Wade le da vueltas a la cabeza durante un segundo.
—No… ahora tenemos a Mabes . Esa niña pega más fuerte que cualquiera de nosotros.
—Qué razón tienes —concedo, y luego terminamos el resto de nuestras tareas en silencio.
Dos horas después, para terminar de despertarme, me sirvo un café en la cocina de la casa principal, que está tranquila e iluminada. Esta mañana está siendo una tortura y todavía me queda un día entero de entrenamientos y reuniones en el Olympia .
Jo ha ido a llevar a Mabel al colegio, ya que Cole tiene doble turno hoy, y Wade ya ha empezado con su siguiente tarea: entrenar con Sam .
Cojo un bollo recién hecho y me siento a la mesa de la cocina mientras disfruto de la vista de la montaña Sugarland con mi humeante café.
Solo necesito cinco minutos para despejarme.
Pero no lo consigo. La puerta principal se abre y entra CeCe adormilada: se frota los ojos sin percatarse de mi presencia.
Los diez segundos en los que la observo sin que se dé cuenta son de lo más íntimos.
Debería decir algo, pero no lo hago. No me veo con fuerzas.
Lleva unos pantaloncitos de pijama de seda rosa que acarician sus muslos bronceados y sedosos como el agua.
Solo pensar en deslizar las manos debajo de ellos hace que mi polla comience a hincharse bajo mis pantalones.
Su camiseta de tirantes de seda a juego le abraza los perfectos pechos y se detiene justo en su cintura, de modo que deja una pequeña franja de piel a la vista.
Y como el universo quiere ponerme a prueba, no lleva sujetador, así que veo el contorno de sus pezones erizados.
Lleva el pelo hecho un desastre y le cae sobre los hombros en cascadas largas y onduladas.
La imagen de CeCe recién levantada está a otro nivel.
Es toda una experiencia. El único lugar donde se vería mejor que ahora es en mi cama, debajo de mi cuerpo, mientras grita mi…
—¡Dios mío, Nash ! —Pega un bote al darse cuenta de mi presencia. Normalmente me pondría de pie, pero ahora mismo no puedo hacerlo, así que le doy un sorbo a mi café e intento fingir que no escondo una semierección debajo de la mesa de la cocina.
—No sabía que eras tú —digo—. Creí que eras Wade , que venía a buscarme.
Ella bosteza y se cubre el pecho con su pequeño batín, pero es demasiado tarde: la imagen que acaba de ofrecerme ya está grabada en mi cerebro para la eternidad.
—Todavía no tengo cafetera, así que he venido a prepararme un café.
Se pone de puntillas para intentar alcanzar el estante superior. Sigo su mano con la mirada para ver la taza que busca y es imposible que llegue ella sola. Como ya puedo ponerme de pie, me levanto y me acerco para colocarme justo detrás de ella.
—No vas a llegar, pequeña —afirmo mientras cojo la taza que quiere y la dejo frente a ella en la encimera. Casi la envuelvo desde este ángulo, y la idea de encerrarla me gusta demasiado.
Aunque me cuesta la vida, retrocedo.
—Siéntate —la insto. Me mira con cara de «no me digas lo que tengo que hacer», y ladeo la cabeza—. Como no estás vestida para la ocasión, te prepararé el café —le informo.
Se aprieta aún más la bata; sabe que tengo razón. Lo que no sabe es que hace más de un año que no echo un polvo y que su culo en esos pantaloncitos es demasiado para mí, joder.
—Bueno, no esperaba que un vaquero a tiempo parcial estuviera sentado en mi cocina.
—Cariño, es la cocina de todos.
—Tengo que volver a acostumbrarme —confiesa mientras hace lo que le ordeno y se sienta a la mesa.
—¿Con leche y una cucharada de azúcar? —le pregunto.
—Me sorprende que todavía lo recuerdes. Sí, gracias.
La verdad es que no hay mucho que no recuerde de CeCe . Le pongo la humeante taza del Derbi de Kentucky delante. Me imagino a Wyatt sentado en esta misma mesa bebiendo de esa taza como cualquier otra mañana.
