Capítulo 11
CeCe
Cada vez que me doy la vuelta hoy, Nash está ahí.
Apenas hace cuatro horas que me ha contratado y ya estoy dudando de mi cordura.
Quiero creer todo lo que me dijo, que ya no es el mismo de antes y que esto puede funcionar…
porque necesito este trabajo. Lo único que quiero es empezar de cero y mantenerme ocupada.
Andrew me llama y me envía mensajes continuamente para intentar convencerme de cosas que me niego a aceptar.
Empezar de cero parece todo un desafío y este trabajo es lo primero que me ayudará a salir adelante.
Es el primer paso del camino. El sueldo y las condiciones son fantásticos; Sonny dice que Nash paga a sus empleados muy por encima de la media para mantenerlos contentos.
También parece un reto porque su sistema de contabilidad es un auténtico caos.
La contabilidad es la única parte del negocio que veo que necesita mejoría.
El resto de áreas, esas en las que Nash destaca, parecen funcionar de maravilla.
Me impresionó y sorprendió a partes iguales cuando Sonny me enseñó el Olympia .
El espacio renovado es perfecto. Pista con efectos de última generación, nuevas máquinas pulidoras de hielo, vestuarios y cambiadores renovados, y han cubierto todo el suelo de la parte trasera con alfombras de goma para que los patinadores puedan acceder fácilmente a los baños y vestuarios sin quitarse los patines.
La zona del público es muy cómoda y cálida, algo que nunca había visto en una pista de hockey .
Nash también ha añadido un área de servicio nueva que permite que los camiones de comida ambulante atraviesen el edificio y aparquen fuera para que el Olympia pueda organizar noches especiales con empresas locales.
Sonny dice que ahora apoya mucho a la comunidad.
Me contó que organizan noches solidarias, en las que el dinero recaudado en los partidos de los Lightning se dona a organizaciones benéficas locales; un gesto que me hace creer que tal vez Nash no se ha convertido en una versión mayor y egocéntrica del adolescente y universitario que conocía.
Tenía una idea de él, una ilusión, pero esta se rompe cada vez que lo veo y hace algo amable o considerado.
Me muerdo el labio inferior mientras ayudo a mamá a preparar la cena.
Creo que quiero que siga siendo el Nash que conocía.
La superestrella engreída y el mujeriego empedernido.
Sin eso, no puedo más que fijarme en lo guapísimo que es en cualquier entorno.
Su aroma de sándalo fresco y especias me atrae.
Ha sido tan masculino y cálido cuando me ha abrazado hoy en mi despacho.
Es como pasar de tener frío a estar envuelta en una manta calentita con una taza de té en la mano.
Reconfortante. Hogareño. Y lo odio. Lo último que necesito es babear por él, sobre todo porque es como de la familia.
Como estuve fuera estos últimos años, había olvidado lo arraigado que está en nuestra historia familiar.
—Estás muy callada, cariño… ¿sigues asimilándolo todo? —me pregunta mamá mientras machacamos las patatas y saca su pastel de carne del horno.
—Sí, aún me estoy adaptando.
—Me parece genial que trabajes para Nash . Realmente necesita ayuda.
—Lo sé, antes le eché un vistazo rápido. Pero todo esto es demasiado, tener siempre a tanta gente alrededor. No estoy acostumbrada.
Miro hacia el comedor, donde está Nash . Lo señalo con la cabeza.
—¿Siempre está aquí desde que volvió a casa?
Mamá Jo lo piensa detenidamente mientras corta el pastel de carne y lo coloca en una bandeja.
—Viene siempre que lo necesito, incluso cuando no sé que lo necesito.
Echa muchísimo de menos a tu padre. Venía cada vez que se tomaba un descanso del hockey .
Perder a tu padre fue duro para él, igual que para nosotros.
Podría haber tomado un rumbo diferente después de todo ese trauma, pero eligió el camino correcto.
Es bueno para este pueblo. Los vecinos lo quieren mucho —explica, como si hablara de un político en plena campaña.
—Sí, es un verdadero deleite para la gente. —Me río entre dientes al recordar cómo charlaba con los clientes del bar anoche, con sus sonrisas infantiles, su pelo oscuro y su carisma.
Miro hacia el comedor y veo a Nash de pie junto a la mesa, con sus vaqueros ajustados y una camiseta negra que deja ver sus brazos tonificados y llenos de tatuajes; los ha cruzado sobre su pecho musculoso mientras habla con Wade .
Su pelo oscuro y ondulado se asoma ligeramente bajo su icónica gorra de béisbol de los Dallas Stars , conmemorativa de la victoria del equipo en la Copa Stanley , la cual siempre lleva del revés.
Mi coño travieso no deja de dar palmas. Le pierde una buena gorra de béisbol del revés, sobre todo cuando la lleva esta estrella de hockey terriblemente atractiva que ha pasado a ser un vaquero a tiempo parcial.
Sus ojos se encuentran con los míos desde el otro lado de la habitación y me quedo clavada donde estoy.
Nash no aparta la mirada; al contrario, se adueña de ella y sonríe mientras le da un sorbo a su bourbon , todo sin romper el contacto visual.
—¡A comer! —grita mamá, de modo que me saca de mi ensoñación justo cuando Mabel y Cole entran desde el estudio.
—Qué bien huele, mamá —la elogia Cole mientras le aprieta el hombro.
Nos sentamos a la mesa como si todos perteneciéramos a este lugar, aunque la silla de mi padre siempre permanecerá vacía en la cabecera.
—Por papá. — Wade levanta su vaso de bourbon y los demás hacemos lo mismo.
—Por papá —repetimos al unísono. Luego apoyamos los vasos en la mesa y damos un trago.
—Para que lo sepas, estaría muy molesto si se enterara de que llevas esa camiseta de los Yankees en su mesa. —El abuelo Dean señala a Cole con la cabeza.
—Oye, papá respetaba nuestras diferencias —protesta Cole .
—Aprendió a respetarlas —aclaro—. Cuando le dijiste que eras fan de los Yankees , casi te manda a dormir al garaje.
—Creo que sus palabras fueron: «¿En qué me equivoqué?» —interviene Wade .
—Dejadme en paz —murmura Cole mientras todos nos reímos de la anécdota.
El dolor me golpea el pecho como una ola cuando recuerdo que jamás volverá a sentarse con nosotros ni a fastidiar a Cole .