Capítulo 12
CeCe
—Tendremos que hablar de ello tarde o temprano, es todo lo que sé. — Wade es brusco y habla sin rodeos. Está enfrascado en una conversación con mamá y Cole sobre nuestra necesidad de contratar a un nuevo entrenador de caballos mientras nos comemos el pastel que Nash ha traído de Spicer’s .
Nuestra entrenadora de caballos actual va a adoptar gemelos y necesita tomarse una prolongada baja por maternidad. Reemplazarla será difícil de narices, en parte porque trabajar con Wade no es precisamente fácil.
—¿Cuánto tiempo estará ausente Sam ? —pregunto.
—Al menos un año —responde Wade mientras se frota la frente.
Samantha ha trabajado para nuestra familia desde que me fui a la universidad.
—Sin Sam , no podré con todo y tenemos cuatro caballos a los que ya les toca retirarse. Necesitamos a alguien que pueda entrenar a los nuevos caballos y a los saltadores, y todos me seguís insistiendo en que corra otra carrera en el derbi.
Mamá Jo asiente y Wade continúa.
—Los salarios iniciales ya no son los mismos que antes; creo que tendremos que ofrecer más para conseguir a los mejores. Necesitamos a alguien con mucha experiencia. No quiero pasarme meses formando a alguien nuevo.
—Por mucho que odie admitirlo, tiene razón —interviene Cole entre bocado y bocado.
Miro a Mabel y veo que le está dando de comer a Harley desde la mesa. La niña levanta la vista hacia mí, pero me limito a guiñarle un ojo. Ese perro astuto sabe quién tiene el poder aquí.
—¿De cuánto estamos hablando? —pregunta mamá.
—Quizá un aumento de un quince por ciento, incluso de un veinte. Es un puesto temporal, así que tenemos que hacerlo más atractivo —replica Wade .
Mamá lo considera durante un momento y luego, por raro que parezca, mira a Nash de forma fugaz. Él la mira fijamente desde el otro lado de la mesa durante un breve instante, y juro que lo veo asentir.
—Está bien, hazlo. Solo tenemos un par de meses antes de que Sam se vaya —le ordena mi madre.
—De acuerdo —responde Wade con su habitual tono seco—. Me gustaría que el nuevo trabajara con Sam hasta que esta se vaya para que lo forme. Quizá los niños nazcan antes de tiempo, ya que son gemelos. Solo quiero estar preparado, eso es todo.
Entrecierro los ojos y miro a Nash , que me devuelve la mirada, aunque la aparta rápidamente.
Algo pasa: mi sentido arácnido se ha activado. «¿Qué demonios me he perdido?». Pienso averiguar por qué mi madre mira a Nash Carter antes de tomar una decisión financiera.
Al más puro estilo Ashby , mamá y yo nos sentamos en el salón después de cenar y escuchamos los suaves ronquidos del abuelo Dean mientras Mabel nos hace la manicura y los chicos limpian la cocina.
Los veo a los tres desde aquí: están charlando mientras Cole friega los platos, Nash los seca y Wade barre el suelo de la cocina.
—Sé que esto te resultará extraño después de tanto tiempo, pero estás donde tienes que estar, cariño. Andrew resultó ser un mal bicho —comenta mamá con un guiño mientras se gira para mirar a Mabel —. Y ya casi estamos a la par con los chicos ahora que la tita está en casa.
Mabel suelta una risita.
—¿Por eso no hemos tenido que ver el béisbol durante la cena esta noche? —pregunta.
—Si es así, me alegro de haberte ayudado a librarte de esa tortura. —Le sonrío mientras me pinta las uñas del tono más horroroso de azul que existe en la faz de la Tierra.
Miro a mi madre.
—Hablando de ayuda, ¿con qué tipo de cosas te ha estado ayudando Nash desde que papá…? —Solo con decir esas palabras, un dolor punzante me oprime el pecho.
Mamá aparta la mirada y se encoge de hombros. No me cabe duda: aquí pasa algo.
—Con lo mismo de siempre: viene tres veces a la semana y ayuda a Wade con los establos. Tenemos poco personal y no hay mucha gente que acepte trabajar en un rancho.
La miro con el ceño fruncido. Si tienen algún problema, me gustaría saberlo.
—No te preocupes por el rancho. Todo está bajo control. Tú céntrate en tu nuevo trabajo. Estoy emocionada por ti y por este nuevo comienzo.
Cambia de tema mientras la miro con los ojos entrecerrados, pero decido dejarlo pasar por ahora. Pronto descubriré por qué actúa de forma tan extraña. Tengo tiempo de sobra y estoy agotada esta noche. Lo único que quiero es irme a la cama y empezar un libro nuevo.
—Mañana tengo que ir de compras, por si quieres venir conmigo. La mayoría de mis cosas siguen en Seattle . Tendré que ocuparme de eso cuanto antes.
—¿Te ha dicho algo más el gilipollas ese?
—¡Yaya, un dólar en la bota! —exclama Mabel mientras levanta el pulgar por encima del hombro sin levantar la vista siquiera de nuestras uñas. No se pierde ni una.
—Menudo fondo le estáis haciendo para la universidad. —Me río.
Mabel me mira y sonríe. Es un pequeño genio.
—Sí, Andrew es un incordio… me llama cada dos por tres.
Solo le he contestado tres veces y una de ellas le colgué.
Me sacó de quicio. Las otras dos, fingí que me quedé sin cobertura durante la llamada.
