Doble cara (Harriet Blue 2) 124
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—¿Así que no sois socios? —preguntó Whitt.

Apenas podía hablar. Las palabras no parecían querer salir de su boca.

La pistola le temblaba en la mano, y sentía la emoción a flor de piel, recorriéndole todo el cuerpo.

Una extraña euforia, como una descarga eléctrica que no podía contener—.

Le tendiste una trampa, has incriminado a Sam Blue.

—Sí. —Regan asintió, con las manos al costado del cuerpo, como preparándose para recibir la bala con que le amenazaba Whitt—. Le he tendido una trampa. Sam es inocente.

«¿Por qué?», quería gritar Whitt. Pero no, eso podía esperar.

—Apoya las manos en la cabeza. Te vienes conmigo.

Ahora mismo, lo que tenía que hacer Whitt era llevarse a aquel hombre a comisaría.

Por fin había dado con la solución. Ahí mismo tenía la libertad de Sam, la redención de Harry y justicia para Tox. Casi le daba vueltas la cabeza de la emoción. Respiró hondo y se centró. Lo había conseguido. Iba a ponerle fin al asunto, a salvarlos a todos.

—Apoya las manos en la cabeza —repitió dando un paso adelante.

Regan había estado esperando que se acercara. Levantó la mano y, con un movimiento tan rápido que Whitt apenas pudo seguirlo, levantó el nudo corredizo de la soga que colgaba de un gancho clavado en la pared a su lado.

Whitt oyó el roce de la cuerda corriendo en lo alto. El ruido del impacto del kayak contra su cráneo casi quedó eclipsado por el estallido de la pistola que llevaba en la mano al dispararse.