Doble cara (Harriet Blue 2) 116
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Se oyó un golpetazo sordo, como el sonido de un puño contra un abdomen tenso, y el cuerpo de Dez salió disparado hacia atrás, haciendo que la silla se balanceara sobre las patas traseras.

De su cabeza salió un chorro de sangre, sesos y dientes hacia arriba, con un fogonazo amarillo que se disipó al momento.

El cuerpo decapitado se abalanzó hacia delante, arrastrando la silla consigo, y cayó sobre las baldosas.

Yo no había emitido sonido alguno. Me había quedado sin voz.

No podía ni respirar, y hasta que Dez no cayó, no solté un grito, un chillido corto y violento.

Había sangre por todas partes, en el techo, sobre los muebles, en mi cara.

Me gusta pensar que soy bastante dura, pero nada de lo que había experimentado hasta ese momento me había preparado para soportar aquella escena con la frialdad y la sangre fría de Bella.

Pasé de comprenderla y hasta simpatizar con ella a tenerle un pánico tal que me daban ganas de chillar.

Pensaba que la entendía, pero en realidad no era así.

Me la quedé mirando, aterrorizada, mientras sacaba otra botella de agua del montón de cosas que había sobre la mesa.

—¡Oh, Dios! Por favor, por favor, no lo hagas, Bella. Dios santo.

Me puse en pie. Pero ella volvía a tener la pistola en la mano y me hizo sentarme en la silla, moviendo la cabeza como una madre acunando a un bebé. Cogió el rollo de cinta americana y me lo tiró a los pies.

—Átate —dijo.