Doble cara (Harriet Blue 2) 119
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Los primeros que nos vieron fueron un grupo de hombres que no reconocí.

Estaban de pie frente al pub, cada uno con una pinta de cerveza en la mano.

Hicieron lo que tantos hombres hacen cuando están borrachos y tienen mujeres cerca: nos señalaron, sonrieron e intercambiaron algún comentario.

Debió de ser la expresión de mi rostro lo que les cambió el humor, cortando en seco los piropos y los comentarios.

O quizá fuera la pistola en la mano de Bella.

Vi a Kash frente al ultramarinos con un par de agentes de uniforme. Se quedó boquiabierto.

La gente empezaba a acercarse, en una reacción absurda, apartándose de sus grupitos y caminando hacia nosotras, como polillas hipnotizadas atraídas hacia la luz.

Bella no se parecía en nada al asesino que se habían imaginado todo ese tiempo, con sus brillantes zapatos de tacón, su gran sonrisa y la melena perfecta que le caía sobre los hombros.

Kash desenfundó al instante, pero Bella levantó el teléfono móvil y él lo entendió.

Para los que nos rodeaban, aquello no era más que un numerito, una tomadura de pelo.

Retrocedieron, murmurando unos con otros, frunciendo el ceño y soltando alguna risita incómoda.

Yo habría querido ponerme a gritar, chillarles a todos los que se nos ponían delante y hablarles del cuerpo de Dez, tirado en el suelo.

Bella me hizo entrar en el pub. Había mucha gente, pero de pronto se habían quedado en silencio.

Les habíamos aguado la fiesta. Me empujó hasta situarme en el centro del escenario.

—Qué lugar más estupendo para mi plan —dijo.

De pronto parecía algo cohibida. Su plan se estaba materializando.

¿Cómo podía ser que fuera tan perfecto? Seguro que algo fallaría en algún momento.

Estaba demasiado acostumbrada a que sus sueños chocaran con la dura realidad—.

El pub, ¿eh, Harry? Lo haremos aquí. Aquí es donde viene la gente a olvidar sus problemas, ¿verdad?

Aquí es donde venimos a estar juntos. Pues ahora vamos a estar juntos.

—Atrás —Kash hacía gestos a la gente para que abandonara las mesas, apartándolos del centro de la tarima. Seguía apuntando a Bella, sin apartar la mirada prácticamente en ningún momento—. Mantened la calma. Id hacia las salidas.

—No vayáis hacia las putas salidas —espetó Bella, apuntando con mi arma a un grupo de gente agazapada junto a la puerta—. Soy yo quien dirige el espectáculo, imbécil. Baja esa maldita pistola antes de que apriete el botón y acabe con la vida de tu colega.

—Ese mecanismo no es lo suficientemente grande como para hacer daño a nadie más que a Harry —dijo Kash mientras me señalaba—. Si la matas, te dispararé, y todo habrá terminado.

—Hmm. —Bella asintió, recuperando su aire fanfarrón—. Ya, pero ahí es donde se pone interesante el plan. Esta no es la única bomba que hay en el pueblo.