18 —Parecía una chica maja—
—PARECÍA UNA CHICA MAJA—
A las nueve y media del jueves por la noche, le entregué a “Go-To” Joe Davis una caja de comida para llevar con un pollo kabsa con arroz y pan de pita que había recogido en Yemen Kitchen, un par de puertas más abajo en la misma calle. —Espero que tenga hambre —dije—.
—Sí.— Davis llevaba una camiseta Nike desgastada y unos Levi’s descoloridos.
Dejó la caja sobre la mesa del rincón de su habitación individual, en la tercera planta de los Padre Apartments, un edificio de los años veinte reformado al lado de la comisaría del Tenderloin.
Estaba a media manzana de la licorería donde trabajaba y enfrente de Power Exchange, un club BDSM. —Gracias por traer esto.
—Gracias por recibirme.— Levanté una mano. —He visto a algunas personas abajo con mascarilla. ¿Quiere que me ponga una?
—Entonces no podrá comer.—
Cierto. —¿No le preocupa el virus?
—Un poco. El encargado ha pedido a todos que lleven mascarilla en el vestíbulo.—
Eché un vistazo a la habitación, aseada, lo bastante grande para una cama individual, una cómoda de tres cajones, una mesa y dos sillas. La ventana daba al muro del edificio de al lado. El baño estaba al fondo del pasillo. —Está bastante bien.—
Él dio un bocado a su pollo. —No está mal.—
—¿Cuánto tiempo lleva viviendo aquí?
—Casi un año. Es mejor que vivir en la calle.—
Explicó que había vivido entrando y saliendo de la calle durante los últimos seis años.
Era de Vallejo; sus padres se separaron cuando era un bebé; y le crió su abuela en las viviendas de protección de Hunters Point.
—Me junté con mala gente en el instituto.
Bebíamos mucho y fumábamos algo de hierba.
Cuando murió mi abuela, conseguí un trabajo de seguridad en un par de bares por aquí.
Me sacaba unos dólares extra repartiendo hierba y cosas más duras.
Luego empecé a probar el producto y me enganché al crack. —
—Es un hábito difícil de dejar.—
—Lo aprendí por las malas.— Dijo que ganaba más dinero repartiendo droga que trabajando de seguridad. —Necesitaba el dinero para mantener mi adicción.—
—¿Y le detuvieron?
—Varias veces.— Confirmó la historia de Dennis McCarthy: había proporcionado información a la policía a cambio de una condena suspendida tras su arresto más reciente.
—Me ayudaron a entrar en rehabilitación, a encontrar un trabajo y a conseguir esta habitación.
— Bebió un sorbo de agua. —Tengo que mantenerme limpio si quiero seguir vivo. —
—¿No teme que el tipo del que habló con la policía vaya a por usted?
—Está muerto.—
Entendido.
Miró el móvil. —¿Por qué quería hablar conmigo?
—Represento a Lenny Garcia. ¿Le conoce?
—Le he visto unas cuantas veces.—
No me sentí obligado a preguntarle si era por asuntos personales o de negocios. —Su juicio empieza el lunes. Le acusan de darle a una mujer llamada Annie Parker unas pastillas adulteradas con fentanilo. Tuvo una sobredosis.—
—No sé nada de eso.—
—¿Llegó a conocer a la señora Parker?
Esperó un segundo. —No lo creo.—
—¿Conoce a alguien que estuviera distribuyendo pastillas falsas en U.N. Plaza?
—A decenas.—
—¿Puede acotarlo un poco?
—Me temo que no.—
Le enseñé la foto de Patty Dawson. —Estoy intentando encontrarla. Vivía en el mismo hotel que la señora Parker.—
Estudió la foto. —Vivía por el barrio. Parecía una chica maja.—
—¿Era cliente suya?
—Puede que una o dos veces. ¿Cree que mató a Annie Parker?—
—No tengo ninguna prueba de que lo hiciera. Espero que quizá sepa quién le suministraba a la señora Parker oxicodona y otras drogas. Ella y la señora Parker trabajaban para un hombre llamado Marcus Strong, un proxeneta y traficante de drogas.—
Me corrigió. —Un proxeneta muerto y un traficante de drogas muerto.—
—¿Cree que podría haberle dado a la señora Parker unas pastillas adulteradas?
—No me sorprendería, pero no tengo ni idea de cómo va a demostrarlo.—
Yo tampoco. —Por eso necesito encontrar a la señora Dawson.—
Se echó a reír. —¿Quiere que diga que Strong le dio a Parker unas pastillas adulteradas?
—Sí.—
—Y será su palabra contra la del difunto, ¿no?—
—Esa es la idea.—
—Suerte con eso.—
—Gracias.— Esperé un segundo. —¿La ha visto últimamente? Estuvo trabajando en el Mitchell Brothers una temporada.—
—Me temo que no.—
—¿Alguna idea de por dónde debería empezar a buscar?
—Dijo que quizá se mudara a la Mission, cerca de St. Peter’s.—
—¿Con quién más debería hablar?
Se lo pensó un momento. —Hay un tipo llamado Brian Holton que pasa la mayor parte del tiempo en U.N. Plaza. Parece que conoce a todo el mundo.—
—Le conozco. Negó haberle dado ninguna pastilla a la señora Parker.—
—Claro que lo hizo.—
—¿Cree que mentía?
—Sí.—
—¿Por qué lo cree?
—Porque le estaba dando pastillas a todo el mundo del barrio.—