Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 5
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Capítulo 5

Nash

Volvía de limpiar los arreos en el granero oeste cuando la vi.

Supe que se iba a caer incluso antes de que bajara los escalones que daban al patio.

¿Intentar hacer malabarismos con la correa, el teléfono y una taza de café cuando solo lleva unos calcetines puestos? Estaba claro que iba a terminar mal.

Como si cuidar de CeCe anoche no hubiera sido ya suficiente trabajo, el universo cree que hoy también debería hacerlo. A medida que transcurría la noche, más hombres entraban al bar y, cuantos más entraban, más tenía que interceptarlos cuando se acercaban para hablar con ella.

Como estaba borracha y prácticamente es parte de mi familia, era mi deber protegerla y asegurarme de que ningún canalla coqueteara con ella. Al menos, eso era lo que me repetía.

Intenté trabajar en mi oficina, pero tardé veinte minutos en volver a salir para vigilar a CeCe , y eso fue lo que hice durante toda la noche.

La observé por el rabillo del ojo mientras bailaba, se reía y le cantaba a Ginger .

Levantaba los brazos en alto mientras se movía, y acaparaba toda la atención de la sala.

La forma en que sus caderas se balanceaban bajo su faldita ajustada me hizo preguntarme cómo se moverían en otras situaciones y qué aspecto tendrían si las sujetara con las manos para tirar de ella hacia mi regazo

CeCe Ashby es casi ocho años menor que yo, pero ya es toda una mujer. Joder, ha dejado de ser esa chica torpe y algo rara.

Cuando la escuché hablar por teléfono hace un momento y declarar su libertad, me quedé cerca del granero para que pudiera terminar su conversación tranquila.

No pretendía escuchar a escondidas, solo me quedé embobado observándola durante un par de minutos.

Su larga coleta brillaba bajo los rayos del sol de la mañana; el peinado liso y elegante que lleva ahora es muy distinto a la masa de ondas y rizos que le caían por la espalda anoche.

CeCe , borracha, se olvidó de nuestras pequeñas rencillas y, cuando el bar cerró, me dio un abrazo de despedida, de modo que sus ondas me acariciaron los brazos.

El aroma a fresa de su pelo se quedó impregnado en mi ropa hasta que llegué a casa, donde procedí a recordarme que necesito echar un polvo con urgencia si estoy pensando en CeCe de ese modo.

—¿De dónde coño has salido? —pregunta mientras me mira fijamente la cara.

—Estaba limpiando los arreos para Mamá Jo. —Todavía parece confundida, así que le doy más detalles—: Ahora ayudo a Wade tres veces por semana.

—Ah… así que como ya no juegas al hockey , ¿crees que eres un vaquero? —Se ríe y me dedica una sonrisa perfecta mientras tira del ala de mi sombrero de vaquero. La suelto para ponerme en pie y le tiendo la mano para ayudarla a levantarse.

—Bueno, soy un vaquero a tiempo parcial —replico.

—Supongo que debería agradecerte que ayudes a Wade —responde mientras mira el entorno, tan familiar para ella; seguro que parece un poco más vacío desde que Wyatt falleció. Su mirada lo dice todo mientras observa la montaña a sus espaldas.

—Es un poco raro estar aquí. Ojalá hubiera venido más a casa antes de que enfermara. Estaba tan… ocupada con mis cosas —suelta de repente.

Asiento, porque sé exactamente cómo se siente.

Yo también me siento así. No volví tantas veces como debería haber vuelto por el hombre que, a todos los efectos, me salvó la vida.

Al menos hasta que enfermó y ya no podía pescar, ni montar a caballo, ni siquiera sentarse en el porche para tomarse un bourbon y charlar como solía hacer.

El silencio se instala entre nosotros por un instante, repleto de años de conexión familiar y recuerdos.

—Bueno, supongo que ahora tendré que ir a buscar a ese chucho escurridizo —comenta mientras se frota la parte posterior del cráneo y hace una mueca de dolor.

—¿Estás bien? —pregunto.

No creo que lo esté. Parece mareada.

—Sí, creo que sí… —responde mientras se tambalea hacia su izquierda.

—Creo que iré contigo —decido, y la agarro del brazo—. Si tienes una conmoción cerebral, no quiero que te caigas en el campo y te quedes sola.

—No tienes por qué venir, no es cosa tuya que no pueda controlar al loco de mi perro.

—Voy contigo, pero ve a ponerte unos malditos zapatos —le ordeno.

Seguro que tiene una contusión porque, milagrosamente, me hace caso y sale por la puerta en tiempo récord y sin calcetines. Se ha puesto unas chanclas y vuelve a llevar una taza de café en la mano. Empezamos a recorrer el largo camino que pasa por las cabañas en busca de Harley .