En cuanto empieza a decirme que vuelva a casa, lo corto al momento, o cuando me pregunta por qué habla por mí un hombre desconocido.
Me recriminó que Nash fuera mi nuevo novio, como si tuviera derecho a cuestionarme después de serme infiel durante años.
No entiende que hablo en serio, cree que he tenido una pequeña rabieta y que tarde o temprano volveré con él.
No confía en que pueda salir adelante yo sola.
Debería haber visto todas las señales de alerta.
—Sí, era más que evidente —dice mamá mientras hace un gesto para quitarle importancia al asunto—. Pero no puedes volver atrás, solo puedes ir hacia adelante. Y ahora estás aquí, es lo único que importa. Papá estaría orgulloso, nunca le cayó bien.
Sonrío.
—Lo sé.
—Tu padre tenía buen ojo para la gente.
—Desde luego —replico.
Observo fijamente a Nash con los ojos entornados mientras limpia.
Se le tensan los antebrazos y las venas mientras trabaja: pasa el paño por las encimeras con movimientos rectos y uniformes, escurre el paño y vuelve a empezar.
Es demasiado pulcro. Algo me dice que es más desordenado en otros aspectos.
Por un momento, me pregunto si hace la cama y una leve sonrisa se dibuja en mis labios.
Mabel termina de hacerme las uñas. Extiendo la mano para admirarlas. Si obviamos el color, no están nada mal.
—Preciosas, pequeña Mabey . —Le beso la frente.
—Algún día abriré mi propio salón de belleza —bromea.
—No tengo ninguna duda —le asegura Nash cuando entra en el salón tras terminar sus tareas.
Llaman al timbre y me sobresalto. Miro a Mamá Jo como si estuviera esperando a alguien.
—Ve a ver quién es. Tengo las uñas húmedas —replica con impotencia.
Cuando me acerco, veo el uniforme de UPS a través del cristal. «¡Qué rápido!».
—Traigo un paquete para Cecilia Ashby . —El repartidor me sonríe con amabilidad cuando abro la puerta.
—Soy yo.
—Firme aquí, por favor.
Hago lo que me pide y reúno fuerzas para levantar la pesada caja y meterla en casa. No sé cómo fui capaz de llevarla desde el coche hasta el punto de entrega de UPS el viernes pasado.
—¿Un paquete? —pregunta Nash detrás de mí y, a continuación, me quita la caja con sus fuertes brazos como si no pesara nada. Nuestros dedos se rozan en el proceso y una corriente me recorre la piel tras el contacto—. ¿Hay piedras aquí dentro? —pregunta cuando nota el peso.
—El portátil y mis libros favoritos.
Nash asiente en respuesta.
—Te lo llevaré hasta la Stardust cuando quieras irte.
Comienzo a protestar, pero luego me doy cuenta de que no puedo recorrer el medio kilómetro que hay hasta la cabaña con la caja en brazos. Además, ahora trabajo para él, así que debo portarme bien.
—Gracias. Pues estaba pensando en irme ya. La verdad es que estoy agotada.
Vuelve a asentir con la cabeza.
—Voy a avisar a los chicos de que me voy. Mañana vendré temprano para ayudar a Wade y luego iré al Olympia .
—Te toca, tío Nash . ¿Quieres estrellas verdes otra vez? —pregunta Mabel desde el salón.
Sonrío al imaginarme a Nash Carter con sus enormes y robustas manos apoyadas en la mesita para que mi sobrina de siete años le pinte las uñas. Niega con la cabeza a modo de advertencia para que no me burle de él.
—Esta vez no, pequeña. Tendremos que dejarlo para otra ocasión —le responde a gritos con una sonrisa que le ilumina el rostro.
Abrazo a Mamá Jo y a Mabel .
—Hasta luego, Rae . Intenta no meterte en líos de camino a casa —me recomienda Cole desde la cocina.
—Ja, ja —le respondo a gritos.
—Yo la vigilo —bromea Nash mientras pongo los ojos en blanco. «Solo fue una vez».
Abro la puerta para que Nash salga primero. Lleva la caja con mis cosas como si no pesara nada mientras avanzamos por el camino de grava.
Lo único que se oye a nuestro alrededor son los grillos. Sigo el resplandor de las luciérnagas a medida que avanzamos. Este rancho cobra vida en verano.
—¿Y qué hay del resto de tus cosas? ¿Siete años? ¿Ocho? Seguro que aún te quedan muchas por allí —comenta.
—Sí. Tendré que ir a buscarlas en algún momento. Andrew tendrá que vender nuestro apartamento, así que tendré que volver a por mis cosas o mandar a alguien a recogerlas, aún no lo sé. Me estreso solo de pensar en volver a verlo.
Nash asiente a mi lado y, aunque está oscuro, juraría que veo que tensa la mandíbula.
—¿Cómo has llegado a ese punto? Si solo pensar en estar cerca de él te causa estrés, ¿cómo podías vivir allí?
—No lo sé, creo que mi mente se negaba a ver mi desdicha. No sé si me entiendes.
Nash se ríe entre dientes.
—Mucho más de lo que crees.
Intuyo que hay algo más detrás de sus palabras, pero no insisto y sigo hablando.
—Quiero decir, debería haberlo sabido. Había señales de que me era infiel: siempre tenía el teléfono en modo «No molestar» y se lo llevaba a todas partes —resoplo porque, ahora que lo pienso, vi las señales y decidí ignorarlas—. Incluso se lo llevaba a la ducha, o sea, dentro de la ducha.
Nash suelta un bufido.