49 —Estaba intentando ayudarla
—ESTABA INTENTANDO AYUDARLA
Me quedé a unos pasos del estrado. —¿Conocía a la difunta, Annie Parker?
—Sí. —Lenny se secó el sudor de la frente—. Vivía en una tienda junto a la mía, en U.N. Plaza. —Dijo que llevaba allí un par de meses.
Sigue mi guía, Lenny, y mantén las respuestas cortas. —¿La conocía bien?
—No tanto. Iba a lo suyo. Yo también.
La sala estaba en silencio a las once y diez del viernes por la mañana. El juez Powell descansaba la barbilla en la palma de la mano, con los ojos fijos en Lenny. Los jurados con mascarilla estudiaban cada matiz del hombre nervioso con el traje mal ajustado.
—¿Cuándo fue la última vez que la vio? —pregunté.
—La noche antes de que muriera. Le pregunté cómo estaba. Dijo que no se encontraba bien, pero que tenía que ver a un cliente.
—También discutió con ella, ¿verdad?
—Sí. Pensé que me había cogido el móvil y le grité. Me equivoqué y le pedí perdón.
—La agente Christa Carter intervino, ¿no es así?
—Pasaba por allí en ese momento. Viéndolo ahora, probablemente fue bueno que nos ayudara a resolver la situación.
Se estaba manteniendo bastante bien. Fui hasta el carrito de las pruebas, cogí el frasco de pastillas, regresé al estrado y se lo entregué a Lenny. —¿Reconoce este envase?
—Sí. Es un frasco de mis pastillas de OxyContin, que tomo por el dolor de rodillas. —Confirmó que había resultado herido en combate en Afganistán.
—¿Tiene receta?
—Por supuesto. Mi médico está en la V.A. Allí me dispensan las recetas.
—¿Tomó las pastillas de este frasco?
—La mayoría.
—¿Tuvo alguna reacción adversa?
—No.
—En concreto, ¿tuvo algún síntoma que sugiriera que las pastillas estaban adulteradas con alguna sustancia ilegal como el fentanilo?
Erickson se levantó para objetar, pero se lo pensó mejor. Lenny no era un experto en la composición de las pastillas. Por otro lado, yo había formulado la pregunta para saber si había sentido algún síntoma, no para confirmar la composición química de las pastillas.
Lenny se encogió de hombros. —Las pastillas estaban bien.
—¿No se las tomó todas?
—No. Le di algunas a Annie.
—¿No las necesitaba usted?
Hizo una pausa para crear efecto dramático—tal como habíamos ensayado—. —Se suponía que debía ir a la V.A. al día siguiente para que me las repusieran. Estaba intentando ayudarla. Se lesionó el hombro en un accidente de coche hace unos años. Le dolía mucho.
—¿Por qué no iba ella al médico a que le recetaran las suyas?
—No tenía seguro médico y no siempre podía acercarse a una de las clínicas del barrio.
—¿Necesitaba las pastillas esa noche?
—Le dolía de verdad y tenía que ir a trabajar. Dijo que estaba intentando retomar el contacto con su antiguo jefe, que se habría enfadado si no llegaba a tiempo.
—¿Se refiere a su chulo?
—Sí.
—¿Un hombre llamado Marcus Strong?
—Mencionó que se llamaba Marcus. No sabía su apellido.
—¿Cree que estaba en peligro?
—Protesto —dijo Erickson—. Pide una especulación.
—Ha lugar.
Le quité el frasco a Lenny. —¿Cuántas pastillas le dio?
—Creo que quedaban tres en el frasco.
—¿Está seguro de que las pastillas eran, en efecto, las que le había dispensado la V.A.?
—Sí.
—¿La dejó quedarse con el frasco?
—Yo no lo necesitaba.
—¿Eso explicaría que su nombre y sus huellas estuvieran en el frasco?
—Sí.
Volví al atril. —Lenny, ¿le dio usted a Annie Parker alguna pastilla cortada con fentanilo?
Su voz fue firme. —No, no lo hice.
—¿Tiene alguna idea de quién lo hizo?
—Podría haber sido cualquiera. Hay mucho fentanilo en el Tenderloin.
—No hay más preguntas, señoría.
—¿Contrainterrogatorio, señor Erickson?
—Solo unas pocas preguntas. —Se puso en pie, abrochó la americana y cruzó la sala con paso deliberado, hasta colocarse frente a Lenny—. Cuando la policía le interrogó por primera vez, le preguntaron si le había dado alguna pastilla a la señora Parker, ¿verdad?
Lenny miró hacia mí, y asentí de forma sutil. Di la verdad.
—Sí —dijo.
—Al principio les dijo que no, ¿cierto?
Lenny tragó saliva. —Sí.
—Eso no era verdad, ¿o sí?
—Luego les dije que le había dado algunas de mis pastillas.
—En resumen: mintió, ¿no?
—Protesto —dije—. Pregunta formulada y contestada.
—Formulada —espetó Erickson—, pero no contestada.
—No ha lugar.
—Tenía miedo —dijo Lenny.
—Siguió siendo una mentira.
—Protesto —dije—. El señor Erickson está declarando.
—Reformularé —dijo Erickson—. Mintió cuando le dijo a la policía que no le había dado las pastillas a la señora Parker, ¿verdad?
—Cierto.
—Y ahora nos pide que creamos que las pastillas que le dio eran OxyContin limpias que obtuvo en la V.A., ¿eh?
—Es la verdad.
Erickson se le metió en la cara. —Acaba de admitir que le mintió a la policía. ¿Por qué tendríamos que creerle ahora?
Sigue, Lenny.
—Porque es la verdad —dijo Lenny.
—¿Está diciendo que le dio a la señora Parker unas pastillas limpias, que ella tomó; y que luego consiguió unas pastillas adulteradas de otra persona, que, casualmente, guardó en el mismo frasco que usted le había dado?
—Sí.
Erickson fingió incredulidad. —¿De verdad espera que le creamos?
—Protesto —dije—. Pregunta argumentativa.
—No ha lugar.
—Es la verdad —repitió Lenny.
Erickson pasó cinco minutos machacando a Lenny e intentando que admitiera que, en realidad, le había dado a Annie las pastillas adulteradas.
Objeté con frecuencia. La voz de Lenny se quebró un par de veces, pero se mantuvo firme en sus negativas.
Por el rabillo del ojo, veía a los jurados, de rostro pétreo, mirando absortos.
Por fin, Erickson se acercó a menos de un palmo de Lenny. —Usted le dio a Annie Parker unas pastillas adulteradas con fentanilo, ¿verdad, señor Garcia?
—No.
—Y por eso ella sufrió una sobredosis y murió.
—No fue porque yo le diera pastillas malas.
—Se sentirá mejor si se sincera, señor Garcia.
—No le di pastillas adulteradas, señor Erickson.
—Sí que lo hizo.
—No, no lo hice.
—Venga ya, señor Garcia.
—Protesto —dije—. No ha formulado una pregunta.
—Retiro la pregunta —soltó Erickson—. No hay más preguntas.
—¿Repregunta, señor Daley?
—No, señoría. —No tenía nada más—. La defensa descansa.
El juez miró su reloj. —Acaban de pasarme una nota de que tengo que celebrar una vista urgente esta tarde. Por tanto, suspendo la sesión hasta las diez de la mañana del lunes, cuando usted y el señor Erickson deberán estar preparados para presentar sus informes finales.