Doble cara (Harriet Blue 2) 126
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Whitt cayó sobre el suelo del embarcadero, y la pistola se le escapó de las manos.

El peso del kayak colgado en el techo lo había derribado como un clavo curvándose bajo el peso de un enorme martillo.

El disparo le dio a Regan en el hombro, haciéndolo retroceder.

Whitt pudo levantar la vista justo a tiempo para verlo caer, resbalando en los tablones mojados del embarcadero.

Haciendo un esfuerzo para no perder la consciencia, Whitt se arrastró hacia delante. Tenía que hacer caso omiso de las oscuras sombras que amenazaban desde los extremos de su campo de visión. Atravesó el umbral del cobertizo, el embarcadero y luego se lanzó al agua helada.

Regan estaba ahí, un monstruo de un peso y una fuerza insuperables, lanzándose hacia él, rodeándolo con sus brazos. Forcejearon con el agua cubriéndolos hasta el muslo. Whitt se movía con dificultad, el golpe en la cabeza lo había convertido en un rival fácil.

Notó las manos de Regan rodeándole la garganta y antes de que pudiera gritar, ya estaba bajo la superficie.

El sabor salado y fangoso del agua le invadió la garganta hasta llegar a los pulmones.

Se debatió, se retorció, pero en cuestión de segundos acabó inmovilizado contra el limo del fondo.

Rascó las manos de hierro que lo retenían y luego buscó desesperadamente una piedra, una rama, algo con que golpearlo.

Al final, cuando la oscuridad parecía estar a punto de envolverlo de nuevo, alargó la mano hasta llegar a la herida de bala del hombro.

—¡Joder! —gritó Regan. Sintió el pulgar en el agujero, empujando hacia arriba.

Whitt salió de entre las olas, vomitando agua.

Vio luces en la arena. No se había dado cuenta de la distancia a la que los había arrastrado el agua.

El río iba tragándoselos; el agua ya les llegaba a la cintura, ejerciendo un peso cada vez mayor sobre sus fatigados miembros.

—¡Manos arriba! —gritó alguien desde la orilla—. ¡Manos arriba!

—¡No! —dijo Whitt, girándose, y oyó la exclamación de sorpresa de Regan a su lado. Abrió los brazos—. ¡No disparen! ¡No disparen!

Unos fogonazos blancos iluminaron la orilla. Regan salió despedido hacia atrás, una, dos veces. Y cayó al agua.