—Nunca olvidaré ese día. ¿Y tú? —pregunto mientras vuelvo a sentarme.
—¿Cómo iba a olvidarlo? —replica ella, a lo que respondo con una sonrisa.
—Recuerdo esa primavera como si fuera ayer —admito mientras le doy un sorbo a mi café frente a ella.
CeCe se recoge el pelo alborotado en una especie de moño despeinado mientras se pierde en el recuerdo.
—Nunca había visto a mi padre tan interesado en un caballo. Recuerdo que siempre os llevaba a mis hermanos y a ti: a todos los eventos previos al derbi, a Arkansas y a muchos otros en Keeneland .
Se produce un breve silencio.
—Sabes que él nunca me dijo nada, pero lo sé… —admito por primera vez en la vida delante de alguien—. Él lo sabía. Sabía que lo necesitaba. Algo en lo que invertir mi tiempo, algo que me distrajera de mi realidad.
CeCe toma un sorbo de café, pero no dice nada. Se le llenan los ojos de lágrimas y una se le escapa. Alargo el brazo sin pensar y se la limpio de la cara. Se queda paralizada ante mi contacto, pero no he podido contenerme. «Ayúdales a superar mi marcha. Sobre todo a las chicas».
—A veces la vida no es justa. Sin duda, que nos dejara tan rápido no fue nada justo, pero era el mejor de todos y tuvimos suerte de tenerlo tanto tiempo. —No dejo de repetirlo, pero de alguna manera, en este momento, parece más significativo.
Una sonrisa se abre paso entre sus lágrimas.
—Todavía tengo mi sombrero. —Se ríe, y le devuelvo la sonrisa al recordar ese horrible tocado morado.
—Parecía que ibas a una boda de la realeza con esa cosa puesta —comento mientras me río.
—En la vida os había visto tan elegantes. Se os vio superincómodos durante todo el día.
Me río aún más fuerte, porque su risa clara y cálida es contagiosa, siempre lo ha sido. Levanta la taza.
— River Rising —dice mientras mira hacia abajo, donde está grabado el nombre del viejo caballo al lado del año 2006. Fue el año después de que mi vida entera cambiara para siempre—. ¿Todavía lo visitas? —pregunta CeCe .
—Es el caballo que monto casi todos los días —respondo con sinceridad. Todavía no me creo que lo haya conservado durante todos estos años, pero ese caballo fue el mayor logro profesional de Wyatt y le resultaba imposible renunciar a él—. Ese animal vive mejor que nosotros. —Me río entre dientes.
—Seguro que sí. — CeCe sonríe.
Hace trece años que se retiró de las competiciones, pero con los cuidados adecuados podría vivir otros diez.
Cada vez que lo monto me recuerda que puedo superar cualquier cosa y todo lo que Wyatt Ashby hizo por mí.
Me ayudó a mantenerme a flote y, gracias a él, hoy soy el hombre que soy.
Joder, a veces lo echo más de menos a él que a mis padres.
Me bebo el café e ignoro el nudo que se me ha formado en el pecho mientras CeCe y yo miramos por las ventanas traseras durante un rato, cada uno recordando a su padre a su manera. No decimos nada más y una paz reconfortante reina en la habitación mientras apuramos nuestras tazas.
—Límpiate las patas, Harley . —Mamá Jo entra por la puerta principal y rompe nuestro silencio fácil y cómodo.
Nos observa a uno y a otro cuando pasa a la cocina.
— River Rising , el favorito de papá —dice mientras le da un beso a CeCe en la cabeza.
Me levanto y me aclaro la garganta porque todo esto es demasiado.
Aire. Necesito aire. Necesito un minuto lejos de la cara de CeCe .
Y sobre todo, necesito ponerle fin a este pequeño flechazo, o lo que quiera que sea esto, y volver a mi estado de ánimo habitual.
CeCe Ashby está prohibida y siempre lo estará, por muy sexy que esté con esos pantaloncitos y por mucha historia que haya entre nosotros.