Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 6
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Capítulo 6

CeCe

Veo que Sandy Elliot , la adorable mejor amiga de mi madre, se acerca a Ginger , a Olivia y a mí con nuestra comida mientras me pongo las gafas de sol para protegerme los ojos de la luz de la tarde.

Estamos sentadas en el patio de Sage & Salt , un acogedor y popular restaurante para desayunar y comer en la entrada principal de Laurel Creek del que Sandy y su hermana son copropietarias.

—Gracias, Sandy . Eres la mejor. —Le sonrío mientras me sirve la comida.

—También os he traído unas patatas, invita la casa. Pensé que os vendría bien un poco de grasa. Me he enterado de que anoche casi le disteis una paliza a Gemma y que os bebisteis todo el alcohol de nuestra estrella de hockey residente.

—Uf, no me lo recuerdes —refunfuña Ginger con la barbilla apoyada en la palma de la mano. Su melena salvaje le enmarca el rostro y lleva las gafas de sol más grandes que he visto en la vida. Parece una versión moderna de Audrey Hepburn .

Me río al ver su ceño fruncido. Siempre es la que tiene más resaca y la que más se queja de todas nosotras.

Sandy mira a su alrededor y se inclina hacia nosotras.

—No digo que no se lo mereciera. —Me guiña un ojo y le devuelvo la sonrisa—. Qué pena habérmelo perdido, pero este domingo me aseguraré de ir. Me llevaré a Mamá Jo y nos lo p asaremos en grande —afirma con una sonrisa y un aspaviento de manos.

—Señor, ten piedad de este pueblo —suplica Jack Pearlman , un músico callejero de estilo Kentucky de setenta años, desde la mesa situada detrás de nosotras. Las tres nos reímos de su comentario.

—Cierra la boca y cómete la hamburguesa, Jack , o tendré que reconsiderar tu propuesta de matrimonio —replica Sandy y, a continuación, se dirige hacia él y le da un beso en la coronilla.

Sonrío ante sus pullas habituales y pueblerinas y empiezo a picotear mi ensalada de pollo.

Le echo un vistazo a mi teléfono mientras Ginger y Olivia parlotean sobre las mujeres que había anoche en el pub .

Quién sale con quién, quién está embarazada, quién tiene problemas de dinero.

No paran de cotillear y las escucho a medias mientras me informo sobre las pocas ofertas de trabajo del pueblo.

Con mi título en Administración de Empresas, estoy sobrecualificada para la mayoría de estos puestos: auxiliar de oficina en Lianne’s Clothing Boutique o consultora de diseño de interiores en Jennings .

Llego a la última página y veo un anuncio para un puesto de contable en el recién renovado Centro Deportivo y Recreativo Olympia .

Leo las especificaciones y me doy cuenta de que, en realidad, estoy muy cualificada para este puesto.

El nombre de la mujer con la que debo contactar me suena: Sherri Lynn Johnson .

Antes trabajaba en la oficina de correos.

No la conocíamos mucho, pero recuerdo que mi madre siempre la llamaba Sonny cuando iba a recoger algún paquete o a enviar alguna carta.

Preparo rápidamente mi currículum y se lo envío a su correo electrónico.

El anuncio lleva publicado sesenta días por lo menos, lo que me indica que no han encontrado a nadie todavía.

—Tierra llamando a CeCe .

Levanto la vista y veo el rostro expectante de Olivia . Le brillan las pecas del puente de la nariz cuando sonríe.

—¿Qué? Perdón. Necesito encontrar trabajo, estaba mirando las pocas opciones que tengo —me quejo.

—Lo único bueno que tenía Andrew era que ganaba suficiente dinero para que pudieras dedicarte a lo que quisieras profesionalmente —comenta Ginger , y no se equivoca.

Llevo dos años dedicándome de lleno a la beneficencia en un refugio para mujeres y trabajando a media jornada como asesora fiscal para la empresa de Andrew por cuatro duros porque podía.

Nunca tuve necesidad de ganar mucho dinero porque Andrew tenía un sueldo de seis cifras.

Con él, tenía libertad para dedicarme a lo que me apasionara, pero ahora es el momento de tomarse las cosas en serio y, a decir verdad, me muero de ganas.

Y si no me sale nada, puede que incluso me monte mi propio negocio.

—Siempre podrías trabajar conmigo. Aunque sea a media jornada, me vendría bien una ayudita.

— Olivia es dueña de una boutique de lencería muy popular al otro lado de la ciudad, cerca de la playa del lago Cave Run .

En verano, traen trajes de baño de marca y venden muchos a los turistas que disfrutan de las actividades recreativas que ofrecen el lago y la montaña Sugarland .

—Sabes que te quiero y te agradezco la oferta, Liv , pero necesito hacer algo relacionado con mi campo o me sentiré culpable por desperdiciar el dinero que se gastaron mis padres en mi título.

Ginger se termina su té dulce de manera despreocupada.

—Necesito otro paracetamol y una siesta antes de dar mi clase de la tarde —gruñe.

Nunca entenderé cómo sobrevive esta mujer a los lunes durante todo el año lectivo como profesora de inglés de secundaria. Por suerte para ella, en verano solo tiene una clase al día, una de repaso para los niños que lo necesitan.

Aún no hemos pagado la cuenta siquiera cuando recibo una respuesta de Sherri Lynn , quien me pregunta cuándo estoy disponible para una entrevista. Le respondo que «cuando le vaya bien», y ella me devuelve el mensaje casi de inmediato para pedirme que vaya hoy alrededor de las tres.

Eso me da dos horas para imprimir mi currículum y mis credenciales, además de recuperarme al cien por cien después de lo de anoche.

Sonrío para mis adentros mientras me despido de las chicas y me dirijo a la vieja camioneta Silverado de mi padre. Puede que no sepa nada de deportes ni de recreación, pero sé mucho de negocios y finanzas, y parecen desesperados. El día pinta bien.