Domar a un cowboy (Silver Pines 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

CeCe

—¿Así que estaba muy ocupado? ¿En Navidad? —Mi padre tiene una expresión amable, pero me mira con el ceño fruncido, como si el peso de mi felicidad recayera sobre sus hombros.

—Sí, tiene dos clientes que están en negociaciones ahora mismo y tuvo que quedarse para reunirse con ellos.

—¿Y aún no vais a fijar una fecha para la boda? Esperaba acompañar a mi hija al altar antes de irme.

—Papá.

—Lo siento, cariño, pero sé que me queda poco tiempo y quiero saber… no, necesito saber que eres feliz. Eres lo más importante del mundo para mí. Me preocupa que no tengas lo que mereces, que es toda la felicidad que tu corazón pueda albergar.

Alargo el brazo sobre el sofá y le doy una palmadita en la mano.

— Andrew me quiere.

—Pero ¿te quiere lo suficiente? Un hombre debería estar ahí para ti pase lo que pase, si Dios quiere y el tiempo lo permite.

Me río de su viejo dicho.

—Y lo siento, cariño, pero las negociaciones de unos cuantos clientes no me parecen un desastre natural, si es lo que está pasando de verdad.

Dejo que las lágrimas caigan por mis mejillas mientras asiento con la cabeza.

¿Cómo es que mi padre siempre lo sabe todo?

Hace meses que no soy feliz. Tengo el presentimiento de que Andrew me está poniendo los cuernos.

Y cuando vuelva a casa, pienso estar más atenta para ver si tengo razón, pero no puedo decir nada ahora.

Lo último que quiero es estresar a mi querido padre, sobre todo ahora.

—Prométeme algo, CeCe Rae .

Miro su rostro demacrado, que se ha convertido en un fantasma del rostro que solía tener.

Todo él es un fantasma del hombre que solía ser.

El cáncer lo ha destrozado, pero el tratamiento experimental que ha recibido este Día de Acción de Gracias nos ha dado esta última Navidad con él y estoy muy agradecida por eso.

Reprimo un sollozo y me seco las lágrimas.

—Lo que sea —le aseguro.

—No te conformes, cariño. Encuentra a un hombre que mueva cielo y tierra por ti. Un hombre que sepa lo que vales. Debes serlo todo para él, siempre.

—Lo prometo —digo mientras le aprieto la mano.

—¡ Cecilia Rae Ashby , levanta el culo de una vez!

Abro los ojos de golpe y espero ver el techo de mi habitación de Seattle , pero en cuanto los abro, el dolor me martillea la cabeza.

—Ay… —gimo.

—Sí, no me extraña que te duela. Madre mía, CeCe .

Llevas menos de veinticuatro horas en casa y ya has dejado atónito a todo el pueblo con tu…

ropa ligerita. —Dios mío—. Casi te echan de The Horse & Barrel y te peleas con la madre de mi hijo.

¿Qué vas a hacer hoy? ¿Incendiar el ayuntamiento?

¿Empujar a Grady Thompson a la carretera mientras se dirige a Spicer’s Sweets a por su café mañanero?

No puedo salvarte siempre el pellejo, ¿sabes? Ya es hora de que madures.

— Cole … deja de gritarme… mi cabeza —refunfuño mientras abro un ojo y veo a mi cabreado hermano mayor, el mediano de los tres, de pie junto a mí.

Con su porte grande e imponente y las manos en las caderas, parece que esté a punto de regañarme como haría con Mabel si se portara mal—.

Das miedo así —murmuro mientras entierro la cabeza en la almohada.

—Bien. Quizá así aprendas a comportarte la próxima vez. No vas a dormir la mona bajo mi supervisión, levántate.

Gimo de nuevo.

—Me han dicho que anoche te trincaste toda la sangría de Nash con las fiesteras de tus amigas.

«Maldita sea, Nash ». Tengo demasiada resaca para soportar esto.