—El chute de la mañana —reflexiona mientras levanta su taza.

—Seguro que lo necesitas, ya que anoche me diste muchos problemas. Ahora que lo pienso, me has dado problemas desde que regresaste a este pueblo.

—¿A qué te refieres? Vale, casi le di un puñetazo a Gemma … de lo cual no me arrepiento, por cierto, porque es una zorra amargada que nunca se mereció a Cole . —Asiento porque estoy de acuerdo con ella—. Pero, aparte de eso, no te causé ningún problema durante el resto de la noche.

—Me hiciste salir a la pista de baile para evitar que casi todos los hombres que había en el bar intentaran coquetear contigo.

—¿Qué quieres decir? ¿Tuve la oportunidad de tener un rollo de una noche y lo impediste? —Se ríe como si fuera lo más natural del mundo.

A mí no me parece nada gracioso.

—No estabas en condiciones de tomar esa decisión. Además, eso es lo último que necesitas, a juzgar por la llamada que acabo de escuchar.

CeCe se detiene de golpe y se gira para mirarme.

—Primero, no escuches a escondidas, es de mala educación. Y segundo, no busco un marido, pero es que… necesito conocer gente nueva. No tuve una buena relación con Andrew , y Ginger dice…

Resoplo.

—Déjame que te interrumpa. Ginger Danforth es la última persona a la que deberías pedirle consejos sobre relaciones. —La miro a los ojos y me devuelve esa mirada ardiente, como si quisiera darme un puñetazo.

—¿Quién ha dicho nada de tener una relación?

No quiero una relación, solo a alguien con quien divertirme…

quizá, no sé. Ginger me dijo que podría venirme bien y, además, no es asunto tuyo lo que yo haga, Nash .

Tú sí que eres la última persona que debería darme consejos sobre relaciones. ¿Alguna vez has tenido una siquiera?

Niego con la cabeza. «Joder, no».

—No, pero lo último que necesitas en este chismoso pueblito son más rumores. Mira qué rápido se enteraron de que no podías salir de casa sin un maldito vibrador en la maleta.

«Sí, fue una imagen divertida que intenté bloquear de mi mente en cuanto me lo contaron anoche».

—¡Dios mío! ¿Acaso existe alguna línea telefónica directa con todos los residentes de este pueblo que les informa a diario sobre los momentos embarazosos y las vidas personales de la gente?

Y, por favor, no me conviertas en tu problema solo porque eres el dueño del bar.

Lo que yo haga no es asunto tuyo, estaré bien.

Me giro y la agarro por los hombros. Es una chiquilla testaruda, lo reconozco.

— CeCe , has sido como mi familia durante la mayor parte de mi vida.

—El solo hecho de decirle esas palabras me parece incompatible con todas las fantasías que he tenido desde anoche, pero continúo de todos modos tras apartar las manos de su cuerpo.

Incluso esa proximidad me parece excesiva con el calor de la mañana—.

Protegerte y cuidar de ti siempre será asunto mío, y, te guste o no, seguiré haciéndolo.

—¿Qué cuchicheáis tanto vosotros dos?

Cole empuja la puerta mosquitera y sale al porche delantero de la Stardust con nada más y nada menos que el mismísimo escapista. Harley corre hacia nosotros para saludarnos.

—¿Has perdido algo, CeCe Rae ? —pregunta Cole —. Por cierto, tienes la camiseta manchada de café. ¿Sigues borracha?

CeCe le saca la lengua y le hace una peineta mientras agarra el collar de Harley .

Me río porque, a pesar de ser irritante, es jodidamente adorable.

—¿Vienes a enseñarme dónde quieres el resto de estos estantes o qué? Llevo un rato esperándote, no tengo todo el día —la insta Cole .

Últimamente está muy gruñón, y con razón.

—Sí, me han entretenido por el camino. Voy a llevar a Harley a casa y a coger un plato para llevar con algo del desayuno de mamá. Vuelvo enseguida —dice CeCe .

—¿Entras? — Cole me señala con un gesto.

Miro a CeCe y niego con la cabeza.

—No, tengo que ir a trabajar y reponer el bar. Anoche, un grupo de locuelas nos dejó la barra sin existencias.

CeCe resopla y se dirige hacia la casa principal.

—Adiós, Nash . ¡Hasta nunca! —grita sin darse la vuelta siquiera.

—¿Nos vemos esta noche? —me pregunta Cole —. Mamá Jo dice que traigas a Betty .

—No me lo perdería por nada del mundo —afirmo, y lo digo en serio. Porque, de repente, las cenas de los lunes por la noche en casa de los Ashby se han vuelto mucho más interesantes.