Doble cara (Harriet Blue 2) 131
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Arrastré la maleta por la pasarela entre el avión y la terminal del aeropuerto, escuchando el golpeteo rítmico contra las junturas de goma de la moqueta gris.

Sabía que la gente me miraba. No me había duchado, ni cambiado, ni peinado, ni siquiera me había lavado la cara desde la mañana anterior.

Aún tenía cola de la cinta americana pegada a la piel quemada del cuello y la camisa manchada de sangre.

Había hecho caso omiso al número de mi tarjeta de embarque y me había ido directamente a la última fila del avión, donde me había pasado el vuelo mirando por la ventana, en silencio.

Las azafatas no se me acercaron, ni nadie se sentó a mi lado.

Quizá supieran quién era o a lo mejor simplemente les asustaba mi aspecto.

No me importaba. Estaba contando los segundos, impaciente por llegar a casa, y era lo único en lo que podía pensar.

En el momento en que giré la esquina, el teléfono emitió un sonido. Mi madre. Abrí el mensaje de texto sin dejar de caminar.

«Me acaban de decir lo de Sam. Lo siento, pero no puedo devolver el dinero».

Me quedé mirando el texto, intentando comprender qué significaba. No importaba. No tenía tiempo para ella. Mi Día Cero estaba a apenas unos minutos de empezar. Nada más salir a la terminal de llegadas, una mano me tocó el hombro.

Me giré y vi a Edward Whittacker.

Tuve que hacer un esfuerzo por no echarme a llorar.

Tenía tan mal aspecto como yo: estaba totalmente empapado y manchado de sangre.

Unas marcas moradas empezaban a aparecer en sus ojos.

Debían de haberle dado un golpe en la cabeza.

No estaba acostumbrada a verlo así. Tenía la camisa rota.

Me agarró de los brazos antes de que pudiera lanzarme contra su pecho y me sostuvo a distancia, una distancia insoportable.

Tenía los ojos llenos de lágrimas. No tuve ocasión de preguntarle cómo se había enterado de en qué vuelo llegaba, cómo era posible que estuviera ahí.

Y, sobre todo, por qué no me dejaba tocarlo.

—Necesito hablar contigo antes de que te enteres por otros medios —dijo.

Miró a la gente que nos rodeaba. Muchos nos miraban, fingiendo que estaban cerrando alguna cremallera de su equipaje—.

Tox... Tox encontró al asesino. Se enfrentó a él.

Ha resultado herido. Ahora mismo está estable, pero es...

es complicado. No está... bien. Corre peligro.

Anoche acorralé al asesino, Regan Banks.

Me dijo que le había tendido una trampa a tu hermano, que Sam es inocente.

Lo agarré de la camisa, en parte para no caerme al suelo y en parte para zarandearlo en caso necesario. Estaba a punto de estallar. Él se enjugó las lágrimas que le caían por las mejillas.

—Se me escapó —dijo—. Dejé que se me escapara.

—Tenemos que encontrarlo —respondí—. Tenemos... ¿Dónde lo viste por última vez? ¿Han vuelto a verlo? ¿Dónde está Tox, en qué hospital?

—Harry. —Whitt me sujetó con fuerza. Me hacía daño—. Hace un par de horas han llamado de la cárcel. Ha habido un incidente a primera hora de la mañana. Se ha producido una pelea en el bloque de Sam. Harry, tu hermano está muerto.