—Agua. Necesito agua —murmuro.

—He venido a colgarte las cortinas y a ayudarte a que te instales. Te he dejado un vaso de agua y un paracetamol en la mesita de noche. ¡Levántate y ordena todo esto, anda!

—Gracias, Cole .

—De nada, imbécil. —Sus ojos oscuros se suavizan—. Me alegra que estés en casa —gruñe, y sonrío contra mi almohada. Soy la única persona en el mundo aparte de Mabel con la que no puede permanecer mucho tiempo enfadado.

Me tomo el agua y el paracetamol de un trago y me recuesto en la cama mientras escucho a Cole dar vueltas por la cabaña. Treinta minutos después, ya no me duele la cabeza al abrir los ojos.

Me levanto de mala gana y me pongo mi suave bata de felpa por encima del pijama.

Cole ya está trabajando duro para nivelar mi estante de libros cuando salgo a la cocina frotándome los ojos.

—Espero que tengas pensado deshacer las maletas y limpiar hoy. Parece que ha pasado un huracán por aquí.

Miro alrededor de mi sala de estar y veo los diez conjuntos diferentes de anoche esparcidos por el sofá.

—Ya no soy una niña, ¿sabes? Nash no tenía por qué chivarse.

—Solo está cuidando de ti, eso es todo, CeCe —responde Cole .

«Ya, claro».

Cole se frota la cara con la mano.

—Me dijo que tuvo que dejar de serviros alcohol anoche.

— Nash Carter no es precisamente un santo. Solo me tomé unos cinco vasos. Es el azúcar lo que me sienta mal. No es mi culpa que prepare la sangría más dulce de por aquí.

—Claro… seguro que fue el azúcar. — Cole se ríe.

—Da igual. Que Nash me juzgue por pasarlo bien… Le dijo la sartén al cazo.

—No te juzgaba. Estaba preocupado por ti. No sabía que Andrew y tú habíais roto. Me lo contó para que pudiera asegurarme de que estabas bien esta mañana. Ha cambiado, CeCe . Te sorprendería.

Resoplo para contener la risa.

—Lo que tú digas. Me lo creeré cuando lo vea. —Me recojo el pelo en una coleta—. Voy a desayunar en la casa principal para escapar de tus gritos. Volveré antes de que termines con ese estante. —Me froto la cabeza.

—¿Necesitas algo para absorber todo ese alcohol? — Cole esboza una sonrisa socarrona, esa que muestra sus hoyuelos y contagia su buen humor.

—Cállate, solo ha sido una noche.

—Eso espero, lo último que faltaba es que Gemma diga que mi hermana pequeña le dio una paliza en nuestra próxima mediación.

—Lo siento. Dijo cosas horribles y no pienso permitir que hable así de ti.

—¿Qué dijo? —Ahora le ha picado la curiosidad.

—Que no eras más que un culo bonito, que lo único que te importaba era Mabel y que nunca serías capaz de hacer realmente feliz a una mujer.

Sus cejas se relajan ante mis palabras y esboza su amplia sonrisa con hoyuelos.

—Si eso es todo lo que tiene que decir, me parece bien. Me ha tocado el premio gordo, tengo a Mabes . —Se acerca a mí y me pone una mano en el hombro—. Se acabaron las peleas en el bar, ¿entendido?

Asiento como una niña pequeña.

—Vale, lo prometo. Y Ginger te manda saludos. —Sonrío.

—¡Maldita Ginger ! ¿Te das cuenta de que solo te metes en problemas cuando estás con ella? Quizá deberías salir con otra gente y tomarte las cosas con calma los domingos de sangría, ¿no te parece?

—Gracias por el consejo. Pasaré por alto aquella vez que llegaste a casa en calzoncillos y descalzo después de la boda de Jason Handler —bromeo.

—Eso fue hace diez años, déjame superarlo de una vez —grita mientras salgo rápidamente por la puerta de la cabaña.

La casa principal está bastante silenciosa cuando entro, apenas oigo la canción de John Prine que suena desde la cocina. Allí encuentro a mi madre con unos pantalones de yoga y el pelo recogido en una larga coleta rubia, muy parecida a la mía.

—Buenos días, Mamá Jo —canturreo.

—Buenos días, cariño. —Se gira para mirarme por encima del hombro—. Uf… tienes pinta de haber tomado mucho vino y varias malas decisiones.

Suelto un gruñido en respuesta.

—Estoy haciendo huevos con beicon. Pensé que te vendría bien después de anoche.

Me sirvo una taza de humeante café.

—Por favor.

Me siento en la isla de la cocina justo cuando mi teléfono empieza a sonar. Me tapo la cara con las manos. Es la segunda vez que Andrew me llama hoy y apenas son las nueve de la mañana. Silencio la llamada y le doy un sorbo a mi café.

—Es mejor que le hagas frente, o nunca te dejará en paz. No puedes evitarlo para siempre. Dile que es un cabrón inútil —sugiere mi madre mientras fríe el beicon.

Mi teléfono vuelve a iluminarse en silencio antes de que me dé tiempo a responderle.

—¡Está bien! —cedo, y me pongo de pie con el teléfono en la mano—. Saldré al porche.

—Llévate a Harley , pero ponle la correa o saldrá corriendo hacia el campo del lado norte. Y no tardes mucho, que esto estará listo en unos quince minutos.

Antes de que termine de hablar siquiera, Harley ya está a mi lado y me mira con expectación. Engancho la correa en su collar y le contesto a Andrew mientras me pongo el teléfono entre mi mejilla y mi hombro.

— Andrew —lo saludo al tiempo que camino con el perro hacia la puerta.

—No puedes evitarme para siempre, Cecilia . Ya me ha quedado claro. Es hora de volver a casa.

El cálido sol de principios de julio me golpea la cara mientras me dirijo hacia el amplio porche cubierto y hago malabarismos con Harley y mi taza de café.

—No voy a volver, Andrew . Lo nuestro se acabó. —Mantengo la voz tranquila y serena.

—¡Y una mierda! Tenemos una vida aquí, amigos en común. Estamos comprometidos, por el amor de Dios.

Estoy a punto de perder la cabeza cuando la correa de Harley se me enreda en el tobillo y me caigo de bruces al suelo. El teléfono y el café salen volando, pero, por suerte, la mayor parte del hirviente líquido cae sobre el césped y no sobre mí.

—¡ Harley ! —grito cuando se deshace de mi agarre y echa a correr por el patio.

Intento incorporarme, pero estoy mareada. «¿Me he golpeado la cabeza? Sí, sin duda alguna».

—¡Joder, Rae ! ¿Estás bien? —La voz profunda y familiar de Nash suena acelerada mientras se deja caer a mi lado.

Unos brazos fuertes me sujetan por la espalda y tiran de mí hasta que quedo sentada—.

¿Te has golpeado la cabeza? —Siento que me presiona suavemente el cráneo con la mano en busca de alguna herida. Sus largos dedos son fuertes y cálidos.

—Creo que sí, pero no me he dado muy fuerte… —murmuro mientras me pregunto qué demonios hace Nash Carter en mi jardín delantero a las nueve de la mañana.

—¿ Cecilia ? —Escucho los gritos apagados de Andrew provenientes de mi teléfono, que está tirado en el césped.

Nash coge el teléfono con el rostro sombrío y la mandíbula tensa, pero sus ojos permanecen clavados en los míos.

Un sombrero de vaquero andrajoso, unos vaqueros y unos arreos esparcidos por el césped me indican que está aquí para ayudar a Wade con los caballos esta mañana.

—Te llamará en otro momento, colega —espeta y luego cuelga a Andrew .

Joder, Nash el vaquero es tremendamente sexy .